Sociedad Domingo, 13 de septiembre de 2015 | Edición impresa

Steve Wozniak: “Steve Jobs no sabía nada de computadoras”

El hombre que junto a su amigo cambió la historia de la computación pasó por Buenos Aires. Allí dio su versión del origen de Apple, lejos de como lo cuentan las películas de Hollywood. Y hasta fue un poco duro con su antiguo -y ya fallecido- socio.

Por Leonardo Rearte - Enviado especial a Buenos Aires

La historia ha sido contada así por Hollywood: hubo un genio, un visionario, un tipo carismático y de agraciado rostro que se llamaba Steve Jobs; y que, siendo apenas un púber, fundó Apple en el garaje de su casa.

Y -según los guionistas de las biopic que se conocen hasta la fecha- detrás de él deambulaba un personaje secundario, un nerd, poco más que un técnico calificado, feo y desaliñado, que se llamaba Steve Wozniak.

Pero más allá de la magia del cine, lo cierto es que los dos eran socios de Apple; que la Manzana no hubiera sido la empresa más poderosa del mundo con la ausencia de alguno de ellos; y que ¡nunca hay que creerle a Hollywood!

Woz, bien fornido, informal, todo de negro, y muy sonriente, pasó por Argentina para dar una conferencia durante la noche del viernes, en La Rural de Palermo. Fue una narración apresurada de los primeros días de la empresa que, en los tardíos ‘70, se llamaba Apple Computer, y que después, ya sin él en la junta directiva, iniciaría la revolución de los iPod, iPhone y iPads.

Quedó claro: su objetivo frente a las 700 personas, entre invitados, prensa y fanáticos de la Manzana que pagaron $ 2.000 para verlo, fue desterrar algunos mitos: “La gran idea de mi vida fue notar que podía hacer mi propia computadora, a bajo costo, conectándola a un televisor. Yo era parte de un club de nerds que teníamos ese hobby…   Y yo llevé a Steve Jobs a ese club donde nació todo. ¡No le crean a las películas! -levantó la voz-. ¡No fue él quien me llevó a mí! ¡Yo era la estrella! ¡Yo era la estrella!”, dijo y el auditorio fue todo risas. 

La semilla de la manzana 

Wozniak (1950), desde chico, tuvo un sueño: “Quería tener mi propia computadora. Mi padre me dijo que salían tanto como una casa. ‘Entonces yo viviré en un departamentito’, le respondí”, comentó en el estrado, al lado de Facundo Manes, el famoso neurocirujano argentino que ofició de presentador en el evento. 

La familia (inmigrantes, el padre era de origen polaco y la madre, alemana) fue clave para que el pequeño Steve, en California, Estados Unidos, se mantuviese firme en la idea de construir su propio dispositivo. “Yo era feliz probando, soldando, y siempre en la búsqueda de hacerme una computadora para mí, recurriendo a componentes de bajo costo. Yo creo que el no tener dinero fue una suerte, porque me impulsó a crear cosas”, sostuvo. 

Aquí es cuando entra el muchachito de la película: “Conseguí trabajo en HP, donde hice calculadoras científicas, y luego en mi casa seguía con mis propios proyectos. Un amigo me presentó a Steve Jobs, con quien compartíamos el gusto por las bromas y Bob Dylan. Íbamos a conciertos juntos, la pasábamos bien.

Y fue Steve quien, cuando vio lo que yo hacía con los chips, dijo: ‘¡Mirá, yo con esto puedo hacer dinero!’”, y otra vez, las carcajadas.

“Él era un empresario maravilloso. Y siempre funcionábamos así: yo hacía las computadoras y él veía cómo hacer dinero con ellas”, describió. 

Luego, fue un poco más duro con su ex socio, fallecido en 2011: “Steve Jobs no sabía nada de computadoras. No entendía a la tecnología de entonces. Tampoco es cierto lo que dicen las películas sobre que había un garaje donde discutíamos cómo hacer las computadoras.

¡Todo salió de mi mente! Yo hacía la parte tecnológica y Steve se encerraba en su cuarto a hablar por teléfono para hacer las ventas. El famoso garaje de la casa de los padres de Jobs -hoy prácticamente un lugar de peregrinación para fanáticos de Apple en Silicon Valley- se usó un par de veces por año. Trabajábamos cada uno en su casa, mayormente”.

Así fue como nació el Apple I (1976) y el Apple II (1977), pioneras de la era de oro de las microcomputadoras, en una época donde la informática era sinónimo de IBM y de máquinas que ocupaban habitaciones enteras.

