Sociedad Domingo, 26 de febrero de 2017 | Edición impresa

Sendas Incas: caminos y pasos andinos del centro-oeste argentino

Vías y tránsito de todos los tiempos

Por J. Roberto Bárcena - Inchihusa-Conicet; UNLaR

San Martín daba cuenta al Gobierno de Buenos Aires, desde el Cuartel General de San Felipe de Aconcagua, el 8 de febrero de 1817, sobre los avances de la gesta libertadora andina, haciendo hincapié, entre otros asuntos destacables, que: “El tránsito solo de la sierra ha sido un triunfo” enfatizando, más adelante, una explicación de su dicho: “... figurarse la mole de un ejército, ... por un camino de cien leguas, ... cortado por cuatro cordilleras”, que “... es el camino de los Patos que hemos traído”.

Tamaño logro por éste y los otros caminos practicados por el Ejército de los Andes, implicó estudios previos, incluyendo logísticos en relación ambiental y labor de inteligencia, de expertos en  comunicaciones y registro topográfico.

Asimismo se consultó y contó con arrieros y baqueanos, no descuidándose considerar antiguos conocimientos y  relictos de pretéritas sendas o de infraestructuras de caminos y áreas de refugios, atribuibles a culturas pasadas.

Al considerar tres de las vías trasandinas utilizadas que mejor conocemos por nuestros trabajos documentales de archivo y arqueológicos de campo, no sorprende hoy hablar de la evidencia indígena regional y de la presencia incaica, por citar dos, antiguas y características, que prueban el tránsito asiduo por los Andes de Uspallata, de los Patos y de Comecaballos, áreas conspicuas en la estrategia sanmartiniana, de Mendoza, San Juan y La Rioja.

Desde la arqueología señalamos la existencia de materiales en estos caminos y pasos que se remontan a milenios, indicando la posibilidad, aunque más no fuera estacional, del uso de los ambientes de altura por ambas vertientes cordilleranas y del tránsito entre ellas, por parte de las etnias regionales.

Tránsito y paso andino adquiere magnitud de epopeya cuando en el siglo XV son protagonistas los incas -contando con la participación, bajo determinadas condiciones, de una parte de aquellas etnias-: con objetivos de dominación desplazan, con movilidad principalmente pedestre, huestes, animales y cargas, a diferencia de la ecuestre sanmartiniana, en pos ésta de la independencia de otra dominación, hispánica, que se había impuesto sobre la primera nombrada.

Una dominación, inca, facilitó el camino de la hispánica, que en los Andes se verá superada y finalmente colapsada por las armas de los ejércitos libertadores, en avance triunfal, en sentido inverso al incaico, de la periferia al centro peruano.

Hoy no llama la atención, por lo menos como novedad, la infraestructura incaica de caminos y tambos, entre otros. 

Ésta ha sido incorporada, por su valía y el trabajo profesional del que participamos, a la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco según evidencias escogidas del patrimonio cultural de las tres provincias citadas del centro-oeste argentino (para Mendoza, baste citar los sitios incaicos, tambos, de Ciénaga de Yalguaraz, Tambillos, Ranchillos, Tambillitos y el camino que los une).

No sorprende entonces que también en aquellos tiempos sanmartinianos, desde Canota y el 19 de enero de hace doscientos años, se valorice, según las órdenes de Las Heras y del propio San Martín, la función de la antigua Estancia Tambillos, que toma su nombre de la instalación inca de sus terrenos y que, desde época colonial, es propiedad de la familia Zapata, disponiéndose que se traiga de allí “todas las reses que se pueda reunir” y que se ordene al “capataz de los Tambillos” que establezca una posta de Tambillos a Yalguaraz, para “llevar y traer las comunicaciones del Ejército”, que no dudamos debió desplazarse por el camino incaico que une las dos localidades, camino que según hipótesis habría transitado el propio San Martín (Yalguaraz) para alguna reunión con Las Heras (Uspallata).

Es muy conocido regionalmente, -y lo hemos recorrido y prospectado muchas veces-,  el antiguo derrotero de Uspallata a los pasos de La Cumbre (Iglesia) y Bermejo, como asimismo lo es la persistencia de la impronta indígena local, la incaica -cuyos vestigios continúan al oeste de Tambillitos y en la vertiente chilena- y la del tránsito colonial de correos, viajeros y arrieros, algunos de cuyos refugios de altura del siglo XVIII persisten (“Casuchas de la cordillera”).  

Transitamos asimismo en varias oportunidades, a pie y lomo de mula, de Yalguaraz por Ureta/Uretilla al paso del Espinacito, para avanzar por el Yeso al Valle de los Patos y de éste subir las diferentes vías de altura a Chile, tras la evidencia de la presencia indígena y, con ésta, la propia de la dominación incaica.

En nuestro avance hallamos sendas de herradura jalonadas con hitos sanmartinianos, por lo que motivaba pasar por las “Trincheras de Soler”/“de San Martín” u otros que la historiografía y algunas evidencias de aquel lapso puntual del pasaje libertador, permitían indicar sobre el terreno.

