Sociedad Domingo, 13 de enero de 2019 | Edición impresa

Casi no hay casos de transmisión de VIH de madre a hijo en Mendoza

En la provincia son tan pocos, que el año pasado la tasa fue cero, frente a otros modos de transmisión.

Por Verónica De Vita - vdevita@losandes.com.ar

La transmisión del VIH de madre a hijo se ha reducido los últimos años, tanto que la cantidad de casos ha sido ínfima en Mendoza. 

Según muestra el último informe del Programa Provincial de Sida, la tasa de casos notificados en 2018 fue nula. Lo mismo había sucedido en 2016. En 2015 y 2017 había sido de 0,3%, luego de 1,2% en 2010, 0,8% en 2011 y 1,1% en 2012. En 2013 y 2014 hubo un leve repunte con indicadores de 1,4% y 1,3% respectivamente. 

Advierten que la transmisión vertical ha llegado a reducirse al mínimo, un núcleo duro difícil de romper, según opinó Lisandro Soriano, responsable del Observatorio Epidemiológico del área.

Explicó que esto no implica que no se presenten casos sino que son pocos y no alcanzan a incidir en el indicador dada la alta proporción de los que se transmiten por otras vías: usuarios de drogas inyectables y vía sexual (97,7% de los casos en 2018). “Queda invisibilizada frente a las otras”, señaló y agregó que “no es que haya menos sino que es bajísima”.

 

Soriano detalló que el descenso comenzó hace unas décadas. Primero al inicio de la década del  90 cuando se implementó un protocolo para detectar el virus en embarazadas, cuando se masificó,  continuó el descenso en los 2000. Desde 2010 es más baja y es relativamente constante. 

Advirtió que se trata de considerar cuántos niños de madres con VIH adquieren el virus. Esa proporción actualmente es de alrededor de 2,5% de un promedio de 60 partos anuales.

“Estamos en un porcentaje muy bajo y es muy difícil de modificar; se ha llegado a un punto en que, si bien aparecen casos, refieren a situaciones muy particulares en los que es muy difícil que las políticas públicas puedan incidir”, consideró. 

 

Transmisión

Hay tres momentos en los que puede producirse la transmisión vertical del virus: durante la gestación, durante el parto o durante la lactancia.

Silvia Attorri, jefa de servicio de Infectología del hospital Lagomaggiore, la mayor maternidad de la provincia, coincidió en que los casos son muy pocos. “De los hijos de las pacientes (con VIH) a las que hacemos seguimiento,  ninguno ha tenido positivo”, subrayó. Soriano comentó que en general, cuando se detectan durante el embarazo, los bebés luego suelen dar negativo.

 

Controles

Los controles médicos adecuados son esenciales para evitar afectar al bebé. De esta manera puede detectarse la presencia del virus, de ser posible lo más tempranamente, e indicar el tratamiento.

La buena detección y la eficacia de éstos fueron señalados por Attorri como el otro elemento que ha beneficiado los buenos resultados. “La mamá alcanza al virus, no detectable en sangre y el traspaso transplacentario es prácticamente nulo”, resaltó.

En tanto, Gladys Ferreyra, jefa de Neonatología del mismo nosocomio, destacó: “Si hacen un buen tratamiento, los porcentajes de contagio son muy bajos, entre 1 y 2%”. 

 

Y agregó que, como hay relación entre las enfermedades de transmisión sexual y los diagnósticos, influye mucho el control prenatal. Esto,  dado que en algunos casos llegan con pocos controles al trabajo de parto, sin saber que tienen el virus y es allí que se detecta. Es en esa instancia cuando ocurre la transmisión al bebé en la mayoría de los casos. Cuando se identifica, se trata de reducir los riesgos con la cesárea. 

La infección sucede “generalmente, en diagnósticos tardíos durante el embarazo, mamás con malas adherencias a tratamiento, que son escasas pero usualmente asociadas a adicciones o vulnerabilidad; pese a haber sido diagnosticadas, que  no toman la medicación”, detalló Atorri. 

Cómo evitarlo

Si se detecta que la mujer embarazada tiene carga positiva de VIH se la medica con antiretrovirales. Luego del nacimiento habrá que inhibir la lactancia y continuar con el tratamiento.

Al bebé se le realizan tres primeros testeos (PCR) que deben salir negativos: a las 48 horas del nacimiento, al mes y entre los dos y tres meses. 

Finalmente, debe hacerse un confirmatorio al año y medio de vida, que es cuando pueden detectarse los anticuerpos propios del niño.