Sociedad Domingo, 10 de febrero de 2019 | Edición impresa

Curas mendocinos se forman para la prevención

Tras los numerosos hechos, la iglesia local busca instruir a sus sacerdotes como agentes activos en la detección de casos.

Por Carla Romanello - cromanello@losandes.com.ar

Las denuncias de abusos sexuales perpetradas por religiosos en el Instituto Próvolo marcaron un antes y un después en la iglesia mendocina. Así se pasó de una institución en la que casi no se hablaba del tema, por lo menos puertas hacia afuera, a avanzar en capacitaciones para que los curas se conviertan en agentes activos para prevenir y detectar estos casos. Así Mendoza es una de las primeras provincias del país, en dictar un curso sobre este flagelo en conjunto con la Universidad Pontifica Gregoriana de Roma.

 

El mismo, del que ya participaron 30 miembros de la iglesia de la provincia, está centrado en la protección de menores y adultos vulnerables. “Como en muchos lugares del mundo, en Mendoza vamos tomando conciencia sobre la gravedad de este asunto y  tomando medidas para prevenirlo”, explicó Juan Pablo Dreidemie, formador en el Seminario Arquidiocesano de Mendoza y parte del Consejo Pastoral para la Protección de Menores y Adultos Vulnerables (Conferencia Episcopal Argentina). Como remarcó, la mejor forma de prevenir abusos es la formación.

Por esta razón desde hace un tiempo desde el Arzobispado local vienen coordinando una serie de capacitaciones y charlas al respecto, entre los que se destaca un curso en conjunto con el Centro para la Protección de Menores de la Universidad Pontifica Gregoriana de Roma. “Ellos ofrecen programas de e-learning a todo el planeta, por lo que nosotros aprovechamos su plataforma digital y la acompañamos con un equipo de profesionales locales para encuentros presenciales”, precisó.

 

El mismo tiene una duración de unos cinco meses y se ha llevado a cabo en 2017 y 2018, con la participación de 30 personas, entre sacerdotes, diáconos y religiosas. Tal como detalló Dreidemie, apuntan no sólo a prevenir abusos dentro de la iglesia, sino también a reconocer casos que estén afectando a los menores y a los adultos vulnerables que transitan los ámbitos eclesiales. “Para que sucedan abusos tiene que existir una cultura del secreto y del silencio”, expuso el experto. Asimismo remarcó que Mendoza está entre las primeras en llevar adelante este tipo de capacitaciones, junto con Entre Ríos, que tiene su propia modalidad, Córdoba y Salta.

Además, desde el Consejo Pastoral del que forma parte Dreidemie trabajan en un programa de formación en prevención de abusos aplicable a todas las diócesis del país. 
Experiencias pastorales Marcelo Araya, sacerdote diocesano y párroco de la iglesia de San Roque en Maipú, fue uno de los que realizó el curso sobre prevención de abusos durante el 2017. “Fue muy buena experiencia. Se habló sobre la toma de conciencia de una situación que es muy compleja y nos brindó herramientas para poder abordarla después”, contó el religioso.   Para él, esta capacitación se trató de una respuesta muy positiva que la iglesia tomó para darles elementos a los sacerdotes para poder acompañar un flagelo que hoy se ha vuelto cotidiano.

“Antes no era común, no porque no pasara, sino porque había desconocimiento o miedo de decirlo”, aseguró Araya. Al sacerdote le ha tocado acompañar a personas que tuvieron que enfrentar situaciones de abuso, en las que sacó provecho del curso que realizó.

 

“La formación recibida me ha permitido hacer un acompañamiento de la persona a nivel humano y espiritual. Para poder, en primero lugar, recibir a la persona con su dolor y después vincularla con especialistas y acompañarla a hacer la denuncia”, precisó. Por haber trabajado desde los 15 años junto a niños vulnerables, el cura Cristian Ducloux, de la congregación de los orionitas y parte del colegio Valentín Bonetti, ha vivido de cerca la problemática de los abusos a menores.

“Me ha tocado acompañar a muchos chicos en situaciones de abuso. Tanto estar con ellos ya te das cuenta cuando están en situación de abuso”, señaló el religioso. Incluso en los últimos años le ha tocado acompañar casos en el ámbito de la escuela en la que trabaja. “Generalmente han sido intrafamiliares”, remarcó.

Más allá de su experiencia, Ducloux fue parte  de una capacitación breve sobre el tema que se realizó el año pasado destinada a las comunidades educativas de las escuelas que dependen de la iglesia. “Se trataron todos los cuidados que hay que tener en el trabajo con los alumnos y cómo proceder en el caso de alguna denuncia”, recordó el religioso. Como este primer punto mencionó el cuidado de no quedarse solos con un alumno o no dormir en la misma habitación con ellos en un campamento.  

Eduardo López, párroco de San Vicente Ferrer, hace dos años acompañó a una víctima de abuso en el proceso de denuncia. “Un catequista le informó a la coordinadora que una mujer había mencionado que su hija –quien se preparaba para la primera comunión– había acusado al padrastro de abusar de ella”, recordó. Hasta que le llegó la información al religioso pasó un mes e inmediatamente se puso en contacto con la autoridad competente.  

 

Reflexionando al respecto aseguró que el error más grande que puede cometer el agente pastoral al conocer un caso es guardar el secreto.  “En estos temas no hay secretos, hay que indagar y llevarlo a la justicia”, sentenció. “Más allá de la teoría son muy importantes la praxis pastoral y el sentido común”, comentó. Para él es fundamental no sólo cuidar a los menores, sino enseñarles a cuidarse, animarlos a hablar y saber escucharlos. 

Se incluirá en el Seminario

Desde el Seminario Arquidiocesano de Mendoza Nuestra Señora del Rosario, confirmaron que desde este año, serán el primer seminario del país en incluir dentro de su programa académico un curso de protección de menores.  “Será parte de la currícula obligatoria de cualquiera que estudia el profesorado en Filosofía o el profesorado en Ciencias Sagradas que se imparte en el instituto”, contó Juan Pablo Dreidemie, formador del seminario a la vez que aclaró que de esta capacitación no sólo participan seminaristas, sino laicos, religiosas y religiosos.