Sup. Economía Domingo, 1 de abril de 2018 | Edición impresa

Daniel Rueda: el gestor cultural que revela los secretos de la venta de arte en Mendoza

Trabaja como marchand. Asegura que todavía el mercado no está desarrollado. Cree que es necesario invertir en nuevos artistas.

Por Rodrigo Cuello - rcuello@losandes.com.ar

Es abogado, pero ya no ejerce. Hace 13 años, el destino lo unió con la rama artística y fue “amor a primera vista”. El alvearense Daniel Rueda (48) logró convertirse en un referente de la cultura en Mendoza y actualmente integra una parte fundamental de una industria poco explorada por estas latitudes: la comercialización de obras de arte.   

Rueda es Marchand de arte, aunque él se define como gestor cultural, “un intermediario entre el artista y el público”. Esta actividad lo llevó a trabajar en 9 países, hasta que decidió quedarse en Mendoza para formar una familia.  

Hace tres años, Daniel comenzó a transitar el mayor desafío de su vida: ser padre. Hoy vive junto a sus dos hijos, Mackenson (11) y Emmanuel (9), dos nenes haitianos que adoptó tras una larga batalla legal. 

Al hablar como emprendedor, utiliza un lenguaje simple para ser coherente con su objetivo de derribar los mitos elitistas que rodean este ambiente:  asegura que todos pueden acceder a las artes visuales, recomienda la compra de trabajos originales como una inversión sin riesgos y hasta se anima a recomendar obras originales como regalo de boda. 

El currículum del gestor cultural es muy extenso. Aunque su inicio tiene fecha y lugar. En 2005, cuando era secretario de la Federación del Colegio de Abogados, le ofrecieron poner nuevamente en valor la sala Cloy Patiño Correa allí organizó su primera exposición y no paró más. 

El gestor cultural asegura que el mercado del arte en la provincia se está moviendo en un rango de entre los 5 mil pesos y los 30 mil.

En la actualidad tiene varias unidades de negocios vinculadas con esta disciplina: dirige la sala de la empresa Hipercerámico, Arteh, inaugurada el año pasado. Paralelamente, lleva adelante un programa de mentoring o plan de formación de carrera de artistas y representa talentos locales, organizando muestras en la provincia y el mundo. “De manera privada, consiguiendo mi propio sponsoreo”, señala.   

“El mercado del arte en Mendoza está en formación, responde a una franja etérea de interesados, que posteriormente se transforman en compradores, que va desde los 35 a los 55 años. Digo que está en formación porque los mercados necesitan una serie de factores que se den con continuidad. Y en las artes visuales no se ha alcanzado”, asegura. 

Respecto a esto, el marchand sentencia: “No estamos acompañados todavía por una política de gestión cultural pública que haga que el mercado se forme; esto no es nuevo y tampoco se lo atribuyo al gobierno actual. Es una cadena que se ha postergado demasiado y es un eslabón que sí se necesita, que es la participación del estado”.  

“El Estado tendría que acompañar con una política pública prolongada. Hay lugares y espacios que no podemos darnos el lujo de seguir perdiendo. Hay países que han dado vuelta su historia gracias al arte”, dice enérgicamente.  

Al pensar en un desarrollo unificado, Rueda pone como ejemplo el impulso que recibió la vitivinicultura desde la esfera estatal. “Cuando se desarrolló el tema de la economía y se pasó de bodegas familiares a lineamientos internacionales hubo acompañamiento con una política de Estado”. 

Cómo funciona la venta de arte en Mendoza 

 Si bien existe un circuito de compra-venta de arte en Mendoza, aún es un mercado en formación. La falta de una estabilidad en las transacciones provoca que no se genere el microclima necesario para cualquier industria: un flujo constante entre oferta y demanda, lo que terminaría por asentar las cotizaciones.

“El valor de la obra no se da en las ventas ocasionales. Sino que necesita tener un juego constante de oferta y demanda para que adquiera mayor estabilidad como mercado”, explica Rueda. 

Pese a esto, el gestor cultural asegura que el mercado del arte en la provincia se está moviendo en un rango de entre los 5 mil pesos y los 30 mil.

“Ese es el número para acceder a una obra original”. Sobre una de las afirmaciones que forma parte del ideario colectivo, el carácter elitista del arte, Rueda asegura que este “no es mercado exclusivo para personas de alto poder adquisitivo”. Hay que desmitificar esas afirmaciones.

“Hoy la generación joven valora mucho la creatividad y se interesa en adquirir obras de arte. Aunque sea un dibujo y lo hacen hasta por redes sociales”, fundamenta.  

El marchand fue más allá y esbozó la posibilidad de regalar arte, por ejemplo, a los recién casados. “A veces es más caro comprar algo de la lista que regalar una obra original. Hay países que en la lista se ponen nombres de los artistas que le gustan a la pareja”. 

