Fincas Sábado, 23 de junio de 2018 | Edición impresa

Ángel Zammitto: “Trato de ir por lo más seguro, de proyectarme y crecer”

Volviendo a sus raíces, construyó una empresa familiar. Ganó dos medallas de oro con sus vinos, exportó a Europa y piensa en ampliarse.

Por Mauricio Videla - mvidela@losandes.com.ar

El hijo de don Antonio, hasta los 16 años trabajó en la finca de su padre en Algarrobo Grande. Sentía atracción por el comercio y llegó a ser el dueño de un supermercado en el departamento de Rivadavia. Se dedicó al rubro de la carne y construyó una empresa familiar.

En 2010, vinculado-otra vez- con la tierra, Ángel Zammitto disfrutó de la primera vendimia en Mundo Nuevo.

A los 70 años, afirmado en su espíritu emprendedor, el empresario del Este piensa que el éxito es poder compartir el trabajo con sus hijos.

Hace menos de una década desembarcó en la industria vitivinícola y ya logró exportar sus vinos a Europa; también busca colocar sus productos en otros mercados.  

“Hace un tiempo que no vuelo, antes lo hacía con más frecuencia. Habíamos dibujado una pista de portaavión con un grupo de pilotos y competimos en vuelos de precisión; mi especialidad eran los aterrizajes. Había marcas en el suelo y el que llegaba más cerca del centro lograba el mejor puntaje.

Era una forma de entrenar(me), de estar preparado para una situación de emergencia”, cuenta el extesorero del Aeroclub de Rivadavia.

-Don Ángel, ¿a usted le gusta tomar riesgos?

-Antes era así, ahora me arriesgo menos y trato de ir por lo más seguro; busco proyectarme y poder crecer. Con el tiempo aprendés que hay valores que defender, como lo son el trabajo y también la familia.

-¿Cómo surgió la idea de vincularse a la industria del vino?

-Este proyecto empezó con la finca de mi padre. Después compramos dos fincas más, en Algarrobo Grande y en Philips, de las cuales una estaba en producción. Comenzamos a elaborar vinos y -en 2010- tuvimos la primera vendimia en nuestra bodega. Decidimos con mis hijos elaborar nuestros vinos y estamos aprendiendo más de esta industria en el día a día. Pensamos en el futuro, si se equilibran la economía y el dólar, poder ampliar nuestras instalaciones.

-¿El vino fue como volver a las raíces?

-Hasta los 16 años trabajé en la finca de mi padre, allí aprendí lo necesario para poder empezar a producir. En la actualidad trato de ser muy ordenado, de dedicarle tiempo, de estar atento a los detalles y brindarle los cuidados necesarios a la tierra.

"Trabajo en el rubro de la carne desde hace 40 años y creamos una empresa familiar. La actividad vitivinícola representó también un desafío.”

Horizontes cercanos

“El desafío era poder elaborar nuestras uvas (NdR: su varietal más galardonado es el bonarda); empezamos con 16 tanques de acero inoxidable y hoy contamos con maquinarias de primera generación”, sostiene Ángel Zammitto.

-¿Cuál era la meta?

-Trabajo en el rubro de la carne desde hace 40 años y creamos una empresa familiar. La actividad vitivinícola representó también un desafío familiar, y decidimos -con mi mujer y mis hijos- fundar una nueva empresa. El objetivo era lograr sustentabilidad.

-¿Y el balance?

-Logramos equilibrio y crecimos paulatinamente. Aprendemos de la industria, elaboramos productos de gran calidad que ya han sido premiados, tenemos una línea de vinos finos de viñedos propios. La bodega, que está en el límite entre Rivadavia y Junín, genera fuentes de trabajo en la zona. 

“Buscamos compradores para nuestros productos en  otros mercados, exportamos vinos a Alemania y la experiencia fue muy positiva para ambas partes; quedó una puerta abierta para el futuro pero debemos ampliar nuestro volumen de producción”, destacó Ángel. 

“El año pasado, la importación de vinos desde Chile impactó fuertemente en el mercado local y el gobierno debió limitarla. Aquí hay una dura carga impositiva, que termina impactando en el precio”.

Una plantación de uvas varietales, dos medallas de oro a sus vinos jóvenes y la posibilidad de seguir exportando o ampliar la capacidad de su bodega a 80 tanques de acero inoxidable, son un gran incentivo para este emprendimiento que aún no cumple una década  

-¿Cuál es su modelo de éxito?

-Mi hijo Alejandro es médico, estudió enología y un día a la semana comparte con nosotros el trabajo en la bodega. Mientras que Gustavo, que es deportista, se encarga de las ventas. El éxito está en la posibilidad de crecer y de compartir el trabajo con la familia, en crear una tradición.