Sup. Economía Domingo, 29 de abril de 2018 | Edición impresa

Comprar vino ahora y cobrarlo mañana

El autor de la nota explora las oportunidades que tiene el producto argentino como inversión a futuro.

Por Matías Prezioso - Presidente de la Asociación Argentina de Sommelier

El pasado del vino argentino late. Está más vivo que nunca. Ésta es la primera certeza: el vino argentino tiene una pequeña tropa de élite de viejas añadas tan interesante como inexplorada para el consumidor medio.

Estas botellas arrastran el mérito de haberse sostenido y transformado en el tiempo, algo que para el vino de alta calidad funciona como un argumento de lujo, y al mismo tiempo de misterio.

Lo notable es que el mundillo del vino, tanto argentino como con especialistas extranjeros, empieza a tomar nota de que el vino nacional tiene historia y, mejor aún, que esa historia es sensacional y en muchos casos emocionante.

Este reconocimiento nacional e internacional lo podríamos confirmar con una cena realizada este año en Buenos Aires para 40 expertos de todo el mundo (titulados como Masters of Wine) en la que sólo se sirvieron vinos de viejas añadas y los paladares salieron maravillados.

A partir de esta certeza podría emerger el perfil de compradores de vino actuales con el objetivo de coleccionarlos y venderlos más caros en el futuro.

Mi sensación, a partir de las degustaciones con bodegas para socios de la Asociación Argentina de Sommeliers (AAS), es que la noción de que el vino argentino tiene viejas botellas de primer nivel seguirá cobrando valor y así abriendo un camino para muchas otras que en la actualidad elaboran vinos con muy buena capacidad de guarda.  

Las añadas que van desde los años 50 hasta los 70 de bodegas como Norton, Lagarde, Luigi Bosca (Familia Arizu) o Weinert se volvieron piezas esenciales para el prestigio del vino argentino y ratifican que existe el potencial de guarda.

“Argentina tiene todo para ser otro polo para coleccionistas e inversores en vinos de guarda, especialmente porque el estilo de vinos que se elaboran actualmente auguran un futuro promisorio para la guarda.”

Bodegas como Familia Zuccardi, Bianchi, Trapiche, Rutini, Catena Zapata, Etchart o Cheval des Andes entre otras, son también exponentes de este linaje de vinos de guarda argentino que parece consolidarse. 

Creadas estas condiciones de crecimiento de valoración de la calidad y baja cantidad de botellas (los vinos hechos para añejar mucho tiempo raramente son grandes volúmenes), seguramente aumentará la demanda.

Este sería un panorama propicio para que se desarrolle la inversión en vinos argentinos para guarda, como existe en muchos países del mundo.

Si bien en Argentina existen varios inversores en vino que combinan el placer del coleccionista con la precisión de un capitalista seguro, el tema está mucho más desarrollado en Europa, donde, según el comerciante londinense Woolf Sung, una operación bien realizada puede tener un interés de alrededor de 10% anual.  

Entre los más famosos inversores del vino está el alemán Andy Rodenstock, conocido por una degustación en 1998 en la que abrió 125 añadas de Château d’Yquem entre 1784 y 1991.

O por la botella de Château Lafite de 1787 con las iniciales escritas (en la etiqueta) ThJ que vendió a 156.000 dólares aduciendo que habría pertenecido al ex presidente de Estados Unidos Thomas Jefferson (este episodio dio origen al libro bestseller “El vinagre del billonario”). 

Fuera de Europa, Lesli Rudd es uno de lo más reconocidos, con su colección de 10.000 botellas de vinos del Valle de Napa en California, que además de constituir un capital de muchos ceros, devino una especie de objeto de culto por su cava de tres plantas y mesa de degustación ya casi mítica.

Argentina tiene todo para ser otro polo para coleccionistas e inversores en vinos de guarda, especialmente porque el estilo de vinos que se elaboran actualmente auguran un futuro promisorio para la guarda.

La certeza que más nos importa es que esto ocurre gracias a que hoy podemos repetir que el pasado del vino argentino late, está vivo. Sin esta clave sería imposible generar confianza y valor en la inversión de vinos para guardar muchos años.