Opinión Miércoles, 13 de junio de 2018 | Edición impresa

Carta abierta a los legisladores de la Nación - Por Carla Valentina Aloisio Di Giuseppe

Por Carla Valentina Aloisio Di Giuseppe - Abogada

Al escuchar los debates sobre el aborto, pareciera que existieran vidas de primera y vidas de segunda, que una tiene más valor que la otra, y por eso se puede hacer cualquier cosa con ella. Pero si hablamos del bien jurídico protegido, todas las vidas valen lo mismo. Entonces, ¿dónde radica el supuesto derecho a deshacernos de una incipiente vida que late desde las primeras semanas de embarazo?

Es llamativo lo paradigmático del pañuelo verde, color esperanza, y las camisas blancas, representando pureza, de las distintas figuras públicas que alardean con honor haber cometido un delito de homicidio a un ser indefenso como es un bebé en el vientre de la mujer. No sé puede estar a favor de la vida y a la misma vez a favor del aborto, hay contradicción.

Existe un alarmante número de muertes de mujeres por abortos que se practican en la clandestinidad, ya que los mismos están prohibidos. Pero cabe aclarar que las distintas cifras que se barajan no son oficiales y tampoco hay cómo comprobarlas.

Sin embargo, como solución se pretende legalizar, permitir, aceptar un supuesto "derecho" a matar a un bebé que tiene identidad distinta, genética y cuerpo propio, diferente del de la mujer que lo porta. Teniendo opciones previas, y posteriores, ¿por qué elegir la más drástica?.

Libertad es responsabilidad, es conciencia en nuestros actos y valor para hacerse cargo de las consecuencias de ellos. Por el contrario, pretender desaparecer los efectos propios de los hechos realizados por uno mismo, es ser verdaderamente irresponsables e inmaduros, lo que lleva a encontrarse cautivos en la búsqueda injustificada de "matar para tener vida", provocando un doloroso "dos menos uno".

Cuando en realidad, aquella mujer responsable de sus actos, toma la decisión de seguir adelante con la vida de ella y del bebé, siendo "uno más uno" con la consiguiente posibilidad de continuar con la crianza del mismo o de darlo en adopción. 

Una renombrable jurista una vez dijo, "dar en adopción es una acto de amor" de aquella mujer que no quiere o no puede llevar adelante la crianza de un bebé. 

Si pretendemos cambios radicales, debemos buscarlos para todas las circunstancias, la mujer que no quiera o no pueda criar al bebé pero decide asertivamente continuar con el embarazo, debe ser amparada, resguardada y protegida en cada etapa de la gestación, sin la mirada crítica de su accionar, sino con la visión de "más vida para otras vidas que no pueden dar vida". Otorgándole la posibilidad de dar en adopción bajo las garantías de respeto por su decisión. 

Tiene que existir un cambio profundo de mentalidad, no toda mujer que cursó un embarazo puede o quiere ser madre mientras que tantas hay que sin haber concebido alguna vez son verdaderas portadoras de la maternidad.

No podemos dejar de hablar de los hombres y su responsabilidad. Todo embarazo, deseado o no, es producto del acto sexual de un hombre y una mujer, como también en miles de casos no consentido por la mujer, siendo una violación. Situación delicada, que debe ser abordada multidisciplinariamente.

Creo en la vida, de la mujer y del bebé por nacer, en las posibilidades de elegir métodos anticonceptivos. Creo en la necesidad de la prevención, la educación y la concientización de la responsabilidad del acto sexual tanto en el hombre como en la mujer.

Deseo que toda mujer embarazada tenga los medios y formas de llevarlo a curso, y que reciba el apoyo y contención necesaria. Creo en el acto de amor de aquella mujer que no siente ser madre y da en adopción, a tantos otros que quieren y no pueden.