Opinión Sábado, 12 de enero de 2019 | Edición impresa

Crónicas de venezolanos y argentinos - Por Luciana Sabina

A Bolívar no parecía agradarle demasiado los argentinos, y por eso chocó con San Martín y Juan Galo Lavalle.

Por Luciana Sabina - Historiadora / lucianasabinaok@gmail.com

La actualidad internacional nos lleva nuevamente a posar los ojos sobre Venezuela, presos de la indignación, somos espectadores rehenes de la injusticia mientras lamentamos el destino de aquel pueblo que alguna vez -siguiendo a hombres como Simón Bolívar y Francisco Miranda  (ambos en la imagen) supo llevar la bandera de la libertad por América. 

Mientras violencia, hambre y miedo recorren las calles de Caracas, así como tantas otras ciudades venezolanas, la figura de Chávez reencarnada en un pájaro -según Nicolás Maduro- parece darle consejos. La demencia no encuentra rienda, en su empeño por discutir de política, hace algunos meses vimos al flamante presidente conversar con vacas. No dejamos de preguntarnos quiénes serían las pobres reses en otra vida.

Dentro de este berenjenal de insensatez, delincuencia y simulado patriotismo, la figura de Bolívar es utilizada para ungir de algún prestigio sus políticas tiránicas. Hugo Chávez llegó, incluso, a utilizar el cadáver del prócer con estos fines.   

Aunque la distancia entre Bolívar y estos personajes es grande, hubo algo que compartieron: cierta relación de amor y odio con los argentinos. 

De más está decir que Chávez y Maduro fueron parte del selecto grupo de amistades de Néstor y Cristina Kirchner, siendo en la actualidad héroes del movimiento K. Por otra parte el distanciamiento entre Macri y el primer mandatario venezolano es ya insalvable.

En los albores de la libertad, durante la segunda y tercera década del siglo XIX, Bolívar tuvo un excelente trato con Manuel Dorrego y adoración por Monteagudo, pero como es sabido, chocó con San Martín ocasionando que este abandonara América. 

En general, parecía no agradarle los argentinos pues también se dio de frente contra Juan Galo Lavalle y llevó a Fray Luis Beltrán a un intento de suicido. 

En la lucha por la Independencia, Beltrán acompañó a San Martín hasta Lima y cuando éste se alejó quedó bajo las órdenes de Bolívar. Lamentablemente, el venezolano lo explotó y maltrató a diario. Llegó a amenazar con fusilarlo. Afectado enormemente el religioso intentó suicidarse. Para esto obstruyó las salidas de su habitación y se expuso a un brasero encendido, agregándole plantas cuya combustión generaba gases tóxicos.

Rescatado a tiempo, deambuló delirante durante días por las calles. Gracias al apoyo de una familia amiga logró recuperarse.

Este caso no fue aislado. Muchos oficiales argentinos siguieron combatiendo por la libertad de América, a pesar del alejamiento del Libertador. Tras la victoria de Pichincha, en mayo de 1822, en Quito se agasajó a todos con un banquete, durante el cual, el mismo Bolívar brindó diciendo: "No tardará mucho el día en que pasearé el pabellón triunfante de Colombia hasta el suelo argentino". Sus palabras molestaron a muchos. La situación se volvió tensa. Y junto a su copa el general Lavalle recogió el guante diciendo: "La Argentina se halla independiente y libre de toda dominación española, y lo ha estado desde el día en que declaró su emancipación el 25 de Mayo de 1810. En todas las tentativas para reconquistar territorio, los realistas han sido derrotados. Nuestro Himno consagra triunfos. ¡Brindo por la Independencia de América!". Tras otro incidente Lavalle dejó las filas, regresando al país en 1824.

Ese mismo año San Martín zarpó hacia Europa. Consideraba que era éste el mejor camino, pues las ansias de poder de Bolívar, llevarían a la destrucción interna de las fuerzas americanas. Alejándose, eliminaba luchas internas y el enemigo sería sólo el Ejército realista. 

Más allá de esta similitud superficial, las diferencias entre Bolívar y los chavistas son abismales. Mientras don Simón dedicó su vida a levantar un país libre, Chávez y Maduro llevan años destruyéndolo.