El Apple II fue realmente una proeza técnica de Wozniak, y durante años, mantuvo el récord de ser la computadora más vendida de la historia. Era relativamente barata, funcional y había conseguido que desarrolladores crearan planillas de cálculos y procesadores de textos fáciles de usar. 

Impulsados por este suceso, Jobs y Wozniak lanzaron luego la computadora Lisa y el primer Mac, pero ya nada sería igual. “Nos equivocamos, no supimos esperar. Jobs cometió el error de mostrarle a Microsoft todo lo que habíamos conseguido hacer con la Mac y ellos después, gracias a eso, lanzaron Windows.

Además, las sacamos rápido al mercado, sin esperar que los componentes bajaran de precio, así que tuvimos que ponerlas a la venta con un valor muy elevado. Yo noté además que la personalidad de Jobs había cambiado. Cuando empezamos, nos divertíamos, hacíamos bromas, pero después se puso más solemne, serio”, dijo. 

Primero, echaron a Jobs de su propia compañía, tras una maniobra de la junta directiva encabezada por John Sculley, ex CEO de Pepsi, que el propio Steve había ido a buscar para comandar la empresa. Después, se fue el “mago de Woz” (como lo presentaba la prensa), conmocionado tras superar un accidente que sufrió en su avión privado, y también algo aburrido de las tareas que tenía que hacer en la empresa que había fundado, casi sin querer. 

Varios años después, en 1997, cuando Apple estuvo a punto de quebrar, fueron a buscar a Jobs como salvador. Y entonces, por primera vez como CEO, el de las poleras negras brilló con las iMac, los iPod y los iPhones.

“Steve no era un ingeniero, creo que encima no le gustaba la parte técnica del asunto. Por eso quería que las computadoras fueran para gente normal como él. Para seres humanos. Y eso hizo que con su vuelta, con él más reflexivo y maduro, Apple se convirtiese en lo que es hoy”, remarcó su viejo amigo.

Woz hoy disfruta de viajar por el mundo “y charlar con gente de diferentes profesiones. Me gusta inspirar a los jóvenes para que, incluso, en los lugares más remotos del mundo se animen a llevar a cabo sus propios sueños. Como pudimos hacer nosotros”. 

Los tiempos han cambiado, y hoy Wozniak es un ícono que participa de programas de TV (tuvo un pequeño papel en “The Big Bang Theory” y fue parte del “Bailando” norteamericano), es seguido por miles de fanboys (como se conoce a los fanáticos de Apple) y se da el lujo de dar multitudinarias conferencias como la que, el viernes, en Argentina, fue filmada y fotografiada por cientos de móviles. Muchos de ellos, con una manzanita en el dorso.

El calor de los fanáticos 

A la conferencia de “The Woz” (como se presentaba en los ‘80) concurrieron medios de todo el país, y también fanáticos que no dudaron pagar $ 2.000 para asistir a la conferencia y hasta $ 3.000 más para formar parte del selecto grupo del Meet and Greet en donde Wozniak, como un rockstar, se sacó fotos durante algunos minutos en un vip del salón central de La Rural. 

Antes de pasar al salón, ni bien terminó la charla, el fundador de Apple recibió como regalo una figura de Darth Vader con su rostro, modelada por una impresora 3D. Y también firmó un Apple II, propiedad del Museo de la Informática de Buenos Aires.

El hombre que quería ser maestro

Woz asegura que pocas cosas lo desvelan tanto como la educación. “Siempre supe que la educación es el cimiento del progreso. Yo, de chico, quería ser ingeniero y también maestro. Pero creo que el aprendizaje formal no genera creatividad. Los chicos deberían seguir, desde muy pequeños, una línea de aprendizaje que tuviera que ver con sus intereses.

Con los temas que realmente los motivan. Hoy eso no se puede hacer porque la estructura escolar requiere un maestro para treinta chicos o más. ¿Pero si tuviéramos un profesor para cada alumno? Quizá en el futuro las computadoras puedan ayudarnos en esto, y que cada alumno pueda seguir durante toda su formación una línea de conocimiento ligada a sus intereses”, sostuvo.

También se mostró muy optimista con el futuro de la inteligencia artificial. “Prefiero creer que siempre las computadoras estarán allí para ayudarnos. Incluso cuando llegue el día en el que sean más inteligentes que nosotros… Pero como eso sucederá en 100 años o más, tampoco me preocupa demasiado (risas)”.