Fincas Guarda14 Sábado, 16 de marzo de 2019 | Edición impresa

Aldo Biondolillo: “Mejorar la genética de la uva permitirá que no desaparezca el viñatero”

El ex-profesor de economía agrícola de la UNCuyo logra abordar la viticultura desde diferentes perspectivas.

Por Mauricio Videla - mvidela@losandes.com.ar

En tiempo de Vendimia, cuando aún apura la discusión del precio de la uva y los porcentajes de diversificación vitivinícola, Aldo Biondolillo aborda la industria desde diferentes planos, apostando a las mejoras genéticas y a clones de mayor calidad.

-¿Desde hace cuánto están trabajando en el desarrollo de clones plantales y en qué fase está el proyecto?

-En Tempus Alba tomamos al Malbec como un factor estratégico para el desarrollo empresario en nuestra Bodega. Es estratégico porque decidimos conocerlo en profundidad para extraer su máximo potencial genético. 

 

Esto lo hicimos por medio de un programa, que nació hace 18 años, para hacer una selección clonal de la variedad emblemática argentina. Este trabajo comenzó en el año 2.000 con un viñedo de 8.000 plantas, en Maipú, compuesto por materiales provenientes de todas las regiones vitícolas de Mendoza y así constituimos un banco genético con el propósito de contar con la mayor variabilidad posible. 

En el desarrollo de esta tarea no estuvimos solos, fuimos asistidos por el Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación, por medio del programa llamado Fondo Tecnológico Argentino (Fontar).

-¿Qué resultados lograron?

-Al cabo de cuatro años, cuando las primeras plantas estuvieron en producción, hicimos una preselección visual de aquellas que se asemejaban a las descripciones morfológicas realizadas por los grandes viticultores -de mediados del siglo pasado- del INTA y la Facultad de Agronomía. Fueron elegidas 589 plantas, que a futuro podían ser cabeza de clon; las replantamos en Anchoris pero esta vez con repeticiones. Fueron hileras completas y allí se inició la etapa de selección cualitativa y más rigurosa en términos científicos y técnicos. Realizamos entre otras labores análisis físico-químicos, micro-vinificaciones, cata de vinos a ciegas, y con todos esos elementos cumplimos con los objetivos que nos habíamos trazados para la segunda etapa, resultando 16 clones de probada calidad vitícola superior.

 

Ahora transitamos una tercera etapa, de trasferencia de esta genética mejorada a nuestros colegas. Hoy estamos cosechando las uvas clonales con procedencias muy distintas como Anchoris o Cafayate.

-¿Cómo reaccionan los clones a los diferentes terroir?

-Analizamos poder cuantificar esa interacción y hablar con autoridad de un tema que está sobrevaluado, tanto desde el terruño, como de la variedad y la genética. Esto no es tan simple, el vino es el resultado de la genética, del terroir y del manejo que realiza el vitivinicultor y el enólogo en la bodega.

-¿Y el agua?

-El agua es muy importante para esa ecuación de calidad, pero tenemos que tener en cuenta también que hay trabajar para los cambios climáticos, para adaptar la genética de la planta para cuando el agua sea escasa. La intención es que la vid pueda adaptarse a nuevas zonas de cultivo, a la disrupción provocada por el clima y a los problemas hídricos. 

 

-¿Cómo se prepara la industria para poder asumir estos cambios?

-Estamos ofreciendo uvas con más del doble de color que un Malbec promedio. Son variedades que han desarrollado una piel más gruesa y por lo tanto son más resistentes al clima o a las enfermedades. Esto tiene que ver con la utilidad de nuestro trabajo y la adaptabilidad del Malbec a  los cambio climático en 20 o 30 años. 
Estamos obteniendo resultados cualitativos del Malbec producido con asignaciones eficiente de agua (como el riego por goteo); estamos evaluando como repercutirá en la industria, si tendrá rentabilidad.   

El principal beneficiario de todo nuestro trabajo tiene que ser el productor, porque el desarrollo técnico redundará en su rentabilidad en el tiempo. Mejorar la genética del producto permitirá que no desaparezca el viñatero, que siga desarrollando una actividad digna y que le brinde prosperidad. Él es el primer eslabón de la cadena y su calidad derramará en las bodegas que le compran, teniendo la chance de una discusión por el precio de la uva de igual a igual. 

 

-¿Cómo se expresa la tecnología de Mendoza? 

-El trabajo en la bodega como máximo solo puede mantener la calidad que se da en el viñedo, difícilmente pueda ser al revés. Desde los aspectos técnicos, desde el conocimiento se puede hacer un aporte de calidad, pero no puede hacer magia ni ir más allá de la uva. En ese trabajo hay una viticultura de precisión (riego de goteo, relevamiento satelital del clima, facilitar la planificación de tareas culturales), esto puede  transferirse a la bodega y hablar de una enología de precisión. Este concepto, en el que estamos comprometidos, no pretende sustituir al enólogo sino dotarlo de datos científicos para que pueda elaborar vino expresando todo su arte.

-¿Se puede transferir?

-Es el desarrollo que nos hemos propuesto con un grupo de viticultores, el de poder contribuir a la reconversión productiva de la zona Este, porque es un eje muy importante para la industria y también una gran fuente de empleo. Tenemos un camino recorrido y sabemos que se puede fortalecer la genética de una variedad de uva para buscar otros canales de comercialización, como el mosto o vino a granel.

Perfil: Aldo Biondolillo

Es propietario de la Bodega Tempus Alba. Sus vinos de alta gama han logrado éxito y reconocimiento.

Fue director del Instituto de Economía y Sociología Rural (INTA), fue gerente de Agroindustrias para la firma José Cartellone y hasta 2012 fue profesor invitado de la cátedra de Economía Vitivinícola en la UNCuyo.

En 1972 se tituló en la Universidad de Minesota en economía agrícola.