Espectáculos Domingo, 9 de noviembre de 2014 | Edición impresa

Las aventuras de Manuel Antonio Sáez

Aquí una semblanza de uno de los personajes más destacados de Mendoza.

Por Carlos Campana - las2campanas@yahoo.com.ar

Esta es la historia del doctor Manuel A. Sáez, uno de los personaje más destacado y aventurero que tuvo Mendoza. Una calle lleva su nombre y apellido en la Ciudad y en varios departamentos de la provincia. Con una mente brillante y moralmente intachable, se destacó como jurista y periodista. 

Niño travieso

En noviembre de 1834 nació Manuel Antonio Sáez, hijo de Juan de Dios y de Gregoria Panero y Pizarro, quien descendía de una tradicional familia mendocina. Meses después de su nacimiento, su madre falleció y quedó al cuidado de su padre y de una esclava de origen africano llamada Sixta.

La infancia de Manuelito transcurrió en la casa de la calle de la Cañada -hoy Ituzaingó-. 

Un viaje inesperado

Con solo 10 años su padre lo envió a estudiar en un colegio británico en Valparaíso dirigido por Mr. Wilkinson. En aquellas aulas, el niño se destacó como un excelente estudiante. Cuatro años permaneció Manuel A. Sáez en ese establecimiento. 

En febrero de 1848, Manuel estaba de visita en un barco apostado en el puerto de aquella ciudad. La nave zarpó y cuando el joven quiso bajarse, el capitán le negó la salida. Desesperado, el adolescente no tuvo otra opción que quedarse. Aquel buque iba con destino al puerto alemán de Hamburgo y después de varios meses de navegar, el mendocino llegó a Alemania. Allí, un empleado del liceo lo acompañó hasta Berlín.

Su gran dominio del alemán permitió que pudiera destacarse en aquel país. Con apenas 14 años, el joven hablaba además de la lengua germana: inglés, francés, italiano, griego, latín y caldeo.

Después de estudiar en la capital del imperio prusiano, viajó hacia a Erlangen para establecerse. En esa casa de altos estudios se doctoró en Derecho. Además, cursó en las universidades de Leipzig y Heidelberg y tuvo a los más destacados profesores de Jurisprudencia de aquella época como Savigni, Dernburg, Brickmann o Rudorff. Por sus grandes méritos Manuel fue convocado por el rey de Prusia, Federico Guillermo IV, quien elogió sus conocimientos y se vio muy interesado por el joven.

La luz del conocimiento

Después de obtener todos estos títulos el joven mendocino emprendió un viaje por Turquía, Grecia,  Egipto y Estados Unidos.
Luego regresó a Sudamérica y decidió radicarse temporalmente en Santiago de Chile. En esa capital trabajó como abogado y periodista y contrajo matrimonio. 

Llamado por el gobierno de San Luis, Sáez se radicó en aquella provincia y fundó el primer periódico que apareció en esa ciudad, denominado La Actualidad; donde sostuvo los preceptos liberales de la Constitución Nacional, abogó por la cultura y la independencia de la prensa. En sus páginas se abordaron temas de la educación popular, obras públicas y la publicación de documentos oficiales. 

El periódico tuvo gran repercusión en Paraná, y el general Urquiza se suscribió con 50 ejemplares. Luego comenzó a aparecer tres veces por semana y cambió su formato, siendo mucho más grande. A pesar del éxito obtenido el doctor Manuel A. Sáez se ausentó de San Luis y el 30 de diciembre de 1858 La Actualidad dejó de funcionar.

Un cruel destino

Se radicó con su familia en su terruño, pero fue perseguido por algunos de sus enemigos y tuvo que exiliarse en Chile dejando a su mujer y a sus hijos.

En 1861, estando en la provincia de San Juan, recibió la noticia que su esposa y sus dos hijos habían muerto en el terremoto que asoló a la provincia el 20 de marzo. Inmediatamente regresó a Mendoza y desconsolado por esta tragedia, adoptó a una sobrina de 7 años que fue la única sobreviviente de su familia. Ambos partieron a San Luis.

La traición de un gobernador

En 1863, después de la inesperada muerte del gobernador Luis Molina, el presidente de la Legislatura provincial propuso elecciones y se convocó al doctor Sáez como fiscal general. 

Durante los comicios, se cometieron graves irregularidades y el designado fiscal general, alertó al gobernador de tales infracciones. El entonces mandatario no le hizo caso y funcionario electoral se resistió a ese hecho y pidió una garantía por su integridad física. Entonces el representante de la provincia le ofreció ir por el fondo de su casa en donde existía un callejón.

Al llegar allí, el oficial Segovia y varios soldados lo estaban esperando y descargaron sus sables y machetes en el cuerpo del indefenso Sáez, dejándolo con graves heridas.

Perseguido por el gobierno y la prensa, que difamó su integridad moral y ética, partió hacia Córdoba.

Su prolífica obra

Durante su exilio, escribió “La historia de los gobernadores”, el “Reglamento para la Administración y Justicia de San Luis” y un proyecto de la “Constitución para la provincia de Mendoza”. En Chile editó un libro llamado “El Derecho antiguo de los romanos y Lecciones de historia universal”, que fue incorporado a los colegios secundarios. Otra de sus obras fue “Federalismo y unitarismo”.

Su último deseo

En 1880, regresó a su lugar de nacimiento y se instaló en una hacienda llamada “El campamento” que había heredado de su tío, en el departamento de Las Heras. Allí se refugió en la lectura de sus libros que fue una de sus mayores pasiones. 

La tranquila estancia poseía una gran biblioteca, que contenía más de 20.000 libros y se la consideró la más grande e importante de Cuyo.
Manuel Antonio Sáez, lejos de aquellas persecuciones políticas, pudo cumplir su deseo de radicarse definitivamente en Mendoza.

Tras sufrir una grave enfermedad, falleció el 13 de octubre de 1887. Ese día se extinguió una de las más brillantes mentes que tuvo nuestra provincia.