+ Deportes Lunes, 27 de noviembre de 2017 | Edición impresa

Andinistas: los locos del montañismo

El Club Andinista Mendoza fue fundado en 1935 y desde ese momento ha tenido un crecimiento incesante.

Por Redacción LA

El Club Andinista Mendoza nació en 1935 por la inquietud de un grupo de hombres que querían institucionalizar el montañismo, hasta ese momento visto como una actividad de extranjeros y de locos que iban a buscar la muerte.

Aunque unos pocos de esos pioneros la encontraron, y hoy están en "la cumbre más alta", los miembros fueron marcando rutas para muchos de los cerros a los que hoy se llega de modo casi masivo, y crearon entrenamientos y capacitaciones para lograr que el deporte fuera más seguro, como también que se respetara la naturaleza. 

Ochenta y dos años después, la institución no está tan centrada en la conquista de altas cumbres -aunque hay socios que tienen un buen número de cimas alcanzadas-, como en acercar la práctica a personas de todas las edades.

Desde abril a noviembre funcionan las escuelas de montaña y de palestra; durante todo el año, una vez al mes, se realizan salidas grupales de senderismo. 

"Cuando uno camina en la montaña corre los miedos. Es una constante auto-superación", aseguraba Patricia Garis, presidenta del CAM. Explica que el caminante se enfrenta a un ambiente hostil sólo con lo que lleva en la mochila y que eso hace que lo cotidiano se vea desde otra perspectiva.

Sobre todo, cuando se han tenido que soportar bajas temperaturas, cansancio o hasta hambre y sed.

Pero también cuenta que en las salidas de senderismo se suelen compartir asados, hay tiempo para charlar y conocerse, y las edades de los participantes oscilan entre los 6 y los 75 años.

 La mujer define a esta actividad deportiva no competitiva como el "diamante" del club, ya que ha acercado a un gran número de personas al CAM (en la actualidad son 250 los socios, aunque también pueden sumarse a estas salidas quienes no lo son).

Es que el senderismo, detalla Garis, se practica en unas pocas horas de caminata y no es necesario tener entrenamiento previo. 

De hecho, ella misma se ligó a la montaña hace pocos años y sostiene que previamente "no caminaba ni a comprar pan". Sin embargo, un amigo integrante del CAM le insistió para que fuera a una salida hasta la cascada de El Salto.

Si bien a las 48 horas le dolían mucho las piernas, después se sumó a otra excursión, esa vez a Plaza Francia, uno de los campamentos en el cerro Aconcagua.

"En mi vida he tenido tanto frío", comenta con una sonrisa y asegura que en la altura encontró la libertad. Hasta entonces dedicaba su vida al trabajo y nunca se sentía satisfecha; en cambio, con la escalada experimentó el "sí puedo, llegué".

La escuela de montaña

Para quienes quieren aprender a sobrevivir en alta montaña existe una capacitación que se extiende durante un año, con cursado una vez por semana y salidas a terreno una vez al mes.

Quienes egresan no tienen un título habilitante pero se reciben de "montañeses" con conocimientos que abarcan desde meteorología hasta flora y fauna, cómo alimentarse y de qué manera calcular los tiempos -entre otras cosas- impartidos por diversos especialistas. De hecho, antes de aprobar deben rendir un examen teórico y otro técnico. 

Patricia Garis explica que no realizan salidas a más de 4.000 metros de altura con quienes no han pasado por esta escuela de montaña, ya que los egresados cuentan con las herramientas para saber qué tienen que hacer antes y durante el ascenso -que puede incluir escaladas-, pero también cómo comportarse si algo sale mal. 

Javier Molina (36) es uno de los egresados y también uno de los participantes de la expedición 80° aniversario que hizo cumbre en el Aconcagua en febrero. El joven explicó que en la escuela aprendió a orientarse, cómo vestirse, nociones de supervivencia y cómo darse cuenta de que está en una situación riesgosa.

Para él fue su primer ascenso a la cima del "Coloso de América", aunque tiene varios otros cerros conquistados. Subrayó lo importante de ascender con amigos que conoció en el Club ya que, de ese modo, es más sencillo enfrentar las condiciones adversas. 
Los precursores

Hace 80 años la montaña era sitio para unos pocos. En esas épocas no existía ropa térmica ni elementos especiales para las condiciones de altura. Algunos andinistas usaban pesados borceguíes de cuero, como los de los militares, y les ponían clavos desde adentro para que se agarraran al hielo.

