Más Deportes Jueves, 15 de marzo de 2018 | Edición impresa

Correcto arbitraje de Loustau en la final de la Supercopa

En su sexto superclásico, Patricio Loustau tuvo un más que aceptable desempeño. Acertó en el penal a Fernández y amonestó con discreción.

Por Redacción LA

Sin dudas, el partido más importante en la carrera de Patricio Loustau. Con toda la experiencia que le otorgaban sus 5 primeros derbys, este sexto podía significar su afianzamiento definitivo, a los 42 años. 

Comenzó liviano, midiendo las acciones y hasta permitiendo ciertas licencias. Como un agarrón evidente de Ponzio a Cardona, a los 5 minutos, tras un lateral en ataque xeneize, que no cobró. Pero fueron pocos minutos de conducción light.  A los 9’, los mismos protagonitas, Ponzio por la Banda y el colombiano por el auriazul, terminó en la primera amarilla, correctamente aplicada al volante millonario. 

Poco más pasó en el juego y la conducción arbitral hasta el penal, la primera sanción y más importante en la primera mitad. Desde cerca siguió la jugada Loustau. Bien ubicado siguió el movimiento de “Nacho” Fernández, la descarga de Martínez y el toque (aparentemente abajo en los talones) desde atrás de Cardona. No dudó, y pese a las protestas de los del Mellizo, pareció acertar. 

La última media hora de la primera mitad fue trabada, mal jugada y con un ‘malón’ de jugadores rodeando al juez en cada decisión espinoza. Cerca de la media hora llegó la amarilla para Fabbra (bien, lo tocó de atrás a Mora) y se reclamó una falta de Magallán a “Pity” que no existió.

Más cerca del cierre, un cruce entre Wilmar Barrios y Pinola desencadenó la amarilla para ambos y así se iban al descanso ambos equipos con dos acrílicos por bando.

Apenas comenzó el segundo capítulo, “Nacho” Fernández recibió la amarilla bien, por protestar una infracción, pero a renglón seguido, “Pity” Martínez dejó desairado a Magallán, y cuando se iba derecho al área, el defensor lo agarró del brazo.

Era amarilla pero Loustau falló al nomostrarla. Desde allí, el juego se hizo fluido y se inclinó hacia el arco riverplatense. Las situaciones se multiplicaron y una a una Armani las fue resolviendo.

Durante ese proceso, y hasta el segundo gol de la Banda, Loustau pasó desapercibido. El segundo tiempo perfecto para el árbitro porque no tuvo que intervenir ni incidió en el resultado.

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En líneas generales, fue un correcto arbitraje de Loustau. En el segundo tiempo no tuvo mucho para juzgar, 

Fue el primer tiempo donde más debió trabajar, toda esa primera mitad fue complicada por la actitud de los jugadores. Y sin embargo, Loustau estuvo acertado tanto en el penal como en las amarillas.

Creo que hubo un penal, desde mi opinión, antes del segundo gol de River (agarrón de Pinola a Goltz), que el árbitro no advirtió, pero como se dice habitualmente pareció una infracción ‘televisiva’ difícilmente comprobable.

La segunda mitad demostró que cuando los jugadores quieren jugar, la tarea del árbitro pasa desapercibida.

La tradición familiar arbitral

Se sabe que el apellido Loustau tiene una larga tradición en el arbitraje argentino. Juan Carlos “Pichi” Loustau nació el 13 de julio de 1947 y es el padre de Patricio Loustau, quien ayer dirigió la final de la Supercopa Argentina entre Boca y River.

Además, fue asistente de Arturo Ithurralde en la única final que se había jugado hasta ayer entre los dos más grandes del fútbol argentino en 1976, en el partido que ganó Boca 1 a 0 con gol del “Chapa” Suñé. 

Cuarenta y dos años después, su hijo ‘Pato’ tomó el legado y fue el árbitro principal en la Superfinal. 

Juan Carlos dirigió en la Copa Mundial de Fútbol de 1990, en la Copa Mundial de Fútbol Sub-20 de 1987 y también en la Copa América 1989 y 1991.

En 1992 fue elegido como segundo mejor árbitro del año, según la Fifa.