Sociedad Domingo, 14 de mayo de 2017 | Edición impresa

Diez ejemplos de derechos de la mujer vulnerados durante el parto

Pese a la existencia de una ley nacional, en la práctica no se respeta y las mujeres viven situaciones de abuso y hasta de violencia cuando van a parir a sus hijos. La desinformación y las mentalidades imperantes en profesionales de la salud son los princ

Por Verónica de Vita - vdevita@losandes.com.ar

Pese a que existe una ley que contempla los derechos de las mujeres al momento del parto, la experiencia indica que en la práctica falta un trecho largo por recorrer y estos son vulnerados constantemente.

En muy pocas ocasiones se logra que la mujer sea verdadera protagonista de este hecho  natural, sino que la práctica médica tiende a tratarla como una paciente que no puede lidiar con esto sola sino que necesita asistencia e intervención.

Se tiende a infantilizársela  y se toman decisiones por ella.  Esto muchas veces encubierto por falta de información o información tendenciosa, según resaltan las organizaciones que buscan generar conciencia sobre el embarazo respetado. 

Si bien la ley N° 25.929  fue sancionada hace 8 años,  persisten groseras violaciones a lo que esta establece. Mónica Rinaldi, directora de Maternidad e Infancia destacó que se trata de procesos largos que requieren cambio de mentalidad de los profesionales médicos, mientras que otros referentes en el tema también señalaron como herramienta fundamental el acceso a información veraz por parte de las gestantes para que puedan tomar decisiones. En este contexto se producen frecuentes transgresiones: 

1- No respetar las semanas de gestación. El lema de la semana del Parto Respetado que comienza hoy se pregunta justamente esto:

“¿Respetamos los tiempos del nacimiento?” Según experiencias personales, opiniones de profesionales y miembros de organizaciones, en la mayoría de los casos esto no sucede. 

Si bien se estipula que entre las 38 y las 42 semanas de gestación es tiempo propicio para el alumbramiento, lo cierto es que la mayoría de los obstetras prefieren no superar la semana 40, por lo que tienden a inducir el parto o programar una cesárea. Según comentó un profesional consultado, esto se debe a que se prefiere no correr riesgos y así se le informa a la mujer que se ve inducida a aceptar esta propuesta. También incide el temor a una demanda por mala praxis ante alguna complicación.

Flavia Fernández lo vivió en carne propia cuando en la semana 39 de embarazo su médico le informó que se iba de vacaciones,  que lo ideal era inducir el parto antes de que se fuera o quedar en manos de un colega suyo.

Ella con mucha ansiedad y angustia por tratarse de su primer hijo decidió optar por el médico que no conocía, quien igualmente le informó que él no es partidario de pasar de la semana 40 de gestación y que de preferir esta opción era bajo su propia responsabilidad ante un posible riesgo.

Flavia prefería esperar pero su bebé nació finalmente a la semana 40 ya que sin siquiera consultarle el médico le realizó una maniobra para inducir el parto naturalmente, algo que también había hecho el obstetra anterior pero sin siquiera informarle. 

2- No tratarlo como algo natural. Parir es algo natural para la mujer, sin embargo el sistema de salud tiende a medicalizarlo y tratarla como una paciente quien para tener éxito necesita ayuda; esto sustenta la intervención del personal médico y la alteración del proceso. 

En este contexto, se produce muchas veces una infantilización del trato: se le señala que ella no sabe o no entiende, que debe ser tolerante e incluso llegan a “retarla” por lo que dice o hace. 

 Además se le quita protagonismo a la madre cuando pierde participación en cuanto a la toma de decisiones sobre algo que le es absolutamente propio.  

3- No respetar los tiempos del trabajo de parto. Según comentaron, una primeriza puede tener hasta 12 horas de trabajo de parto, sin embargo, la psicóloga Daniela Mattolini, de la organización Alumbra que trabaja sobre parto respetado dijo que  los plazos naturales suelen no esperarse.

“Para las instituciones, más de 8 horas una mujer ocupando sala e instalaciones es más de lo que los protocolos indican, entonces pasado esto hay un intervencionismo que va mas allá de lo que es mejor para el bebé”. Dijo que en este sentido, se priorizan los protocolos que tiene cada efector por sobre lo establecido legalmente. 

El médico obstetra Ariel Calderón que trabaja con parto respetado dijo que “el  médico tiene que armarse de paciencia” y subrayó la importancia de que la mujer esté acompañada y contenida durante todo el proceso para lo cual están especialmente preparadas las licenciadas en obstetricia. 

4- Preferencia por cesáreas. Mendoza registra un altísimo índice. En el sector privado asciende a 70% de los nacimientos y en efectores públicos promedian el 35% de los casos. Sin embargo tal índice está muy lejos de lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud que es de 15% como máximo ya que por encima de esa proporción no se aprecia disminución de la mortalidad materno infantil.

Los defensores aducen que es más práctico, puede programarse y lleva menos tiempo,  algo que valoran muchos médicos e incluso muchas mujeres, según señalan éstos. Los profesionales aseguran que no hay diferencias entre los costos de un parto natural y una cirugía por lo que la conveniencia económica no sería un factor de peso.  Dicen además que hay mujeres que prefieren esta opción por temor al dolor.