Dentro del mercado local, las cotizaciones de las obras son en pesos y tanto las disciplinas como los valores son casi innumerables.

Comprar arte, una inversión sin riegos 

Muy poca gente, sobre todo en Mendoza, piensa en el arte como una manera de invertir. Sin embargo, según afirma y ejemplifica el entrevistado, es una apuesta segura y que puede acarrear grandes ganancias.

“Puedo citar ejemplos de artistas con los que vengo trabajando desde hace más de 10 años. En sus comienzos, su valor era muy accesible, muchos adquirieron sus obras por menos de 1.000 pesos y hoy, 10 años después, se cotizan entre 60 y 90 pesos”.  

Además, Rueda estipula una máxima difícil de encontrar en otras inversiones: “Hay algo que pasa siempre con el arte: puede ser que el valor no se incremente, pero nunca se desactualiza”.  

Pese a estos márgenes elevados y ausencia de riesgos, Rueda remarca que cuando se habla de inversión hay que tener en cuenta el contexto local.

“No hablamos de obras de Picasso ni de Miró, que cotizan en los mercados internacionales de Nueva York o Berlín. Puede ser que uno o dos artistas puedan acceder a estos circuitos, ha sucedido. Pero el mendocino es un negocio dentro de un contexto regional”. 

Consejos para principiantes entusiastas 

El experto en arte detalló una serie de ítems para tener en cuenta a la hora de embarcarse en la compra de arte como inversión. Como primera apreciación, el marchand asegura que el comprador tiene que tener en claro el objetivo de su transacción: decoración o inversión. En cualquiera de los casos, el consumidor debe priorizar sus preferencias personales.  

Con esto en claro, si el objetivo es la segunda opción, adquirir arte como inversión, hay que prestar atención a los consejos del gestor cultural: Siempre comprar un original, buscar artistas comprometidos con su profesión, “que vivan de trabajo en el arte y que estén enfocados en pertenecer a circuitos de legitimación nacional e internacional, conocer el currículum del autor, qué premios tiene, en qué colecciones está, si sus obras pasaron los límites provinciales”. 

Dentro del mercado local, las cotizaciones de las obras son en pesos y tanto las disciplinas como los valores son casi innumerables. Dibujos, pinturas y esculturas originales pueden llegar a comercializarse por montos desde las cuatro cifras a "todas las que se puedan imaginar". 

Exportar arte 

La actividad de Daniel incluye llevar muestras a otros países del mundo. Esto significa lidiar con pesados trámites y trabas que van más allá de las meramente logísticas, que de por sí son engorrosas. Para conocer este proceso, el entrevistado detalla cómo se hace hoy para exportar obras. 

“Todo responde a una ley nacional, que es la ley de circulación de arte. Fue una norma muy discutida y muy rígida, porque había que diferenciar dos clases de exportación: definitiva (una venta) y temporaria”. 

“Cuando sale del país se registra la salida de los cuadros, en artes visuales y aduana, y al volver hay que hacer el trámite impositivo. Ahora, a través de un decreto presidencial. se la va a dar la posibilidad a los artistas de 15 obras exportables que quedarán exentas. Aduana no estará más con organismo de control. Pero si hay que notificar a Nación. Se ha flexibilizado considerablemente la posibilidad de exportación”, se explaya Rueda. 

Adopción monoparental  

Daniel quería ser papá, quería y sentía que podía formar una familia y no dejó que nada se lo impida. Hace tres años “legalizó” su anhelo, cuando logró una doble adopción monoparental (un sólo padre o madre). Desde ese día, los Rueda pasaron ser tres.  

Mackenson (11) y Emmanuel (9) llegaron desde un orfanato de Haití a Mendoza para cambiar las mañanas tranquilas de un “art dealer” por risas, gritos y días de escuela. “Vivimos los tres solos. Ellos, ya son mendocinos, dejaron los guisados caribeños por las empanadas y los asados”, se ríe Daniel. 

“Están sumamente integrados a la escuela, con su grupo de amigos. Van a un colegio estatal porque yo vengo de ese ámbito y siempre creí en la educación pública. En la Presidente Quintana encontré una escuela con un plantel profesional increíble. Los contienen y los acompañan muchísimo”, confía el gestor cultural. 

Y agrega: “hablan perfectamente español, entienden a la perfección el francés y hablan el inglés porque el orfanato en el que estaban en Haití estaba bajo una misión evangélica norteamericana”. 

Ahora Daniel llega a acompañado a las muestras con dos críticos de arte. "Me acompañan muchísimo. Llegan y dicen: 'este cuadro me gusta, este no', todo bajo la mirada inocente de los chicos".