Del fogón por la noche, recordamos las anécdotas de nuestros baqueanos y de pastores chilenos en su veranada de los Patos, sobre la otrora propiedad binacional de la familia Álamos y los arreos trasandinos que rememoraba el papel de la estancia Los Manantiales en la epopeya suramericana.

Prospectar por los valles, quebradas y pasos: Hermoso, La Fría, Honda, Llaretas, Teatinos y otros, nos develó la presencia indígena de milenios. Por citar un hallazgo notable, en el propio paso de Valle Hermoso, del lado argentino del límite reconocimos estructuras pircadas de época incaica: un pequeño tambo, propio de la planificación inca y que se relaciona con el paso de un camino transversal al encuentro de una vía principal, longitudinal en los Andes chilenos.

Las construcciones de Valle Hermoso, reutilizadas por los peones de los arreos de la familia Álamos, podrían ser las que H. Bertling (1917) sugiere como propias del Ejército de los Andes, “campamento de San Martín”, coincidiendo nosotros sólo en que pudieron reutilizarse durante esa campaña, incluso modificándolas.  

Dedicamos años de labor a los pasos cordilleranos de La Rioja, tras las evidencias incaicas (que datan del siglo XV y principios del XVI), de Diego de Almagro (de lapso puntual en 1536, camino del Copayapo del Chili de entonces), de la epopeya sanmartiniana de 1817 (columna de Dávila y Zelada hacia Copiapó por Comecaballos) y de los arrieros del tránsito bovino y equino a Chile (siglos XIX y principios del XX).

Prospecciones, excavaciones arqueológicas y estudios documentales referidos al área al oeste de Laguna Brava, entre los Pasos de Pircas Negras y La Ollita, nos permitieron reconocer sitios de las poblaciones indígenas regionales, reutilizados en época incaica y posteriormente por los arrieros en su tránsito a Chile. Asimismo, determinamos sitios y sendas netamente incas, reconociendo igualmente las instalaciones, refugios de arrieros de la segunda mitad del siglo XIX, propias de la logística para el pernocte de personas y animales en su pasaje trasandino.

Señalamos  la evidencia de partes de armas de distintas épocas, que a las puntas de proyectil indígenas, suma la de piedras de chispa, propias de los fusiles utilizados hasta mediados del siglo XIX, como los portados por el Ejército de los Andes (en éste un soldado podía ser abastecido con 100 “tiros” y 5 piedras de chispa).

Los pasos riojanos nombrados, al igual que otros intermedios -Barrancas Blancas, Comecaballos, Peñas Negras, y sus “desechos”-, presentaron pircas y/o materiales culturales, sitos hasta en el cruce propiamente dicho (algunos sobrepasan los 4.500 msm) y cuya antigüedad, según casos, alcanza los últimos ocho milenios.

Por la datación absoluta (C14, TL) de algunos de los vestigios, pudimos relacionarlos con poblaciones agro-alfareras de los siglos VIII y IX dC, que ascendían con propósitos de caza o bien transitaban entre ambas vertientes, como el caso de Comecaballos, donde un esqueleto indígena, sito prácticamente en el paso, data del siglo IX y podría indicar ese tránsito.

Tambos incaicos de diversa envergadura pueblan el área, incluso en los pasos propiamente dichos, continuando otros, con sendas empedradas anexas, del lado chileno. 

En otros casos, por ejemplo cerámica confeccionada con torno, la data es del siglo XVI, lapso de las primeras huestes hispánicas por la zona (el avance de Diego de Almagro en 1536 bien pudo ser por alguno/s de los referidos Pasos de Pircas Negras, de Comecaballos o bien de La Ollita, entre otros posibles).

Entre otros, siguen luego las mencionadas evidencias de siglos más recientes, como los usos de arrieros o el propio de la columna Dávila-Zelada por Comecaballos.

Las evidencias señalan los antiguos y nuevos pasos por estos caminos andinos de altura de La Rioja, San Juan y Mendoza, que San Martín y el Ejército de los Andes aprovecharon en pos de la libertad e independencia, cuya realidad continuamos rememorando y festejando doscientos años después.  

Referencias

Bárcena, J.R. 1999. “Contribución a los estudios interdisciplinarios, arqueológicos y etnohistóricos, sobre la dominación inca en el Centro oeste argentino”. XII CNAA, I: 163-178. UNLaPlata.

Id. 2016. “Los pasos trasandinos de La Rioja (Argentina). Inferencias sobre el probable derrotero de  Diego de Almagro”. XIX CNAA, pp. 1830-1836. UNTucumán.

Bertling, H. 1908. “Documentos históricos referentes al Paso de los Andes efectuado en 1817 por el General San Martín”. Concepción.      
Id. 1917, 2da. Edición. “Estudio sobre el paso de la Cordillera de los Andes efectuado por el Jeneral San Martín en los meses de enero i febrero de 1817”. Santiago de Chile.