Espectáculos Martes, 15 de julio de 2014 | Edición impresa

Mariano Martínez: “Siempre tenés una segunda vida”

En “Camino al amor” hace del hermano del protagonista, Sebastián Estevanez. En paz con su vida y con su familia, dice que valoró más trabajar con un “líder positivo” y con Rodolfo Bebán.

Por CC

Cuando alguna crítica lo despedaza, él sonríe y mira para atrás: atrás está el colectivo que le desintegró la pierna en los ochenta, los gritos en el Hospital Fiorito, la gangrena, el olor al Hospital Garrahan, el cuchillo crujiente de la operación, la silla de ruedas y la voz de los médicos diciendo “Va a perder esa pierna”.

Ninguna reprobación, dice, interfiere en su carrera, porque su mejor carrera tiene que ver con andar, haberse metido en la televisión, elegir cuándo volver, haber armado una familia, entender el juego y sentir que siempre hay otra línea de largada. “Madurar es entender que no puedo gustarle a todo el mundo y que ya no me importa estar delante o atrás en un cartel”.

Mariano Martínez tiene 36 años y más paz. No es una postura, es el tiempo que puso todo en su lugar. A los 18, recuperado del accidente que lo dejó tres años sin caminar, ya protagonizaba una tira (“Campeones”), dejaba la casa paterna, ganaba diez veces más dinero que cualquier trabajador promedio y, objeto de deseo brutal, su noción del mundo era borrosa.

Ahora que es el otro galán de “Camino al amor” (aquí por Canal 9, a las 22) ve todo más nítido. “Hubo muchos amigos del campeón, pero terminé dando vuelta la situación. El que se me acercó por ser famoso y buscando algo terminó valorando que soy buen tipo. Y ya no juzgo a nadie. No soy el más bueno del mundo, pero ahora quiero estar bien con todo el mundo”.

Después de haber debutado como productor de “Mi problema con las mujeres”, el mentor de la productora 13 Mares vuelve a ponerse a las órdenes de otro.

Este otro es ahora Quique Estevanez, quien lo eligió como hermano de ficción de su hijo real. Martínez había sido convocado para “Sres. Papis” y hasta para pareja protagónica de Pol-ka junto a Lali Espósito, pero terminó eligiendo ser Vitto, el hijo del mismísimo mito Rodolfo Bebán.

-Después de tanto camino recorrido, quizás extrañe que seas el segundo galán de una telenovela y resignes un protagónico exclusivo. ¿Por qué esta decisión?

-Estamos todos en el mismo cartel. No analicé tanto ser protagonista o no. La relación con el público está intacta, esté adelante o atrás en los títulos. En “Valientes” fui detrás de Luciano (Castro) y Julieta (Díaz), otras veces estuve adelante. No me interesa.

Con Sebastián no había trabajado, pero éramos amigos, de compartir asados familiares, de compartir el tema hijos porque tenemos chicos de la misma edad. Es un líder positivo. Y respecto a Bebán, estoy al lado de la leyenda y eso me paga. Un tipazo humilde, que siempre que comparte escenas te hace llevarte algo.

-Hacés pareja en la historia con la ex de un ¿ex amigo?

-Está todo bien ya con Nicolás, aunque no somos amigos. Eramos chicos, pasó mucho tiempo. Y la “China” es una muy buena compañera, a quien conozco de “Los únicos”. No me interesa hablar y que se levante una polémica de la nada.

En definitiva éste, como todos, es un programa más, más allá de que entre en la historia. La tele no te va a modificar la vida. Cuando un programa termina, todo pasa y no se acuerda nadie. El otro día me miraba en Volver, a mis 20 años…  

-¿Y ese de los 20, leído hoy a la distancia, qué quería? ¿Estaba confundido con tanta fantasía alrededor?

-Ese de 20 quería todo lo que tiene hoy, pero estaba desbordado. De casi perder una gamba, de no tener un mango pasé a cobrar un juicio por aquel accidente de los nueve años y a trabajar en esto.

