Turismo Domingo, 13 de julio de 2014 | Edición impresa

La República Independiente de La Boca

Por Pepo Garay - Especial para Turismo

A fines del siglo XIX, una fracción de pobladores originarios de Génova (Italia), intentaron lograr la independencia del distrito.

Al venir desde el centro de Buenos Aires y adentrarse en La Boca, el viajero siente que cruzó una frontera: las casitas de colores, la melancolía de las calles, el aura de puerto, la bohemia de la gente… todo es diferente. El barrio forma parte de la Capital Federal pero, así como se palpa, pareciera una ciudad aparte “¡Ma qué ciudad, un país aparte!”, habrán pensado quienes le dieron vida a este suburbio porteño, amalgama de mística y pasiones que es famoso alrededor del globo. 

A tal punto llegaron aquellas reflexiones que, a finales del siglo XIX, viraron en reclamo emancipador. “República Independiente de La Boca” soñaron los genoveses, esos hombres y mujeres que le escapaban a la pobreza de Italia y que, en los bordes del Riachuelo, plantaron su bandera. 

El alma xeneize

Habían desembarcado alrededor de 1850, una mano atrás y otra adelante, aunque con cantidad de ardores para obrar y contagiar. Venían a trabajar en los astilleros navales, almacenes y demás emprendimientos que nacían mirando al puerto. Migajas les hicieron falta para inundar el plano de pintorescas viviendas y gritos, de reuniones populares y pasta. Cuando se quisieron dar cuenta, La Boca llevaba su signo, la idiosincrasia xeneize amasada en las costas del Mediterráneo y ahora cocinada en las adyacencias del Río de La Plata. El barrio era pura ebullición: artistas, laburantes y pendencieros incluidos. 

Pero para los genoveses más exaltados, la fiesta no estaba completa. No hasta que consiguieran la independencia, el hacer de ese distrito de efervescencias una nación. Suena a despropósito en los años contemporáneos, aunque no lo era entonces, en una época cuando las fronteras se hacían y deshacían con pulso caprichoso y frágil. El modelo era San Marino, un minúsculo país dentro de Italia que desde 301 respira con rótulo de libre y soberano. Condición previa, en 1870 los vecinos ya habían logrado separarse jurídicamente del barrio de Barracas.  

Así las cosas, y aprovechando una serie de conflictos derivados de los reclamos laborales de los trabajadores portuarios, se encendió el asunto. Corría 1882 cuando los xeneizes extremistas izaron las banderas de Génova en grito de nueva patria. Dicen que incluso llegaron a comunicar la decisión a Humberto I de Saboya, por entonces Rey de Italia. Casi nada duró la utopía: al poco tiempo, enviados del Gobierno de Roca frenaron la revuelta a la fuerza y sin mayores resistencias (algunos anales hablan de que fue el General Roca en persona el encargado de acabar con el levantamiento). 

Del caso poco hay escrito y los registros oficiales ni siquiera lo nombran (acaso no convenía sentar precedente). Sin embargo, en las calles con sabor a gloria de La Boca, las de La Bombonera, las plazoletas y la Vuelta de Rocha, esta historia de quiméricos e idealistas es tan cierta como el azul y oro que empapa chapas y maderas.    

Qué ver hoy

Quizá no sea el sector más auténtico, pero Caminito simboliza el legado histórico de La Boca. Y, lo que es lo mismo, la esencia de sus pobladores más famosos: los xeneizes. Entre bares y restaurantes, tiendas de recuerdos, pinturas de Benito Quinquela Martín y bailarines de tango, una serie de casas de dos y tres pisos se alzan como telón de fondo.

Son los famosos “Conventillos”, esas precarias viviendas multicolores que hoy corporizan un fenómeno turístico y que ayer servían de morada a los hacedores del barrio.Ellos mismos las levantaron, con la escasez que les dejaba el puerto. Las chapas que las conforman protegen los gérmenes de la fallida “República Independiente”.  

Actualmente, se puede incluso conocer algunos inmuebles por dentro. Sus dueños los hacen pasar por especies de museos, aunque lejos están de ganarse el título. No así Caminito, la llamada “Calle Museo”que sigue generando el desfilar de visitantes venidos de los cinco continentes.