Opinión Sábado, 9 de agosto de 2014 | Edición impresa

San Martín, gobernador de Cuyo

Por Marcelo Calabria - Presidente del Ateneo Cultural Sanmartiniano Cuna de la Libertad. Miembro de la Asociación Cultural Sanmartiniana Mi Tebaida.

 En esta nota recordamos el Bicentenario de la Designación de José Francisco de San Martín como gobernador intendente de Cuyo, nombramiento ocurrido el 10 de agosto de 1814 situando a Mendoza, San Juan y San Luis en el centro de la escena americana, transformándolas en el núcleo político, económico y militar desde donde se logró la independencia de América del Sur.

Durante agosto recordamos de manera especial al ilustre vecino de Mendoza, José de San Martín. Pero este año en el que transitamos un nuevo bicentenario de los que integran el período que abarca desde 2010 a 2016 y en que destacan las fechas más importantes de nuestro proceso independentista, evocamos de manera especial a uno de nuestros padres fundadores, al cumplirse los 200 años de su designación como Gobernador Intendente de Cuyo, 1814 - 10 de agosto - 2014.

Como Gobernador, San Martín iniciará una intensa actividad gubernativa para convertir a la provincia en una nueva fuente de recursos para la causa de la independencia excitando los sentimientos patrióticos de sus habitantes y obteniendo así la colaboración del pueblo cuyano.

Desde su "Ínsula Cuyana" mantendrá comunicación con todos los referentes políticos y militares de las Provincias Unidas del Río de La Plata convirtiéndose en el principal impulsor y guía del Congreso de Tucumán, en tanto que pondrá en pie de guerra al Ejército de los Andes con el que concretará la gran hazaña de cruzar el macizo andino y comenzar su campaña de liberación de América del Sur.

La adhesión de José Francisco de San Martín a la causa americana se hizo palpable desde el momento de su llegada al Plata el 9 de marzo de 1812.

Pocos días después creará el Regimiento de Granaderos a Caballo, germen del ejército profesional patriota, al mismo tiempo que intervendrá de forma directa en los asuntos de gobierno a través de su activa participación: primero, en la Logia de Caballeros Racionales y luego Logia Lautaro, sociedades políticas secretas por la que los patriotas darán nervio y sentido al plan revolucionario iniciado por Moreno, Belgrano y Castelli en Mayo de 1810.

Después de un breve paso por el Ejército del Norte donde mantendrá contacto por varios meses con su hermano de causa Manuel Belgrano y con el jefe de los gauchos de Salta, Martín Miguel de Güemes, con quienes organizará la defensa de la frontera del Alto Perú, se retira a Córdoba y desde allí pedirá al director, Posadas, su traslado a Mendoza a partir de su nombramiento como Gobernador Intendente de la recientemente creada Provincia de Cuyo desde donde desplegará todo su genio político, administrativo y militar que le permitirá convertirse en el árbitro de la política rioplatense y en el líder del proceso revolucionario.

A través de los diputados por Cuyo: Francisco Narciso de Laprida y Fray Justo Santa María de Oro por San Juan; Tomas Godoy Cruz y Juan Agustín Maza por Mendoza - y Juan Martín de Pueyrredón por San Luis, todos quienes actuaban bajo el influjo y órbita política de San Martín, pugnará hasta el cansancio por la reunión del Congreso de Tucumán y la Declaración de la Independencia, neutralizando la política localista del gobierno de Buenos Aires y tratando de zanjar las diferencias en el Litoral entre el Gobierno Central y Artigas; en el norte, entre Güemes y Rondeau.

También en las provincias donde  los caudillos comenzaban a jugar un rol central.

En Mendoza, San Martín no cesará en su prédica y en permanente comunicación con sus amigos Belgrano y Guido, con el Director Pueyrredón y con los diputados que integran el Congreso Soberano, intentará encauzar y contagiar a todo el espectro político y militar de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Chile y Perú de su flama libertadora, sorteando obstáculos, muchas veces solo, en una lucha desesperada contra el tiempo y, por sobre todo, con muy pocos recursos; pero siempre con la mente, la voluntad y el espíritu fijo en su misión: la Libertad de América.

El gran americano que hoy evocamos, modelo de líder en todo el mundo y que antepuso su destino, familia, bienestar y a veces hasta su propia vida en pos de la misión a la que se consagró, demostró en su vida una total coherencia de pensamiento, palabra y acción lo que, como el mismo decía:

"le dio el derecho a ser creído" pues su palabra empeñada se traducía en una cuestión de honor; en cada batalla librada, acción de gobierno, proclama, ley o decreto que salió de su pluma, nos legó su ejemplo de gobernante probo, honesto y transparente consagrado al servicio del pueblo.

En el mundo actual donde la crisis de liderazgos es tan evidente, en el que millones de personas sufren hambre, pobreza y la desolación de la guerra; y en el que las clases dirigentes parecen indolentes ante tanto horror; sin lugar a dudas necesitamos ejemplos de líderes comprometidos y que trabajen incansablemente por la causa de los pueblos.

Por ello inmortalizamos al Libertador de América José Francisco de San Martín como verdadero ejemplo de conductor y modelo de líder a seguir, esperanzados en que los dirigentes actuales de nuestra patria chica: Argentina y nuestra patria grande: América, tomen su ejemplo y hagan de San Martín su guía y modelo para las decisiones que a diario les toca adoptar en bien de toda la sociedad.