Opinión Domingo, 6 de julio de 2014 | Edición impresa

Conocer y anticipar, factores de la empresa del futuro

Por Por Miguel Ángel Gutiérrez - Lic. en Ciencias Políticas, Dr. en Historia e Investigador de Futuros, preside el Centro Latinoamericano de Globalización y Prospectiva, nodo del Millennium Project.

En el mundo, devenido en mercado global, producir, obtener suministros, ser eficiente y brindar utilidades ha cambiado sustancialmente: la economía gira permanentemente alrededor de lo digital.

La globalización se construye sobre una nueva infraestructura tecnológica y reconoce tres tendencias motrices: la aceleración de la historia, la pérdida de significación de la distancia y la crisis del Estado nacional. La primera modifica radicalmente nuestro ritmo de vida y capacidad de adaptación a circunstancias cambiantes; la segunda elimina las restricciones de tiempo y lugar y la tercera modifica la forma de regular y gestionar la soberanía ante nuevas modalidades operativas.

Pero además de reconocer estas tendencias, es preciso evaluar posibles impactos en mediano y largo plazo, tanto positivos como negativos, incluso aquellos altamente improbables. Éstos afectarán la vida de los individuos, todo tipo de relaciones sociales y el modo en que se organizan las funciones económicas. 

Lo que adquiere especial significación en relación con el futuro de las empresas. La eliminación de restricciones soberanas por la pérdida de capacidad reguladora de los Estados, característica de su crisis, abre a las empresas globales un campo ilimitado de operaciones, no solo en lo geopolítico, sino también en lo tecnológico y financiero. 

El espacio de las empresas, su dominio o ámbito de actuación, es verdaderamente global debido a que operan a través de distintas geografías, bajo diversos y cambiantes poderes políticos y, sobre todo, conforme a nuevos modelos de negocio y nuevos productos y segmentos de clientes. La empresa del futuro no solo dependerá de su capacidad de innovación, sino que será un sistema que debe aprender a la velocidad de los cambios en sus mercados y, aún más, anticiparse a ellos. 

La dinámica de estos cambios configura ambientes caracterizados por la complejidad y la incertidumbre. Cómo reconocer la primera y reducir la segunda no será posible bajo la tradicional modalidad operativa de las empresas: estructura jerárquica, división de tareas, externalidades y economías de escala. Las propias funciones de planificación y formulación de estrategias requieren nuevas formas de realización. 

Los modelos organizativos han sido respuestas a condicionamientos propios de determinadas situaciones. Históricamente las empresas siguieron modalidades aplicadas previamente por grandes unidades militares: comando centralizado, distinción entre línea y staff, división por funciones: logística, comunicaciones, etc. Todo ello asentado en el supuesto de que los entornos eran rígidos y permanentes, y que eventuales situaciones que afectaran la estabilidad se veían como crisis que era preciso atender para volver a situaciones de equilibrio

Poco de esto ha de servir en el futuro. La empresa deberá planificar su actividad en un espacio ilimitado, tiene que actuar en todas partes y simultáneamente. La producción global es distribuida, con poco personal en la oficina local, la mayor parte del equipo estará en cualquier parte del mundo pero comunicado permanentemente a través de telepantallas, las que serán parte del panel de control en vivo de la empresa. Esta proximidad virtual permitirá tomar decisiones en tiempo real, en cualquier lugar. Call center globales distribuidos por todo el mundo, con los operadores locales de cada región, extienden los horarios de atención a 24 horas diarias los 7 días de la semana. 

Los nuevos entornos de negocios ya generan un nuevo tipo de organización empresarial, en la que su crecimiento y desarrollo van más allá de sus resultados comerciales, en una tendencia acumulativa para emplear la tecnología como la clave de nuevos productos, que en muchos casos implican nuevos mercados, y si se trata de tecnologías disruptivas dejarán muchos productos de la competencia totalmente fuera del negocio. 

Los modelos usuales de crecimiento empresarial, como los de reingeniería frente a crisis, apelan a la reducción de costos –generalmente empezando por los de personal–, inyección de capital, asociaciones estratégicas, reducción de los ciclos de vida del producto, apoyo a la imagen de marca o, con menor frecuencia, soluciones innovadoras.

Para éstas se debe estar particularmente atento no solo a qué pasa en su sector, sino también a la creciente masa de información. La cantidad global de datos se duplica cada 20 meses, los dispositivos conectados a internet suman 12 mil millones y los pagos por teléfono móvil se precipitaban alcanzando un billón de dólares. Todo ello requiere algoritmos que facilitan la aplicabilidad de la “big data”, de analítica avanzada, al tiempo que acercan el horizonte de la investigación científica que, mediante nuevos desarrollos, pueden modificar de modo irreversible la actividad del sector. Serán estos nuevos insumos de información los que harán posibles un crecimiento de naturaleza exponencial en reemplazo de lo convencional: lineal y progresivo.

Todas sus relaciones seguirán otros patrones de comportamientos. Fabricantes, proveedores, consumidores y responsables de la logística dispondrán de conexiones continuas para hacer negocios radicalmente más eficientes y eficaces en una economía globalizada. Esta comunicación en tiempo real permitirá al CEO acceder a todas las pantallas y comunicarse en simultáneo con todos los miembros de la empresa, pero también con proveedores, contratistas, asociados regionales y locales, como también con los responsables de servicios logísticos, comerciales y financieros, propios o tercerizados.

Las tecnologías sociales exceden en mucho lo que es un fenómeno de consumo. La matriz social también se extiende más allá de la cocreación de productos y las redes organizativas. El camino del socialware: la atención de las funciones sociales elementales por la infraestructura digital dará a la empresa una nueva escala de valores para alcanzar con su producción.

No se trata de realizar múltiples tareas en simultáneo o reemplazar el trabajo secuencial por actividades en paralelo, es una nueva forma de vivir. Aprender, cuidar la salud y el bienestar físico, entretenimiento y diversión, descansar y trabajar, satisfacer necesidades están cada vez más lejos del esfuerzo físico. Poco de ello se aprenderá en las escuelas, mucho de las tecnologías y aplicaciones disponibles. 

Todas las actividades humanas están cambiado su naturaleza. Producir, como vivir, será cada vez más digital; quien antes lo entienda y se prepare para ello obtendrá mayor ganancia. Es de esperar que sea bajo nuevos valores de justicia, solidaridad, de respecto y cooperación con los otros y con el ambiente.