Sup. Cultura Sábado, 12 de diciembre de 2015 | Edición impresa

Liliana Guaragno: Enredando los hilos del lenguaje

"El hilo de la bobina" (Paradiso) es la última novela de la escritora y poeta Liliana Guaragno. Allí tres generaciones de mujeres apasionadas entrelazan sus vidas en una intensa escritura poética.

Por Augusto Munaro - Especial para Cultura

No es frecuente dar con un libro escrito como “El hilo de la bobina” (Paradiso), última novela de la escritora y poeta Liliana Guaragno.

Descubrí a la autora de Itinerario de una insensata, a través de Néstor Sánchez, los libros de Sánchez; y desde entonces, entrar a la orbita de su producción novelística –sin desdeñar sus libros de cuentos y poesía, desde luego- ha sido una experiencia de lectura genuina, viva.

Sofía González Bonorino ha dicho con absoluta justicia, que Guaragno “escribe como si soñara, con esa libertad e irreverencia del sujeto no sujeto, entregada a una música que le pertenece sólo a ella”. Ocurre que su prosa sigue un pulso harto singular. Un estilo despojado y reflexivo; preciso aunque poéticamente espontáneo que contrasta con las formas, y va dejando marcas indelebles en el espíritu del lector. 

En “El hilo de la bobina”, tres generaciones de mujeres apasionadas entrelazan sus vidas en una intensa escritura poética. La narradora registra palabra por palabra, día y noche, incansablemente, porque ella también es el origen que busca. Se crea así un espacio fronterizo, entre sueños, tiempos, y voces donde convergen la pérdida, el deseo y el extrañamiento. Fatalmente, el pasado vuelve con la violencia de las revelaciones.

-Podríamos comenzar con una pregunta necesaria: ¿por qué siempre el pasado? Es decir, ¿por qué el pasado de cierta lengua, el mundo y la experiencia que esa lengua evoca, retorna a tu escritura? Tiramos el hilo del tiempo… ¿y qué encontramos en el lenguaje?

-Bueno, el pasado también existe, en la historia, en los modos de vida y de trabajo, en el lenguaje y en lo que puede saberse de otros tiempos. Tuve que investigar una serie de datos antiguos en revistas, las fotografías, los trabajos de los operarios, las riñas de gallos, la cuestión de los inmigrantes, las modas, etc., mientras no había computadoras.

El hilo de la bobina estaba parcialmente escrita cuando yo tenía 35 años, es decir,  a fines del siglo XX. Si bien la primera parte llegaba a un punto final, ya que tenía un argumento, o lo que llamamos núcleos narrativos. La segunda, no se completaba.  Mucho tiempo después,  una conocida me contó ciertos problemas de su propia familia, de los que tomé el carozo de la historia, y enseguida pude argumentar la segunda parte de la novela.

Lo que intenté y se dio fue enredar los ejes del modo de escribir. Pero la novela aún no estaba corregida, y menos la segunda parte. En ese entonces yo trabajaba mucho, y sólo durante los veranos la releía. Me parecía que había algo importante, me gustaban los sucesos, pero sentía que el modo de escritura ya no iba, debía corregirlo, y armar toda la parte II. No me daba el tiempo.

Fue durante los dos años primeros de mi jubilación, cuando me puse con todo a “rehacerla”, a reescribirla, a entrever situaciones de épocas, y darle cierta continuidad a los hilos del lenguaje. 

-La narradora registra palabra por palabra, día y noche, incansablemente, el habla familiar. ¿Cómo fue la escritura de “El hilo de la bobina”?, ¿cómo elaboraste esa sutil construcción de los diálogos?

-Hay anticipaciones, proyecciones, y retrospecciones a través de los distintos capítulos de la novela. Es decir se dan cursos interrumpidos que se van “hilando” en la narración. Los  diálogos provienen de ciertas situaciones, y no se dan solamente en el contexto narrativo. 

-Como ocurre en la apertura del libro…

-Sí, en el breve primer capítulo solamente interviene el diálogo entre dos personajes: Amanda, la madre y una de sus hijas, Sol; ahí, y en otras situaciones narrativas aparece lo escénico: se sobreentienden el espacio, las voces, el ritmo, la entonación, lo gestual, el lenguaje familiar de la época en la conversación, así también el monólogo interior, y los “huecos” que se dan en el texto. Entre la primera parte y la segunda, se van dando una serie de cambios que provienen del proceso histórico, social, político y moral.

-Anticipaciones, proyecciones, retrospecciones… Resulta interesante cómo la voz narradora altera, como en un sueño, los tiempos. Lo que permite leer a la novela como un continuado de recuerdos propios y de recuerdos de otros que hay que entender. 

-Una palabra, una frase, aparecen sin que las llame, y después siguen caminos que yo desconocía. Tal vez  por eso, ahora, y ya desde tiempo atrás, con los libros que he podido publicar, me he dado cuenta de las marcadas diferencias que hay entre ellos. La ficción  y la realidad se entremezclan.

El hilo…es una novela narrativa y escénica, con un orden que desordena. Es la forma en que se escribe la forma de la pasión. Hay cierto esquema familiar: en el primer período: muchos hijos; en la segunda parte: la familia tipo. Como dijo Felisberto Hernández: “Escribo lo que sé y lo que no sé”.

O tendría que decir: La mano se independiza, escribe sola, sigue, como dije al principio de este ítem, un camino que desconozco. Lo que sé, tiene visos de realidad en los hilos del lenguaje que se entreveran con la ficción. Inventar, dejar que todos mis ‘yoes’ locos  atraviesen los cuerpos (los  de los personajes). 

-Creo que la novela se adecuaría muy bien al teatro, por su tensión dramática, ¿no?

-A mí me parece que podría hacerse en cine. Pero me es muy difícil llevarles El hilo de la bobina a los directores, porque no pude encontrar sus teléfonos o direcciones. Como vos decís también puede adecuarse a lo teatral. 

-Esa tensión dramática que se revela en el lenguaje, esa seguidilla de pulsiones se asoman también en un trabajo de depuración con el simbolismo. Las habitaciones, los objetos, la máquina de coser, sin ir más lejos, alcanzan un valor muy poderoso. 

-La máquina de coser es todo un símbolo de época y asimismo la riña de gallos y el piano, algunas situaciones desaparecen en la segunda parte, donde los motivos son entre otros el casamiento de una de las hijas, Ema, la desaparición de las joyas, y la muerte de los abuelos (Amanda y José).

-¿Qué opinión guardás de la novela en cuanto a formato de ficción?, ¿tiene futuro?

-Las novelas que se editaron se basan en la ficción, tanto “Itinerario de una insensata”, “Desperfecto” y la última, “El hilo de la bobina”. En todos los casos hago ficción, asimismo en los cuentos. En mi narrativa hay épocas, lugares que conozco o invento, también sueños míos que se transforman en la escritura, asimismo se dan caracteres mezclados que se conforman como personajes. No sé si tiene futuro lo que escribo.

Ese es el problema de las grandes editoriales sobre las cuales debería haber un lector que seleccionara la novela o las novelas que puedan ser elegidas. Actualmente -y desde hace rato-  estoy tratando una especie de novela que trata de la zona de Quilmes, donde vivo. La cuestión trata de una mujer vieja y un perro al que pasea por el barrio. Me remito a todo el ambiente, a los pájaros, los árboles y las plantas que conozco así como las hierbas más comunes como los tréboles, por ejemplo. Pero me faltan muchos datos y “episodios”. Por ahora continúa incompleta.