Opinión Jueves, 22 de octubre de 2015 | Edición impresa

El futuro en debate

Por Por Miguel Ángel Gutiérrez - Licenciado en Ciencias Políticas. Doctor en Historia. Investigador prospectivo. Director del Centro Latinoamericano de Globalización y Prospectiva, nodo del Millennium Project.

Los primeros debates presidenciales televisados de la historia se realizaron casi simultáneamente en Brasil y en los EEUU entre Kennedy y Nixon en 1960. Tras ellos muchos países de América Latina han hecho su experiencia en la temática. Ahora, a más de medio siglo de esos ejercicios pioneros, se logró hacer el primero en la Argentina. Su concreción constituyó uno de los temas que despertaron la atención del público y se enfatizó mucho en quiénes de los candidatos asistirían y quiénes no. Menor atención, en cambio, se prestó al menú de cuestiones que sería del interés público que se debatieran. 

El futuro es el término más repetido en las últimas campañas políticas: afiches, eslóganes, discursos, necesitan obligatoriamente hacer una referencia al futuro, pero las cuestiones que mayor tiempo insumen están, en su mayoría, ancladas en el pasado, con ideas y soluciones de dicho tiempo. Muy lejos de la sentencia de Einstein: no se pueden solucionar nuevos problemas con las mismas ideas que los causaron; y de aquella otra no menos cierta: en los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento.

La agenda que se atribuye a cada uno de los candidatos con mayor posibilidad de ser electos no trasciende en materia de preocupación por el futuro, de cuál será el valor futuro del dólar. Quizás en ello radique el reducido impacto de los debates en la campaña, que parece haber sido la característica dominante de todos los efectuados hasta ahora. 

No son necesarias las inundaciones para preguntarse ¿por qué el tema ambiental no tiene lugar en las agendas de los candidatos? No sólo en relación con el cambio climático sino también en términos de diversidad biológica. El convenio sobre la materia muy recientemente firmado en Colombia, y en el que se pactaron aspectos relacionados con los recursos genéticos y la participación justa y equitativa en los beneficios que se deriven de su utilización, es un ejemplo de temas ausentes. 

Otro plano de cuestiones que escapa a la consideración en el debate es el científico. En EEUU la revista Scientific American y la organización ScienceDebate.org requirió a los candidatos a la presidencia en 2012 -Barack Obama y Mitt Romney- sus respuestas a 14 preguntas sobre algunos de los mayores retos científicos y tecnológicos que enfrenta la nación. Preguntas referidas a Innovación y la Economía; Cambio Climático; Investigación y Futuro; Las pandemias y Bioseguridad: Energía, Alimentos; Agua Potable; Internet; Salud ambiental y oceánica; Información científica en las políticas públicas; Exploración y utilización del Espacio; Recursos Naturales Críticos; Vacunación y Salud Pública, las que fueron contestadas por ambos contendientes. 

Pasando a otros niveles de problemas, hoy 1.000 millones de humanos acceden a la red y casi 4.000 millones de "cosas" se conectan a Internet, pero su crecimiento es exponencial y alcanzarán 17.000 millones de objetos conectados entre sí en 2020. Esto sumado a la big data, la computación ubicua y una nueva generación de supercomputadoras en la próxima década, va a ser la infraestructura central del mundo del futuro. ¿Por qué se justificaría debatir sobre esto?

Porque va a transformar la industria manufacturera a la que aún se sigue considerando base del crecimiento económico a largo plazo. Los procesos de producción serán cada vez más de bits y no de átomos y no terminarán en el producto sino que serán parte de más grandes cadenas de valor. Diversos proyectos: Industria 4.0 en Alemania, Smart Manufacture en USA, u Open Future en Corea del Sur apuntan a esclarecer cómo actuarán las empresas exitosas en las próximas décadas. Altamente interconectadas, estarán obligadas a aprovechar una base de conocimientos más amplia. La gestión dejará de ser una disciplina blanda y requerirá capacidad de articular, a lo comercial, conocimiento científico, tecnológico, de bio y nanotecnologías, ingeniería y matemáticas, entre muchos otros. La capacidad de adaptación constante impregnará todo el proceso de producción: desde la investigación y el desarrollo a la fabricación, con interacción con los clientes, y el servicio de mantenimiento del producto de por vida y la reparación. Productos y procesos serán sostenibles, con una función de reutilización, refabricación y reciclaje para los productos que llegan al final de su vida útil. Sistemas de circuito cerrado se utilizarán para eliminar la energía y el desperdicio de agua y el reciclaje de residuos físicos. 

La agricultura actual no se parece en nada a la de hace 50 años. Tampoco la agricultura de hoy tiene un futuro brillante. El término 'nueva agricultura' identifica las industrias y sectores que hoy son el motor del nuevo crecimiento agrícola global. "Uno de estos nuevos epicentros es la agricultura de precisión, la tecnología de invernaderos y la industria del riego. La Agricultura 3.0. es la que debiera debatirse. 

BioCarbon Engineering, una startup liderada por Lauren Fletcher, un ex-ingeniero de la NASA, considera que, cada año, 26.000 millones de árboles desaparecen y sólo reponemos 15.000 millones. Se ha propuesto plantar 1.000 millones de árboles con sus drones cada año. Japón recicla instalaciones dedicadas a la producción de componentes electrónicos en sitios de cultivo. El término 'agricultura tecnológica' nunca había tenido tanto sentido como ahora.

Sharp comenzó a producir fresas japonesas en sus instalaciones en Dubai. Las fresas se cultivan en un ambiente sellado bajo luz artificial. El entorno de crecimiento se controla con precisión: el uso de tecnologías electrónicas de Sharp Leds permite una iluminación controlada. La tecnología Plasmacluster para la gestión de la calidad del aire y otros equipos de Sharp para la temperatura ambiente de monitoreo y la humedad. 

La lechuga de Fujitsu está desarrollada a partir de una patente de la Universidad de Akita. Su producción está tecnológicamente controlada para que las plantas tengan bajos niveles de potasio, haciéndolas así seguras para el consumo en crudo incluso en gente con problemas médicos como la insuficiencia renal. La compañía usó su know-how en materia computacional para determinar la mejor temperatura, el grado idóneo de humedad y los niveles apropiados de CO2 y fertilizante para dar con el mejor producto. 

Además, el hecho de que el cultivo tenga lugar en un entorno estéril, libre de bacterias, hace que el producto se conserve de forma natural durante mucho más tiempo; hasta dos meses dentro de la heladera. Las lechugas producidas científicamente se pagan mucho: los "vegetales de alta tecnología" de Fujitsu cuestan más del doble que una lechuga normal. 

La "agricultura 3.0" pone también los últimos avances tecnológicos para el ahorro de agua, reduciendo la sobreexplotación de los acuíferos en lugares vulnerables por la escasez de agua. Emprendedores de Silicon Valley se están apoyando en la ciencia de datos y en todas aquellas tecnologías como son los sensores, drones, robótica y nanotecnología para ayudar a los agricultores a producir de forma más eficiente. Prueba de ello es el lanzamiento de Farm2050, una iniciativa que ofrecerá financiamiento y apoyo a startups que quieran involucrarse en la nueva revolución agrícola. 

La start-up de tecnología agrícola OnFarm Systems, asegura que los sensores de bajo costo, los programas inteligentes y el almacenamiento de información en la nube tienen el potencial de transformar la agricultura y ayudar a alimentar al volumen creciente de población mundial. ¿Qué de esto debaten nuestros candidatos?