Opinión Miércoles, 18 de noviembre de 2015 | Edición impresa

La Tercera Guerra Mundial es ya un hecho

Por Por Juan Guillermo Milia - Lic. en Ciencias Políticas y Sociales

Lo dijo el papa Francisco, estamos ya inmersos en una tercera guerra mundial “combatida por partes”. El enemigo no son los árabes. Estos también son víctimas y han tenido que huir junto a cristianos -y de otras religiones- de su patria, de sus hogares, ante el avance incontenible de estos engendros del demonio que en pocos días ocuparon buena parte de los territorios de Siria, aprovechando que ésta se halla envuelta en una larga guerra civil para derrocar al presidente del partido Baas que gobierna dicho país con un totalitarismo asfixiante desde hace más de 50 años. 

El actual presidente -hijo del fallecido líder Hafez el-Assad que venía manteniendo negociaciones de paz con Israel-, Bachard el-Assad, enfrentó a los revolucionarios que querían destituirlo, en el contexto de la denominada Primavera Árabe, con apoyo de los EEUU. El caos producido por la guerra civil, fue aprovechado por los yihadistas que requerían de un territorio para la constitución de su presunto “Estado” o sultanato islámico. 

Hicieron lo mismo en el norte de Irak, donde los kurdos -una nación distribuida entre Turquía, Irán e Irak, pero no un Estado por carecer de territorio- se afianzaron luego de la intervención de los EEUU, que culminó con la destitución y posterior muerte del líder de Irak, Saddam Hussein.

Éste tuvo sendos enfrentamientos bélicos con Irán y ocupó por la fuerza Kuwait, lo que motivó sanciones de la ONU y la intervención de los EEUU; a partir de entonces un gobierno débil es incapaz de imponer el orden y se suceden los atentados terroristas con decenas de muertos. Vale decir que los yihadistas sabían dónde dar el golpe para apropiarse de territorio. 

Hay quienes sospechan que estos engendros del demonio fueron armados y preparados por la CIA y luego, como sucede en los laboratorios donde se trabaja con sustancias peligrosas y se produce una pérdida, escaparon de las manos de quienes pretendían utilizarlos (¿la CIA?), y se transformaron en lo que son. No puedo dar fe de esto, pero lo cierto es que legisladores y funcionarios de aquella potencia se oponían a los bombardeos porque preferían que derrocaran al presidente sirio.

Lo cierto es que alguien los preparó y equipó con armamento de alta tecnología, pues emergieron de la nada, hace muy poco, con un ejército armado y altamente capacitado. Pero ahora han escapado a todo control y avanzan hacia distintos frentes, imponiendo como principal arma el terror.

De allí los asesinatos de la manera más cruel y cruenta posible, transmitidos a todo el mundo por la televisión. 
Se han extendido al norte de África, pretendiendo adueñarse de Libia, cuyo líder también fue derrocado y muerto, con intervención de los EEUU y la OTAN; nos referimos al coronel Muammar el Kaddafi. 

Todos estos líderes que hemos mencionado no eran, por supuesto, demócratas ni mucho menos santos, pero eran los hombres fuertes que hubieran impedido el avance de los yihadistas. Sin embargo, la principal potencia del mundo libre les fue desbrozando el camino. 
Han producido atentados en Egipto, Marruecos, y se van extendiendo por el Magreb e incluso han hecho pie en uno de los principales Estados de África, en Nigeria, con la ayuda de Boko Haram, en el extremo norte musulmán. 

Estos siniestros personajes se hicieron famosos por el secuestro de mujeres y niñas para venderlas como esclavas sexuales. 
Donde dominan territorios destruyen las reliquias arqueológicas del lugar, como en Palmira y otros sitios. 

Hasta ahora no habían extendido su accionar fuera de los países árabes, pero el 13 de noviembre de 2015 produjeron siete atentados terroristas en Francia con un saldo de casi 200 muertos. 

Pueda ser que estas actividades generen los anticuerpos necesarios para hacerles frente y poner fin a su accionar demencial. Ellos son conscientes de que no pueden enfrentar en una guerra formal a la tecnología bélica de los países que los combaten. Pero, en cambio, cuentan con una gran ventaja: sus soldados son una especie de robots, no le temen a la muerte. Al contrario la buscan, como resultado del lavado de cerebro que les han hecho e incitados por los numerosos versículos del Corán que, claramente, inducen a matar a los “infieles”.

Su estrategia consiste en generar el miedo, por ello en especial los medios no deben sumarse involuntariamente a su principal modus operandi. Tomemos el caso de París: con un costo mínimo y no más de una decena de militantes dispuestos a inmolarse, paralizaron de pánico a la Ciudad Luz.

Pero cuidado, que con estos paranoicos no se puede dialogar, por lo que con ellos hay que dejar de lado los sentimentalismos y los derechos humanos. Cada militante yihadista es un autómata tan peligroso como una bomba sin percutor. Y ojo, que su accionar no se limita a atacar un teatro colmado de gente.

Su objetivo es el de eliminar al mayor número de “infieles” que sea posible, por lo que recomiendo infiltrarse en sus filas, destruirlos desde adentro, conociendo sus planes para abortarlos a tiempo. Son capaces de utilizar tecnología nuclear, tácticas como destruir una gran represa o envenenando fuentes de agua o usar gases tóxicos en los metros, etc. Prevenir pero sin caer en el pánico que obnubila.

Además, que quienes crearon a este “Frankenstein”, asuman la responsabilidad correspondiente y eliminen a esta “pandemia” salida de sus laboratorios.

Tiene razón Francisco, nuestro Pontífice. Ésta es ya la Tercera Guerra Mundial, aunque “en cuotas”.