La gente se desesperaba por hablarme, por salir conmigo. Y la realidad se confundía un poco con la fantasía, yo hacía lo que podía. Igualmente siento que soy bastante parecido a lo que fui, pero que ahora pienso más las cosas.

-¿Y eso es positivo? ¿O perdiste espontaneidad?

-No quiero cambiar la cosa espontánea, pero me refiero a todo lo que logré en la vida. Tuve mucha suerte los primeros 35 años de mi vida. Me miro y veo mi carrera, la familia que logré, saber decir no, saber perdonar. Si no estás bien con tu ser, con tu existencia, no podés estar bien ni con la plata ni con la fama.

-¿Tanta estabilidad hoy puede alimentar el fantasma del aburrimiento?

-No. Yo ya hice todo lo que quise. Ya aprendí mucho, estoy sereno, tengo una relación bárbara hasta con Dios.

-Para algunos “El Rey Sol Marquesi” fue tu último gran personaje, allá lejos por 2003. ¿Coincidís?

-Todo el mundo se acuerda de El Rey Sol y le tengo cariño porque me dio gran popularidad, pero el trabajo que logré en “El 22” fue grande. Estoy orgulloso de todos mis trabajos. Di todo lo que podía. Yo lo dejé todo, siempre me rompí.

-Le pasó a Darín como galancito, por ejemplo... ¿Creés que la posteridad termina haciendo justicia, o al menos los años terminan reivindicando?

-Ojalá me pase como a Darín. Yo leo las críticas que me hacían en “El 22” y sé que estuve muy bien y después quizá no alcance ese nivel. Calculo que un día la crítica me va a ver diferente. El público es todo, pero te gusta que la mirada de un periodista sea positiva.

Muchas veces sentí que las críticas eran crueles, tan opuestas a la mirada del público y a la mía. Puede ser que en alguna novela basada en la improvisación le pifié en la interpretación. Uno siempre está buscando. Con “Valientes” me mataron y nadie sabe el trabajo que puse a ese personaje.

-¿O sea que en el fondo ciertas miradas te duelen?

-No. Con “Valientes” nominaron a todos mis compañeros y a mí no y fui igual al Martín Fierro. Yo no me olvido de las cosas realmente importantes. Cuando veo a ese de 20, o al de 9 años que tuvo el accidente, me da orgullo y sólo yo sé cuánto tuve que pelear y cuánto soñaba con esto.

Yo hubiera podido no caminar nunca más. Y eso me enseñó que aunque te duela el alma, nadie va a hacer nada por vos si vos no sos el que sale a lucharla.

Nieto de marinero, Martínez (“El mar en el nombre y el mar en el apellido, de ahí el nombre de la productora”), tiene a sus hijos Olivia (4) y Milo (1) tatuados en los brazos, al ladito de una cruz.

“La cruz en el sentido alegre y no en el del sufrimiento”, aclara. “No hubo un camino al amor en este caso. Cuando conocí a Juliana, mi mujer, no planeaba una familia en ese momento, pero algo distinto sentí. Admiro que ella sea tan bella y no haga alarde de eso. Mi hija heredó esa belleza, y como padre de una mujer me vuelvo loco, pero la dejo libre. Su libertad le va a jugar a favor en la vida”.

Después de cimbronazo de aquel caso judicial que involucraba a su padre, Martínez disfruta de esta instancia “de cuentas saldadas y armonía”. En dos carpetas secretas, guarda proyectos como productor: una tira en formato de comedia romántica que transcurrirá en el mundo del cuarteto y la salsa, y un policial con tinte político.

“Mi futuro está en la producción, no quiero un gran imperio, pero sí generar trabajo para otros y vivir de eso. Yo no me olvido más de cuando volví con muletas al colegio, caminando, y actué con bastón. Siempre tenés una segunda vida”.