Sociedad Domingo, 2 de septiembre de 2018 | Edición impresa

Andrea Yurcic, la música que rompió los mandatos

Se propuso estudiar un instrumento que, le decían, era de varones. Hoy es la solista de fagot más reconocida de Mendoza.

Por Laura Antún - lantun@losandes.com.ar

Andrea Yurcic es la primera mujer que logró estudiar la carrera de fagot en Mendoza: un instrumento grande y pesado, considerado hasta finales de los 80 como “algo para hombres”.

Ella abrió el camino para otras que luego fueron sus alumnas –como Florencia Fogliati– y logró derribar prejuicios y barreras. Pero no fue fácil.

Esta música de voz suave y ojos azules, exatleta, hoy es el primer fagot solista de la Orquesta Sinfónica de la UNCuyo, profesora titular de la Cátedra de Fagot Facultad de Artes UNCuyo, docente de posgrado en la Maestría en Interpretación de Música Latinoamericana del Siglo XX de la UNCuyo, referente del arte en Mendoza y jurado en prestigiosos concursos.

“En mi casa nos criaban con la idea de hacer un deporte y tocar un instrumento”, cuenta Andrea, parte de una familia numerosa que terminaba todas sus reuniones con música. Fue a piano y a guitarra, pero un día la llevaron a ver una orquesta y se enamoró de un instrumento: “Quiero ese”, dijo.

 Entonces era una adolescente flaquita y de ojos muy azules, estudiaba en el Colegio Universitario Central y nadie se tomó demasiado en serio esa frase. Repitió hasta el cansancio “quiero tocar el fagot”. Su entonces profesora de solfeo le lanzó lo que era en ese momento una máxima que no la desalentó: “El fagot es un instrumento para varones”.

 De esas puertas que se cerraban hasta hoy logró todo lo que se propuso. Y acabó con la máxima dada por cierta en una época en la que la carrera de música reservaba a las damas el piano, la flauta o la guitarra.

 

 Becada por el DAAD Servicio Alemán de Intercambio Académico–, su perseverancia sin estridencias la llevó a una Maestría Artística en Fagot en la Escuela Superior de Música de Karlsruhe, Alemania, en la Cátedra de los maestros Günter Pfitzenmaier y Eberhard Steinbrecher.

Además, se perfeccionó en Europa con los famosos fagotistas Sergio Azzolini, Albrecht Holder y Dag Jensen.

Participó del primer intercambio con la Orquesta Sinfónica de Nashville, hizo giras de conciertos por Europa y Estados Unidos junto a la Filarmónica Juvenil Baden-Würtenberg y la Academia Bach de Stuttgart dirigida por Helmut Rilling. Sí: con el instrumento que era solo para varones.

–¿Cómo pasaste de ese “no” rotundo a que te aceptaran en la licenciatura?

–En mi casa había que hacer un deporte y tocar un instrumento, y a mí me gustaban los graves. Estaba muy perdida, pasé por todos los instrumentos. Al final iba a estudiar Letras, hasta que me llevaron a ver una orquesta y quedé enamorada. “Este es mi mundo”, pensé.

 –¿El mensaje es “persevera y triunfarás”?

–Totalmente. Cuando entré al secundario en el CUC probé para el coro y me rechazaron. Casi me muero, porque soñaba con estar cantando. La directora (Mary Vallesi) me dijo que podía volver el año próximo. Cualquiera hubiese desistido, pero yo volví, y entré. Al egresar iba a estudiar Letras, pero finalmente me anoté en Música y caí con un fagot prestado a un universo en el que eran todos maestros, un mundo de hombres. Hasta ese momento en toda la historia de la carrera, de cuatro décadas, habían egresado solo cinco fagotistas, y todos eran varones.Entrabas a los exámenes con ese instrumento pesado, con 4 o 5 señores en la mesa examinadora. Era muy fuerte.

 

–Tu objetivo era tocar en la orquesta y, contra viento y marea, lo lograste.

–Durante la carrera hubo mucha gente talentosa que me dio una mano. Me invitaba a tocar gente como Lars Nilsson (flautista sueco, ex Markama, creador de una de las escuelas de vientos más importantes de Latinoamérica y ex decano de la Facutlad de Artes de la UNCuyo). Acabé siendo alumna de músicos como Roque Russo y Sergio Ruetsch.

–Terminaste tocando con los mejores músicos del mundo...

–Toqué con Helmuth Rilling (célebre organista y director de orquesta alemán), recorrí Estonia, Polonia, Suecia, Noruega, con una orquesta compuesta por chicos de todo el mundo.

Una mujer comprometida

Después de esos logros, vino la gira por Estados Unidos y más tarde Mendoza, su tierra, donde pudo ejercer su carrera y vivir de ella, casarse y criar dos hijos.

 “El arte es un compromiso social, si no, no tiene sentido”, afirma Andrea, quien pudo hacer su vida en Europa pero decidió volver y sembrar un camino lejos del divismo y con un perfil tan bajo que quienes la ven por primera vez interpretando sola el “Bolero” de Ravel o el “Gran Tango para fagot y orquesta” de Julio César Pardo quedan atónitos preguntándose: “¿De dónde salió esta chica?”.

  –¿Qué es para vos un rol social?

–Tener un compromiso con la sociedad, transformar. Con las orquestas infantiles, por ejemplo, que hoy están atravesando una grave crisis. Las orquestas de chicos son transformadoras, son muy importantes.

 

 –¿Cuáles son tus proyectos?

 –Ahora estoy intentando difundir compositores argentinos como Jorge Fontenla o la mendocina Adriana Figueroa.

Con esta compositora local, Andrea logró grabar un álbum titulado “Tres piezas para fagot y orquesta”, que puede encontrarse en Spotify. Además de eso, en las presentaciones de la orquesta de la UNCuyo pasa de Johann Sebastian Bach, Händel, Beethoven y Brahms y al tango o a complicadas interpretaciones de contemporáneos como Leonard Bernstein.

–¿Qué te gusta más tocar?

–Sin dudas lo más sanguíneo, lo más cercano con lo latino. Es difícil poner el alma en composiciones casi matemáticas de alemanes clásicos. Me gustan los rusos y sobre todo los grandes músicos argentinos.

En primera persona

“El día que cumplí siete años me regalaron una guitarra y dos libritos para aprender a tocar folclore de Arnoldo Pintos. De allí en más la guitarra fue compañera de reuniones familiares y campamentos. El folclore y el rock nacional estuvieron siempre presentes en mí vida. Mis abuelos escuchaban tango, mi papá también. Creo que mi carrera como fagotista llegó casi por casualidad. Sin embargo, una vez que empecé la facultad, no paré más. Me enamoró el sonido del fagot. Por alguna razón yo quería viajar, conocer el mundo. Pienso que la inquietud venía de la historia de mis abuelos inmigrantes. Sentía gran curiosidad por Europa, su arquitectura, su cultura.  Ahora lo pienso y me doy cuenta de que siempre estuve llena de proyectos y, si algo me ha caracterizado, ha sido el proponerme metas y trabajar por conseguirlas”.

Dónde escucharla

- En todas las presentaciones de la Sinfónica de la UNCuyo
- En Spotify y Apple Tunes: “Tres piezas para fagot y orquesta”, donde interpreta obras de la mendocina Adriana Figueroa.