Espectáculos Opcionales Sábado, 13 de octubre de 2018 | Edición impresa

Carola Martínez Arroyo: historia de una niña y su miedo

La escritora chilena llega a Mendoza para presentar su primera novela infantil y juvenil sobre una niña que crece durante la dictadura.

Por Lorena Misetich - Especial para Estilo

La época de la dictadura fue y es abordada en la ficción con innumerables expresiones.

Pero pensar en esa época oscura desde la perspectiva de una niña y su infancia, resulta particular en un contexto en el que la literatura para chicos y jóvenes no suele tocar el tema.

 

Pero hay un recuerdo de la niñez que dispara la obra de Carola Martínez Arroyo. Fue cuando su abuelo le trenzaba el pelo largo con esmerada paciencia. Era plena década del ‘70, en Chile. Ahora la escritora e investigadora chilena, desde hace más de veinte años, vive en Buenos Aires. 

“Matilde” Autora: Carola Martínez Arroyo. Editoral: Norma (colección Zona Libre).

“La novela sale de un recuerdo. En 2015 un grupo de especialistas sobre escritores e investigadores chilenos, sacó un llamado para recopilar material que hablara de la memoria en Chile. Y fue un llamado que me interpeló. Además me rondaba en la cabeza hablar sobre mi historia de cuando era chica y eso fue un puntapié”, cuenta Carola sobre el surgimiento de “Matilde” su primera novela infantil, editada en 2016 y que forma parte de la colección Zona Libre de la editorial Norma. 

En su libro debut -que obtuvo el Premio Nacional y Latinoamericano de Literatura Infantil y Juvenil La Hormiguita Viajera 2018- traza la historia de una niña que crece y se educa en medio de la dictadura chilena de Augusto  Pinochet. Pero perfectamente pudo haber sido una niña argentina, porque lo que desanda el libro es la vivencia de soledad y miedo de sus personajes.

 

Carola Martínez es licenciada en psicología, pero cuando se instaló en Buenos Aires comenzó a trabajar en una librería y de ahí decidió volcarse de lleno a la literatura. Luego su trabajo en el programa “Viva la Lectura” comenzó a investigar y especializarse en Literatura Infantil y Juvenil. Además, desde hace ocho años creó el sitio “Donde viven los libros”, una librería virtual donde vuelca su opinión y publica las novedades sobre textos y ficción para chicos.

-¿Por qué elegiste escribir esta historia en un contexto tan duro como la dictadura?

-Quería hablar de la infancia y la dictadura, principalmente porque cursé toda mi vida durante la dictadura de Pinochet y toda mi niñez está traspasada por la presencia de la dictadura militar. Y me pareció importante que los chicos lo vean como una historia. Pero principalmente me parecía importante hablar de la soledad de los chicos, cuando crecen solos. Porque en el fondo, durante la dictadura, Matilde crece sola porque no hay nadie que la pueda contener.

 

-El marco es estremecedor pero la soledad de los niños se puede dar en otras situaciones

-Sí se puede dar, incluso en la actualidad los chicos están bastante solos porque están fuera de su casa. Pero en este contexto en que está escrita la novela, además de que se crían solos, si bien la madre está, no puede estar completamente porque está traspasada por su propio dolor. Y es algo que me interesaba hablar, porque en general en las novelas para niños, los padres son personajes secundarios y no se ve el impacto que tiene ese adulto en la vida del niño.

Creo que uno escribe de lo que le pasa. Es muy fácil darse cuenta cuales son los libros que están escritos para un niño de 8 años. Ocurre que uno empieza a pensar qué cosas de lo que escribió pueden producir más impacto en un lector niño. 

-¿Cuál es la respuesta de los lectores de “Matilde”?

-Lo reciben bien, porque los chicos están acostumbrados a tocar el tema de la memoria. Pero les impactan cuestiones que para mí pasaron inadvertidas; que están en el entorno violento. Por ejemplo, yo remarco mucho y recuerdo el silencio del toque de queda, que no es el silencio del campo. Es un silencio que si es roto por cualquier ruido, ese ruido siempre es amenazador. 

 

-Esas sutilezas dan cuenta de que el centro de la tensión es el silencio y el miedo.

-Exacto. Porque hay un momento donde la vida es miedo. Muchos chicos viven en el miedo: los pibes que trabajan en las fábricas textiles, por ejemplo, viven con miedo. Y eso no pasa desapercibido y es una de las cosas que más me reporta.

-En el proceso de escritura, ¿qué es lo que más te costó?

-Fue reescribir. Porque la escritura fue muy rápida, pero la reescritura, no. La escribí completamente en chileno, pero en un chileno mentiroso porque hace 21 años que vivo en Buenos Aires. Entonces era un lenguaje poco actual y no tenía sentido. Entonces tuve que revisarlo. Y la narración está en argentino, pero el personaje habla en chileno. Y lo que más me gustó del proceso es que las editoras me propusieron sumar las ilustraciones. Y pude elegir a una de mis ilustradoras favoritas que es Power Paola. Y sus dibujos potenciaron al libro. Fue una gran decisión.

Como soy investigadora de literatura infantil soy bastante criticona. Y necesitaba que fuera una novela que no tuviera nada de lo que había criticado. Y como quedó finalista del Premio Norma (uno de los más importantes a nivel latinoamericano en libros para niños y jóvenes), me dio la pauta de que era material para mostrar, y me animé.

 

-Luego de esta primera experiencia, ¿estás escribiendo una nueva novela para chicos?

- Estoy terminando una que sale el año que viene y tiene algunos puntos en común, porque es una novela para llorar. Era un desafío porque quería escribir en primera persona y la historia comienza con el suceso que desencadena la historia. Entonces solo me toca contar el desenlace. Tenía ganas de hacer ese ejercicio.

-¿Cómo ves en la actualidad el trabajo de las editoriales en el terreno de los libros infantiles?

-A nivel mundial el único segmento que realmente crece es el de la Literatura Infantil porque, al contrario de lo que todos dicen, los niños y los jóvenes leen muchísimo.

Tienen más libros a disposición en distintos formatos. Quizás no leen lo que a uno le gustaría, pero leen de todo. Leen en el celular libros de ochocientas páginas. Por eso es un momento especial y la industria lo entiende y produce material.

 

Lo que ocurre es que en general al no tener políticas de lectura a nivel nacional, los chicos pierden la posibilidad de aprender a elegir. Y tiene que ver con la disponibilidad de material y con que los acompañe en el proceso. Por eso es necesario abrir un abanico de posibilidades, abrir las bibliotecas que son los lugares donde van a buscar el material y eso no está ocurriendo. 

-Incluso desde la escuela no existe un cambio profundo.

-Hay una renovación del canon, pero depende del docente. Creo que hay más permeabilidad en las escuelas a materiales nuevos. De hecho mi libro, que tiene tres años, tiene un camino recorrido porque las escuelas lo piden. Lo que sí existe, y es más rígido, es el tipo de lectura dentro de la escuela. El cómic, por ejemplo, es un género que no entra con la misma facilidad que una novela.