Turismo Domingo, 25 de noviembre de 2018 | Edición impresa

Belice, un tesoro poco conocido

Este pequeño Estado costero de América Central que limita con México y Guatemala cuenta con amplias playas de arena blanca.

Por CC

Belice es, tal vez, el país menos conocido de Centroamérica: vecino de Guatemala y México, es el único territorio angloparlante (solía llamarse Honduras Británica en la época anterior a la independencia) de la parte continental.

Lo más llamativo es que en sus apenas poco menos de 23 mil kilómetros cuadrados quepan tantos paraísos diferentes: la oferta de experiencias de aventura, cultura y naturaleza que propone es casi infinita.

 

Aunque Ciudad de Belice no es la capital del país, se trata de la urbe más poblada, la que tiene el aeropuerto más transitado y un punto de partida ideal para recorrer el territorio de punta a punta. Sin embargo, la sede del Gobierno está en Belmopán, una ciudad opaca, al punto que el viajero no puede sospechar, estando aquí, las maravillas que le esperan en otras paradas. La gente es amable al extremo: en cada ocasión que un local se cruza con un visitante, le dice “Bienvenido a Belice”. Y siempre suena sincero, no como una frase hecha.

 

Rumbo al paraíso

La terminal de ferrys es un enjambre: desde aquí se puede navegar hasta las cercanas islas San Pedro (que Madonna inmortalizara en “La isla bonita”) y Cayo Caulker

La terminal es puro caos: al griterío que implica la enorme cantidad de gente se suma el volumen de la música de las tiendas de souvenirs circundantes. Sin embargo, el embarque se hace ordenado y en horario. 

 

Cayo Caulker

Desde el momento del desembarco, Cayo Caulker se manifiesta como un sitio bellísimo. Junto al puerto se alcanzan a observar decenas de carritos de golf, algunos en alquiler y otros que son utilizados como taxis. La “mejor playa” está en el extremo opuesto de la isla y se puede llegar hasta allí por solo ocho dólares beliceños (cuatro dólares americanos).

Los negocios son pequeñas cabañas de madera con porches amplios. Las calles no tiene veredas y tanto los autos como las personas circulan por la misma arenisca blancuzca.

Ya en la playa, el agua es calma y cálida y los peces se ven a simple vista. Como ocurre en muchos sectores de Belice, la orilla del mar la marca una mini pared de concreto, puesta allí para que las olas no se “coman” la playa. 

 

Como se mencionó, la propuesta de naturaleza y aventura de Belice es más grande que los kilómetros cuadrados que mide el país. Una de las propuesta es una visita a zona selvática para actividades como recorridos en cuatriciclos, cave tubing (paseo en gomones por cuevas) o tirolesa. El camino hacia la reserva ecológica Nohoch Che'hen, la elegida para esta travesía, es una ruta bien asfaltada por la que circulan numerosos churches buses, micros del estilo de los escolares amarillos norteamericanos que llevan feligreses a la iglesia. 

Las actividades son un placer en sí mismas y, a la vez, la excusa perfecta para revisar ese pequeño paraíso. La caminata que lleva hacia las cuevas del cave tubing, por ejemplo, atraviesa cursos de agua con suelo pedregoso en los que el viajero se encuentra, de repente y de manera inesperada, inmerso hasta la cintura, rodeado de montañas impregnadas de vegetación de un verde intenso.

Las playas de arenas blancas y la selva de palmeras que llegan hasta la orilla del mar.

Ruinas mayas

También saliendo de Belice City, a una hora de distancia pero en dirección oeste, se encuentra Community Baboon Sanctuary, un parque donde los monos pueden circular libremente. Y en sentido norte están las ruinas mayas de Altun Ha. La zona estuvo ocupada entre el 250 antes de Cristo y el 900 de la nueva era. Se estima que en los alrededores vivieron entre ocho y diez mil personas, con un pico de ocupación que se habría dado entre los siglos VI y VII. 

Según Jimmy, guía experto en el área, “el lugar fue descubierto en la década del '60, a partir de que un nativo de esta zona apareció en los mercados de la ciudad ofreciendo reliquias arqueológicas”. El origen de las piezas llamó la atención de los ojos más avezados, la policía siguió su pista y se topó con el yacimiento.

Dos de los templos fueron hallados en excelente estado de conservación. El resto fue restaurado con la colaboración del Royal Ontario Museum de Canadá. 

 

Bajo el agua

La principal riqueza de Belice reside en su mar. Las actividades de snorkeling y buceo están a la orden del día, con diversos bancos muy nutridos de especies, que tienen su cenit en el Blue Hole, tal vez la principal atracción turística del país.

El lugar lo hizo famoso el investigador francés Jacques Cousteau en 1971. Es un agujero perfecto en el medio del mar con unos 125 metros de profundidad y unos 300 metros de diámetro “delimitado” por una barrera de coral.

 

El nombre no puede ser más preciso: el agua toma una coloración azul absoluta. “Aquí hay guardia costera que controla desde la cantidad de embarcaciones que llegan hasta si los turistas patean accidentalmente los corales”, explica Beans, un guía llegado de México con su cara cubierta de barba-pelusa y sus modales de extrema paciencia. 

Un punto estratégico continental para realizar todas las excursiones marítimas es Placencia.

 

Hora de comer

Las opciones gastronómicas van desde sitios con un perfil parecido al barrio porteño de Palermo (como Rumfish y Vino, con terracitas donde corre un viento imposiblemente agradable, o Secret Garden, el comedor tailandés creado por Toby, de Frankfurt, y Becca, de Miami) hasta lugares que conservan una fuerte impronta local (como J Dee's, donde se mezclan diferentes modelos de sillas plásticas junto a las mesas de madera, y Omar's Creole Grub, que recibe a sus clientes con tablones sin respaldo y galerías con enredaderas repletas de flores y mosquitos).

En los primeros, el plato promedio cuesta veinticuatro dólares beliceños. En los segundos, cuatro. 

 

Queda algo de tiempo para disfrutar de una última experiencia beliceña antes de dejar el país: volver a Ciudad de Belice en un avión de Tropic Air o de Mayan Air. Se trata de aeronaves muy pequeñas, con capacidad para ocho persona. Contra todos los pronósticos, el andar es suave y el vuelo de despedida actúa como una metáfora de lo que este país es para los visitantes: mirado en el mapa resaltan sus limitadas dimensiones. Cuando se trata de recorrerlo, destaca la calidad por encima de cualquier otra cosa. 

 

Mini guía

Cómo llegar. Avianca llega diariamente a Belice con dos escalas por unos US$ 1.100. Delta Airlines y American Airlines hacen el recorrido con una única parada (Atlanta y Miami, respectivamente), por US$1.300.

Dónde alojarse. En Belize City, hotel Ramada Princess: base doble, desde US$ 90.
Radisson Fort George Hotel & Marina: desde US$ 110.

En Placencia, hotel Chabil Mar: desde US$ 240.

Dónde informarse. www.embajadadebelize.org / www.belize.com