Rinaldi dijo que la indicación tiene que estar justificada en un riesgo real para la salud de la mamá o el niño. No se debe olvidar que se trata de una intervención quirúrgica con los riesgos que esto conlleva. 

5- Excesivo intervencionismo y medicalización. Esto por querer alterar los procesos naturales.  Así es como la mujer termina transformándose en paciente y se habilita el uso de medicamentos en un proceso que simplemente debería suceder en la mayoría de los caso. 

“Hay argumentos válidos como riesgo para la vida del bebé pero deben hacerse cuando hay una verdadera urgencia”, dijo Mattolini. 

6- No ofrecer alternativas en cuanto a la forma de parir. El parto vaginal se realiza generalmente de manera horizontal y en una posición que no facilita la expulsión del bebé, sobre una camilla que resulta incómoda e inmoviliza. 

Mattolini refirió que en general los efectores de salud no propician las condiciones para que se realice un parto respetado, sobre lo cual Rinaldi expresó que algunos edificios por ser antiguos requieren ser adaptados, sobre lo cual se está trabajando.  

7- No acceder a parto vaginal después de cesárea. Rinaldi reconoció que cuando ya hay cesárea suele evitarse un parto natural, algo que avalaron mujeres que intentaron hacerlo.

8- No dar información adecuada. Esto incluye no informar previamente  a la mujer sobre las opciones posibles,  procedimientos y consecuencias ni esperar consentimiento. Pero por otra parte puede darse información parcial y hasta tendenciosa que le impida optar a la parturienta. 

9- No respetar la hora del bebé. Esto refiere a la necesidad de contacto con su madre ni bien sale del útero y hasta una hora después.

“Cuando nació mi hijo me lo mostraron apenas por sobre la telita y se lo llevaron, casi ni lo vi (...) me lo trajeron recién a la salida del quirófano pero yo no sentía los brazos así que se lo dieron al papá, pude tomarlo recién 5 horas después”, contó Beatriz. 

10- No permitir acompañante. Si bien legalmente se estipula que la mujer puede estar acompañada por quien ella desee durante el trabajo de parto e incluso este mismo, en la práctica en general no se permite ingresar cuando hay cesárea. El argumento más común es la asepsia. 

Marco legal nacional

El proceso de cambio respecto de este tema viene lento desde el comienzo. La ley nacional Nº 25.929 de Derechos de Padres e Hijos durante el Proceso de Nacimiento fue sancionada en 2009 y debieron pasar 6 años hasta que fue reglamentada , en octubre de 2015. 

El encargado de fiscalizar su cumplimiento es el ministerio de Salud provincial. Según la directora de maternidad e Infancia provincial, Mónica Rinaldi esto se hace a través de informes pero en el caso de la cesárea, si está sustentada por el profesional esto se toma como válido. Por eso subrayó la importancia de capacitar y logra un cambio de mentalidad especialmente en los profesionales de la salud.

Denuncias por maltrato y desinformación

Existe un ente a nivel nacional que desde hace unos meses recibe denuncias sobre violencia obstétrica. Se trata de la Comisión Nacional Coordinadora de Acciones para la Elaboración de Sanciones de Violencia de Género (Consavig). Su secretario, Leonardo Alonso, informó que a la cabeza del ranking de reclamos figuran el destrato y el maltrato previo, durante y posterior al parto, ya sea por profesionales de la salud como por parte de administrativos.  

La segunda causa de denuncias es la falta de información. Esto incluye falta de interés por las inquietudes de las mujeres frente al parto o que “pese a ser solicitado se hace caso omiso o les dicen que ellos saben lo que hacen”. 

En tercer lugar aparece la negación del acompañante, especialmente en cesárea, sobre lo que no hay ningún reglamento que lo impida. 

Explicó que quienes generalmente denuncian son víctimas de clase media o superior que luego del parto se informan. 

El traumático parto de Beatriz

Beatriz Cano tiene 32 años y un hijo de 4 años. Su parto fue tan traumático que había decidido no tener más hijos. Ella quería un parto natural pero no pudo: “En la semana 36 (de gestación) el médico me informó que íbamos a cesárea porque el bebé se había sentado y era riesgoso, que además se iba de viaje, pero siempre planteando el miedo. Me dijo ‘yo puedo mañana’”, relató. Era la semana 38. 

Pese a sus temores no dejaron ingresar a su pareja al quirófano. “Me retaban porque yo lloraba, estaba asustada, me decían que le haría mal al bebé. Estuve desnuda, sola, con frío esperando en una camilla”, agregó.

Luego, “durante la cirugía sentí que no podía respirar, pero los médicos hablaban de los chocolates que les habían regalado para la semana de la dulzura, yo estaba con los dos brazos atados en T”, detalló. Tampoco le dieron a su bebé cuando apenas nació. 

Pese a la traumática experiencia, decidió informarse y ahora va a intentarlo de nuevo; está embarazada y esta vez lo hará a su modo: intentará un parto natural domiciliario. En esta instancia apareció un nuevo desafío: conseguir un obstetra que avalara un parto natural luego de cesárea ya que no quieren correr riesgos.

Finalmente lo logró. Entusiasmada se dispone a disfrutar del milagro de traer a la vida a su segundo hijo y esta vez sí poder hacerlo con los tiempos que la naturaleza marque, con su pareja al lado y poder sentirlo piel a piel luego del primer respiro.