Turismo Domingo, 10 de febrero de 2019 | Edición impresa

Chile: un recorrido que va más allá de las playas

Autopistas excelentes y muchos peajes para una travesía por los bordes del Pacífico, desde la capital hasta las anchas playas de La Serena.

Por Redacción LA

Casi 500 kilómetros separan a Santiago de Chile de La Serena, una de las ciudades balnearias más concurridas en el verano. Pero la gracia no está en recorrerlos de un tirón, sino en salir a conocer lo que hay para ver en el camino, que es mucho y variado, con la libertad de desviarse y tomarse el tiempo. 

Primera parada

Nuestra primera parada es Isla Negra, la pequeña localidad donde Pablo Neruda tuvo su casa más emblemática. El recorrido lleva alrededor de una hora y media, con un último tramo solitario,  aunque de acceso sencillo.

 

Una vez allí se deja el auto en el estacionamiento y se visita la casa con una audioguía (prever alrededor de dos horas,  además de la espera para ingresar: conviene llegar temprano). Vale la pena, después de conocer su historia y asombrarse con la variedad de curiosidades del interior, bajar a la playa por un sendero cercano,  disfrutar del paisaje marino y las grandes rocas que invitan a sentarse para contemplarlo.

Valparaíso. Nada como disfrutar los frutos del mar en el puerto.

Ahora sí, ponemos rumbo a Valparaíso y su balneario, Viña del Mar. Esta vez, la ruta se aleja un poco de la costa, vuelve a acercarse en Algarrobo  (donde se encuentra el complejo de torres con la famosa “piscina más grande del mundo”) y se aleja de nuevo bordeando la Reserva Nacional Lago Peñuelas, para desembocar luego en la Autopista del Pacífico (que es la ruta más directa desde Santiago, si no se pasa por Isla Negra). El camino más corto desde Isla Negra apenas supera los 80 kilómetros; desde Santiago son unos 115. 

El gran puerto

Valparaíso es una ciudad grande, con casi un millón de habitantes -incluyendo toda su área metropolitana- que la convierten en la segunda urbe de Chile después de la capital. Lo mejor que tiene es su ubicación, elevada sobre una bahía y rodeada de cerros que obligaron a construir una ciudad pintoresca y serpenteante, llena de colores y casitas que parecen encimarse sobre las laderas.

 

Varios ascensores suben hasta la parte alta; en auto es fácil también ascender hasta los miradores aunque es empinado. Sí hay que tener cuidado a la hora de elegir dónde dejar el vehículo y recorrer los puntos principales: mejor en un lugar vigilado, sobre todo si hay equipaje a bordo. Y si hay tiempo y se sigue tras las huellas de Neruda, se puede visitar aquí La Sebastiana, otra de sus casas.

La puesta del sol en el mar es una de las maravillas que se pueden apreciar en las playas del pacífico.

Viña del Mar, famosa como balneario (a pesar del agua helada) y por su festival de música (que este año será del 24 de febrero al 1 de marzo), forma prácticamente un solo núcleo con Valparaíso. Es reconocida por su reloj de flores, el balneario de Reñaca, el Museo al Aire Libre de Viña del Mar, el Casino y su oferta de entretenimiento, restaurantes y bares. Y si bien hay muchos hoteles, los precios son acordes con la temporada y la afluencia, por lo que no siempre encontramos la mejor relación precio-calidad. 

Zapallar y hacia el norte

Tomando la ruta F-30-E desde Viña, casi en línea recta hacia el norte, llegamos a Zapallar en menos de 70 kilómetros. Su balneario es Cachagua, a cuatro kilómetros, donde se encuentran extensas playas como Playa Grande y Las Cujas, matizadas de rocas y con algunos rincones de agua turquesa y transparente.

Viña del mar. La ciudad elegida por los mendocinos para vacacionar.

Conviene llegar temprano (en temporada llega mucha gente y no hay tanto lugar para estacionar) y tener en cuenta que hay algunas restricciones, como el uso de carpas y presencia de mascotas. Pero es un lugar tranquilo, muy visitado por familias, con casas rústicas y acantilados donde hay quienes practican parapente.

 

Finalmente, quedan 350 kilómetros para llegar a La Serena. Pero vale la pena tomarse el día tranquilo: en el camino, cuando la ruta se acerca al Pacífico, hay muchas playas y caletas donde es tentador bajarse y disfrutar de un picnic o un baño de mar, como en Los Molles o Totoralillos. El agua, aunque sigue siendo fría, se vuelve un poco más agradable, y las vistas hacia el mar y las bahías de aguas azules son espectaculares.

Si gusta el turismo de naturaleza, nada mejor que hacer un alto en Tongoy y la zona de humedales antes de llegar a La Serena: se pueden avistar numerosas aves. Y cuando finalmente se llegue a la bahía de Coquimbo-La Serena, se podrá ver todo el paisaje desde lo alto gracias a los 93 metros de altura de la Cruz del Tercer Milenio de Coquimbo, levantada para el Jubileo del año 2000, y volver a bajar hacia las anchas playas de La Serena, una ciudad que también atrae por la riqueza de su centro histórico.