También solían llevar carpas de lona untadas con grasa de oveja para impermeabilizarlas. Aun más: para emprender el camino hacia el Aconcagua salían caminando desde Puente del Inca y ellos mismos subían sus equipos y las provisiones para 15 días.

Varias de esas historias de los pioneros y de los “primeros 25 años en la exploración y conquista de nuestras montañas” están reflejados en un libro que escribió Alfredo Magnani, quien  falleció en 2011.

Mucho más acá en el tiempo, pero con 30 años como socio en la institución, Jorge Giaquinta (59) cuenta que empezó con el “Coloso de América” en la mira y recuerda que en los '80 los visitantes al cerro eran pocos.

Entonces, cuando no era posible consultar internet, la biblioteca del Club Andinista Mendoza era muy útil para conseguir información. La institución era, además, un centro de referencia para locales y extranjeros, y gracias a ese intercambio los asociados podían viajar a otros países con mayor facilidad. 

Palestra y refugios propios

En la sede del Club Andinista Mendoza, ubicada en calle Fray Luis Beltrán 357 de Guaymallén, hay una palestra de 15 metros de altura con la que se puede practicar escalada indoor y, por supuesto, se realizan los ejercicios de la escuela de palestra. Pero, además, la institución cuenta con dos refugios en alta montaña. 

Con apenas unos meses de existencia, en 1935, el CAM organizó una colecta para recaudar fondos y recuperar uno de los galpones de la estancia El Salto para destinarlo a un refugio. Sin embargo, hubo diferencias con los propietarios del predio y no pudieron utilizarlo.

En la actualidad, la institución cuenta con otros dos, ambos ubicados en Los Vallecitos. Uno se denomina Humberto Ré, en homenaje al fundador y primer presidente de la entidad, y otro Mausy, para recordar a María Canals Frau, socia que falleció en el Aconcagua en 1947.

Objetivos del CAM 

Los visionarios propósitos que inspiraron a los fundadores, tanto en lo referido a los principios éticos que deben regir la actividad en la montaña, como la protección de la naturaleza, quedaron claramente enunciados en aquella oportunidad y posteriormente incorporados a los Estatutos del CAM en su artículo 2º. 

Ellos fueron: a) Cultivar los deportes de montaña; b) Organizar excursiones, conferencias, cursos y reuniones culturales y sociales, contribuyendo a inculcar el amor hacia la naturaleza; c) Organizar la creación y desarrollo del servicio cordillerano de baqueanos; d) Divulgación literaria, científica, guías, mapas y noticias deportivas; e) Contribuir al estudio geográfico argentino; f) Dedicar especial preferencia a la práctica de la cultura general: física, moral e intelectual; g) Prestar su concurso a las entidades nacionales y extranjeras y a los torneos que se organicen para el fomento y desarrollo de los deportes; h) Propender a que los clubes deportivos se transformen en verdaderas academias populares teórico-prácticas de higiene, primeros auxilios, orientación en el deporte y gimnasia pre-deportiva; i) Propender a la creación de una ley nacional de educación física.

Quedó con ello claramente establecido como ideal para el hombre de montaña interpretar la ascensión no como un n en sí mismo sino como parte de un todo, en el que prevalezca el concepto de un mundo configurado por los elementos culturales, religiosos y étnicos; por la pasión de explorar, por la vocación de aventurero, por el consentimiento de sí mismo y del propio universo, todo ello dentro de un marco de profundo respeto a la naturaleza.

Primera Comisión Directiva

Presidente: Humberto Re

Vicepresidente: Eduardo Carette

Secretario: R.L. Livellara

Pro-Secretario: Luis Anmella

Tesorero: Armando Perone

Pro-Tesorero: Joaquín Casanovas

Vocales: Miguel Gossler, Mauricio Marlangeon, Juan Semper y José Mendoza

Sub-Comisiones: Excursiones, Rutas y Refugios: Miguel Gossler. Propaganda: R.L. Livellara; Conferencias, Reuniones de carácter científico,

Exposiciones y Boletín Mensual: E. Carette, H. Re y E. Gómez.