Opinión Miércoles, 16 de mayo de 2018

Como un cuadro del viejo Chagall - Por Fabián Galdi

El genial artista plástico inició su etapa formativa en San Petersburgo. Un creativo icónico de la cultura rusa y referente de generaciones.

Por fgaldi@losandes.com.ar

Un sombrero blanco, con un aplique rojo. La referencia es pequeña en cuanto a sus señales, pero amplía el campo del cruce de conceptos y lo transforma en una aventura perceptiva. ¿Cuál y por qué fue la razón que lo animó a Marc Chagall (Vitebsk, 1887 - Saint-Paul-de-Vence, 1985) para mixturar escuela sobre escuela para introducir su expresión artística en el plano de lo onírico? Un puente que une el fauvismo con el cubismo parece alimentar el acceso a un mundo en el cual lo irreal es su gobierno. La paleta de colores juega cual si fuera un tablero de ajedrez, en el cual cada pieza cumple una función según la estrategia utilizada. Y razones no le deben haber faltado a quien se crió en una San Petersburgo convulsionada en las tensiones propias de la época. Las transiciones en modo fracturas de capas geológicas modificaron socio, cultural y políticamente a una tierra atravesada por los revulsivos como norma. El arte, fiel a su condición de reflejar los cambios abruptos, fue el motor que impulsó a quien eligió el pincel como herramienta para interpretar al tiempo que le tocó en esta micro parte del universo.

Un sombrero blanco, con un aplique rojo. El único punto de contacto entre la expresión chagalliana y la lírica de Silvio Rodríguez, quizás. La frase, ésa frase, es una de las consagradas como íconicas dentro de la poética del artista cubano. En una de sus creaciones más referenciadas - "Óleo de una mujer con sombrero" - asoma la decantación hacia el vínculo con el pintor a través de la ya emblemática comparación "como un cuadro del viejo Chagall". No lo hubo ni hay un elemento de raciocinio que permita echar luz sobre la fusión de sendos elementos. Se desconoce si Chagall alguna vez pintó una fémina cuya cabeza estuviera adornada por un cobertor como indumentaria. Es tal la duda sin resolver que hasta estudiosos de la obra del cantautor han supuesto que éste la observó en una de sus visitas a los museos de la - por entonces - Unión Soviética, y que luego fue retirada de catálogo vaya a saberse por qué y por quién hasta el punto de haber desaparecido de los registros. ¿Una confusión provocada por el inconsciente que luego se transformó en certeza , quizá por la prepotencia de las leyendas?

Chagall también estuvo acompañado por el misterio durante la acumulación de fases en su respectiva existencia. La tierra rusa lo encontró en regiones dispares conforme a los sucesos proto, durante y post revolución. De un cómodo lugar como Comisario de Arte para la región de Vítebsk pasó a una drástica renuncia por sus diferencias con lo excesivamente burocrático del puesto. La influencia de su compañera de vida, Bella, le resultó clave para tomar decisiones en las situaciones límite. París pasó a constituirse en su ámbito ideal a partir de su radicación definitiva y de su contacto con los movimientos rupturistas de los cánones artísticos establecidos. Es cuando su obra "Los recién casados de la Torre Eiffel", aquella en la que se observa a la novia con el velo blanco y a su lado un gallo - símbolo de la fertilidad y esperanza - con su cresta roja, recobra significación a partir de ser valorada por la crítica como de alta significación en la acción creativa del autor.

Bajo la órbita del criterio dominante del momento, el multiartista plástico fue objeto de iras ajenas por no acoplarse al pensamiento único del realismo soviético de la época. Su permanente espíritu transgresor trasponía las reglas oficiales y halló su ecosistema gracias a lo inclasificable de su producción. Progresivamente, su lenguaje expresivo fue dejando huellas en generaciones posteriores. Al igual que en el ballet, la sincronía ruso-francesa abrió espacios donde antes no los había. Ese legado lo ubica entre los creativos que han marcado tendencia entre fines del siglo pasado y lo que va de éste. Llamativamente o no, este grado de influencia creció tras su muerte y promete expanderse sin fecha de vencimiento, como un cuadro del viejo Chagall.