Opinión Domingo, 24 de mayo de 2015 | Edición impresa

La confianza, motor de la estrategia macrista

Por Carlos Sacchetto - csacchetto@losandes.com.ar - Corresponsalía Buenos Aires

La decisión de Mauricio Macri de cerrar toda posibilidad a un acuerdo electoral con Sergio Massa para dirimir las PASO dentro de un mismo espacio opositor tuvo una fuerte repercusión en el tablero político nacional y generó reacciones que la mayoría de los protagonistas trató de disimular. El remezón tuvo características de buena noticia y despertó más de una sonrisa en el oficialismo, que incluye al kirchnerismo camporista y a la versión edulcorada que encabeza Daniel Scioli. 

Sucede que aun deshilachado, el Frente Renovador de Massa conserva poderío electoral en la provincia de Buenos Aires y un acercamiento con un macrismo en ascenso achicaría la diferencia que los kirchneristas piensan obtener. Ante las casi seguras derrotas que sufrirá en Capital Federal, Córdoba, Santa Fe, Mendoza y Tucumán, la boleta oficial necesita estirar la diferencia en territorio bonaerense. De allí que es un problema menos que Massa y Macri vayan cada uno por su lado. 

En el massismo la reacción fue muy diferente. Allí no se admite la caída que muestran las encuestas, pero el reclamo que varios dirigentes del espacio le hacen al Pro para llegar a un entendimiento, deja en evidencia esa preocupación. Afirman que, con su actitud, Macri le es funcional a Cristina Fernández y hasta no descartan una acción coordinada entre ellos. 

Hacia adentro 

Pero no sólo en los adversarios como el kirchnerismo y el massismo la decisión del jefe de Gobierno porteño de no hacer nuevas alianzas tuvo repercusiones. También sus socios radicales acusaron el impacto porque no les gustó el procedimiento utilizado, y así se lo hicieron saber a los operadores macristas. 

"Nos enteramos por los medios, lo ideal hubiese sido que nos invitaran a evaluar la conveniencia o no de un acercamiento con Massa", se quejó un integrante del equipo que analiza junto a Ernesto Sanz cada paso que da la UCR desde que resolvió atar su destino electoral a la caravana macrista. En el Pro no se preocuparon por dar demasiadas explicaciones. 

Esa actitud estuvo al parecer destinada a notificar a los radicales -por si hacía falta- que Macri es el jefe y quien tiene la última palabra, con consulta previa o sin ella. Pero también como un anticipo de lo que será si llega a la Presidencia: los acuerdos serán respetados pero el gobierno será del macrismo, sin reparto de cuotas de poder. 

En el moderno edificio que la administración porteña tiene en el barrio de Parque Patricios sostienen que el colectivo que "trae el cambio para los argentinos" está pintado sólo de amarillo y quien está sentado al volante como único conductor es Mauricio Macri. Eso explica también la negativa a buscar nuevas alianzas, para no "contaminar" la fuerza política que, por las diferencias que marca, se va extendiendo a todo el país. 

Un exceso de confianza y hasta un dejo de soberbia no están ausentes en esa reflexión. Pero los operadores macristas están convencidos de que la hora de los acuerdos con otras fuerzas llegará una vez conquistado el gobierno. "Los consensos parlamentarios y con las otras fuerzas que conduzcan las provincias, forman parte de nuestra manera de hacer política", enfatizan para demostrar amplitud de pensamiento. 

Antes de eso están sin embargo las elecciones y la necesidad de convencer al electorado de que es tiempo de perder el miedo al cambio y que cambiar será para bien. 

Sin vueltas 

A pesar de las rotundas declaraciones del macrismo negando cualquier marcha atrás en la decisión de no acordar una estrategia con Massa que sirva para unir a casi toda la oposición, hay todavía quienes piensan que a último momento podría haber un replanteo. La razón es la estratégica provincia de Buenos Aires, donde el kirchnerismo exhibe su mayor peso electoral.

Pero es tanto el optimismo macrista que hasta le adjudican posibilidades de triunfo a su candidata a gobernadora, María Eugenia Vidal, quien registra altos niveles de desconocimiento en la población bonaerense. 

El oficialismo, en cambio, espera potenciar sus chances con la interna que protagonizan Daniel Scioli y Florencio Randazzo. Dicen en la Casa Rosada que por orden de la Presidenta el secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini, agota horas del día llamando a dirigentes peronistas para que expresen su adhesión a Randazzo. 

La explicación de ese esfuerzo no pasa solamente por la mayor simpatía que Cristina tiene por el ministro del Interior, sino también por la necesidad de que Scioli no gane las PASO por mucho margen. Es una manera de condicionarlo aún más si llega a la Presidencia en octubre.