Sociedad Jueves, 19 de marzo de 2015 | Edición impresa

Piojos argentinos mutan para resistir

En el Conicet estudiaron por qué las sustancias que antes los eliminaban perdieron efectividad. Aseguran que la mejor herramienta es el peine fino, ni vinagre ni palo amargo. Mitos y verdades.

Por Verónica De Vita - vdevita@losandes.com.ar

Cualquier padre de un niño que vaya a la primaria podrá relatar  cuántas veces por año se encuentra en la meticulosa tarea de pasar el peine fino mechón por mechón en la cabeza de su hijo. El asunto es que los piojos siempre vuelven y por ello una y otra vez vuelve a apelarse al pediculicida. 

Debido a esto, los especialistas aseguran que estos pequeños bichitos han desarrollado resistencia a las sustancias que tanto se usan para combatirlos y por ello se necesita cada vez más dosis. 

El área de Entomología del Centro de Investigaciones de Plagas e Insecticidas del Conicet ha buscado conocer cuáles son las causas por las cuales se ha vuelto inmune a los insecticidas piretroides, los que se han usado durante décadas para el tratamiento.

“Vimos cuáles son los mecanismos moleculares involucrados en la resistencia tan grande a la permetrina (el más común de este tipo de productos)”, explicó Ariel Toloza, doctor en Ciencias Biológicas, investigador de esta área y miembro del proyecto que elaboró el sitio www.sobrepiojos.com de donde se pueden descargar diferentes materiales.

“Encontramos que hay mutaciones en piojos de Argentina que ya se habían detectado en otros lugares del mundo y están presentes en varias localidades del país; esto permite entender por qué los productos dejaron de funcionar y así buscar compuestos con un modo de acción diferente”, explicó. 

En 2009, una investigación de esta misma entidad había concluido que los piojos son cien veces más resistentes que hace una década.
El profesional aclaró que estos productos con permetrina se siguen vendiendo y hay casos en los que dan resultado, pero que sin embargo la herramienta más efectiva sigue siendo el peine fino. Este debe pasarse periódicamente: lo ideal es cada dos o tres días y como mucho cada una semana. 

Los últimos años el mercado ha ofrecido alternativas con otros principios activos, pero su costo duplica y hasta triplica el de los más tradicionales por lo que no son accesibles a todos y menos si se tiene en cuenta que los tratamientos se repiten periódicamente por la reinfestación. 

El investigador señaló que un indicador para saber cuándo se debe optar por un tratamiento conjunto con apoyo de un pediculicida es el hecho de encontrar más de diez o quince piojos. 

Mitos y verdades

El comienzo del ciclo lectivo es momento propicio para abordar el tema ya que el ámbito escolar suele favorecer la infección. Sin embargo, el calor no dio tregua. “Este verano hemos vendido más pediculicidas que en época escolar”, comentó una farmacéutica. 
El nombre científico es Pediculus humanus capitis, vive 30 días y se alimenta de sangre. 

Es algo tan instalado que hasta suele aceptarse como algo casi normal durante la infancia, pero  los pediatras alertan sobre las consecuencias de convivir “colonizado” como la posibilidad de que ocurran infecciones y el niño esté alterado o nervioso. 

Según el Programa de Sanidad Escolar, 63% de los niños de primaria sufría pediculosis en 2013, último relevamiento disponible. 
Toloza dijo que esta infección está presente todo el año, pero que  durante el comienzo del ciclo lectivo o la escuela de verano aumenta el consumo de pediculicidas por la necesidad de eliminarlos para poder acceder. 

La receta mágica difundida de boca en boca también existe en este caso y no es una si no que abundan, junto con una serie de mitos que las sustentan.

El meollo del asunto es que aunque no fueran efectivas para combatir la epidemia, algunas pueden tener consecuencias negativas sobre la salud o ser inútiles. 

-Pipeta de uso veterinario. Los últimos años, el hartazgo por no lograr resultados duraderos ha llevado a muchos adultos a colocar a sus hijos una pipeta de uso veterinario que contiene plaguicida. El gobierno desde su área de Salud ha salido varias veces a alertar sobre las consecuencias negativas de esta práctica. Es que puede causar afecciones crónicas neuromusculares o del hígado y hasta la muerte por intoxicación aguda al impedir la acción de una enzima llamada colinesterasa, vital para el funcionamiento del sistema nervioso. 

-Vinagre y loción de palo amargo para eliminarlos. Falso. Según Toloza, no son efectivos para controlar la pediculosis a diferencia de lo que suele suponerse. “El vinagre lo único que genera es facilitar el desplazamiento del peine sobre el cabello, efecto que también puede lograrse con una crema de enjuague. No tiene un efecto pediculicida y si produce repelencia es en grandes dosis”, aclaró. En cuanto al palo amargo detalló que se elabora con éste una loción con alcohol y se termina colocándolo puro, es muy fuerte y puede provocar intoxicación. 

-Se relaciona con la pobreza y suciedad. Falso. Los piojos no distinguen nivel socioeconómico y no se reproducen si un par de días no se lava la cabeza. La diferencia radica en que quienes tienen mejor poder adquisitivo tendrán más acceso a herramientas para el tratamiento. 

-Los piojos saltan, nadan  y vuelan. Falso. Ni saltan, ni vuelan, ni nadan. El contagio se produce por contacto directo entre quienes participan de un juego o se sientan en el mismo banco en la escuela. Compartir una toalla, gorro, cepillo u otro tipo de elementos también puede diseminar la pediculosis. Toloza mencionó que “cuando el chico se mete a la pileta el piojo se toma más del pelo y puede estar más de ocho horas sumergido, tienen pinzas para tomarse y contienen la respiración”.

-Hay personas con más predisposición al contagio. Verdadero. Investigaciones epidemiológicas así lo han confirmado; sin embargo, aún se desconocen las causas. “En un grado habrá tres o cuatro niños que siempre están más afectados y el resto se contagia”, refirió el biólogo.

Subrayó que en caso de usarse productos, estos deben estar siempre autorizados y para ello es necesario comprarlos en una farmacia. 

Bicho antiguo

Los piojos se alimentan de la sangre de la gente desde tiempos prehistóricos. “El piojo más antiguo fue encontrado en el pelo de una momia de Brasil de 10.000 años de antigüedad”, dice el documento ‘No te puedo sacar de mi cabeza’, escrito por Ariel Toloza. 

Allí agrega que se han encontrado piojos y liendres en momias provenientes de sitios arqueológicos de Perú, Brasil, Chile, Israel y Egipto.