Economía Martes, 2 de mayo de 2017

Exigen a todos los países que prohíban el amianto en la construcción porque produce cáncer

Conocido como asbesto, cada año provoca la muerte de al menos 107.000 personas en el mundo. Piden que se cambien las leyes

Por Agencias

 El asbesto, un producto químico cancerígeno presente en la construcción -amianto-, seguirá siendo utilizado indefinidamente si los países no acuerdan cambiar las reglas para establecer controles a su comercio internacional, denunciaron hoy varias ONG y sindicatos de trabajadores. 

El asbesto está prohibido en 56 países, incluidos los de la Unión Europea, y su manipulación puede derivar, según evidencias médicas y científicas, en graves perjuicios para la salud, incluyendo el desarrollo de cáncer de pulmón y otras patologías del aparato respiratorio. 

La inclusión del asbesto en el listado de substancias peligrosas para la salud se debate en la Octava Conferencia de los Estados parte del Convenio de Rotterdam, el tratado internacional que limita el comercio mundial de decenas de productos químicos y plaguicidas, que se celebra en Ginebra hasta el próximo día 5. 

Hasta entonces, los 156 países signatarios, representantes de la sociedad civil y de la industria química expondrán sus argumentos en favor o en contra de la regulación del comercio internacional del asbesto, que cada año provoca la muerte de al menos 107.000 personas en el mundo, según cifras que la ONG IndustriALL expuso hoy ante la prensa. 

Conocido también como "amianto crisotilo", el asbesto se utiliza en el sector de la construcción por la resistencia que confiere a los materiales, y su consumo y producción se centra en los países en desarrollo. 

A pesar de sus comprobados efectos nefastos sobre la salud, en particular de los trabajadores que participan en su producción, cada año se fabrican dos millones de toneladas de ese producto, principalmente en China, pero también en Rusia, Kazajistán y Kirguizistán. 

Del lado de los consumidores, la India es el más importante con un 57 % del total mundial -aunque también cuenta con plantas de producción-, seguida de Indonesia y Vietnam. 

"No hay ningún riesgo laboral tan bien documentado como el asbesto. ¿Cuánta gente más tiene que morir para que sea incluido en la lista del Convenio de Rotterdam?", se preguntó en una rueda de prensa el director de Salud, Seguridad y Sostenibilidad de IndustriALL, Brian Kohler. 

De acuerdo con Kohler, que lleva años abogando por la prohibición total del uso del asbesto, las enfermedades pueden manifestarse de 20 a 40 años después del inicio de la exposición de un individuo a esta sustancia. 

Incorporar el asbesto al listado de productos peligrosos del Convenio de Rotterdam no significaría prohibirlo, pero al menos implicaría la obligación para el importador de especificar su presencia en productos acabados (como prefabricados) y de contar con una autorización previa de las autoridades antes de su entrada en un país. 

Sin embargo, la ONG IndustriALL denunció que la India, Rusia, Kazajistán, Kirguizistán y Zimbabue se oponen a la inclusión del asbesto en el listado por razones puramente comerciales. 

Por ello, los activistas se mostraron muy escépticos de que en la conferencia que se realiza en Ginebra se acepte cambiar el procedimiento de votación para que la decisión de los productos que entran en la lista ya no requiera la unanimidad, sino una mayoría, como lo ha propuesto un grupo de países africanos. 

Las víctimas viven un calvario

Para mostrar la gravedad de este problema, que se mantiene silenciado, dos víctimas directas del asbesto expusieron sus casos ante los delegados de los países participantes en la conferencia y ante la prensa. 

Procedente de la India, Rajendra Pevekar relató cómo su padre, que trabajaba en una fábrica de asbesto, contaminó sin saberlo su hogar con esta sustancia a través de su ropa, lo que motivó que años después su hijo y su esposa desarrollaran una forma rara de cáncer que ataca los pulmones y que sólo es causada por la exposición al asbesto. 

Por parte, Siti Kristina, extrabajadora de una fábrica de asbesto de Indonesia que desarrolló graves problemas pulmonares, explicó el calvario que atravesó para que se reconociese que la causa era el asbesto, algo que las compañías niegan con énfasis por las indemnizaciones que tendrían que pagar a sus empleados. 

"No hay ningún contacto seguro con el asbesto", aseveró Pevekar