Espectáculos Jueves, 2 de octubre de 2014 | Edición impresa

Bullying Sexual: cuando los estereotipos hacen mella

¿Cómo juegan los preconceptos de lo que implica ser una “mujer bien” de la que supuestamente es otra que vive y piensa de manera diferente su cotidianidad? Una reflexión sociológica.

Por Analía de la Llana - adelallana@losandes.com.ar

“‘Bullying sexual”: ¿por qué las mujeres son putas y los hombres, héroes? ¿Por qué ante una misma situación -como el hecho de tener sexo ocasional- las mujeres son tildadas de "rápidas" y los hombres son aplaudidos? El proyecto Unslut lucha contra la afición social que avergüenza y negativiza la sexualidad femenina y que además culpa a las mujeres víctimas de agresiones sexuales”’.

De esta manera comienza el artículo que abre la reflexión acerca de un tipo de “Bullying” que vive el género femenino, reproducido por lo “normativo” que la sociedad reproduce para con el género.

¿Qué lecturas se pueden desgranar al respecto?

 La socióloga Silvina Anfuso (jefa del departamento de Mujer y Equidad de la Municipalidad de Godoy Cruz) responde al respecto.

Cuidado con los estereotipos

“El bullying es una conducta que tiene varias características y una de ellas alude a un comportamiento o conducta dirigida a una persona, bajo un determinado estereotipo, en donde se la tiende a aislar, y a menoscabar. Esta acción se funda sobre un estereotipo, porque el comportamiento (es decir esa forma de menoscabo de su integridad, y de comportamiento discriminatorio) tiene un sustento grupal”, argumenta la socióloga.

- En función del artículo como disparador, ¿qué reflexión puede hacerse?

- Las formas de discriminación, o los estereotipos que fundan estas formas de violencia y malos tratos, tienen diferentes raíces: algunas de ellas pueden ser por portación de rostro (que se entiende como un sujeto favorecido o desfavorecido socialmente, ya sea por color de piel, género, o elección sexual) o por características de personalidad no coincidentes por lo que se entiende como feminidad o masculinidad. Es decir cuando en ambos casos se interpretan como una manifestación binaria: una sola manera de ser femenino o masculino. Cuando se naturalizan esos estereotipos, pero alguna conducta se corta o corre de la normativa que los comprende, de alguna manera aparece una forma de castigo que tiende a “disciplinar” o “poner en ridículo” cualquier cuestionamiento práctico. 

- ¿La manera de vestir que señala el artículo en la mujer,  aduciría a un machismo que se sostiene en el tiempo?

- No existirían violencias sin estereotipos, dentro de los mismos hay dos respecto a las mujeres, que están socialmente reconocidos. Uno de ellos muy menoscabado, que es el de la mujer “puta”, que sale de la normativa para vestirse, pensar o vivir su sexualidad. El estereotipo de la mujer madre, o “mujer bien”, es el contraste.

La figura de la “puta” está asociada a un objeto de deseo, es decir a una forma de cosificación de alguna manera de la mujer (en el plano de lo simbólico, que cuadraría en la violencia simbólica). Es decir que a la mujer denominada de esta manera se la ubica en un lugar de menosprecio. Esto se daría por su vestimenta, o actitud “provocadora”, en tanto objeto de deseo, por parte de un sujeto que legítimamente desea, que sería el varón heterosexual. Socialmente vivimos en una sociedad machista, que entiende que hay ciertas mujeres (aunque todas sean pasibles de violencia) que entrarían en el estereotipo de “fácil” y que con su supuesta actitud “provocativa” harían legítima una forma de violencia.

- ¿Qué debería entender una sociedad que se precie sobre una mujer libre de acción y palabra, fuera de la “convención”?

- La mujer se viste como a ella le agrada, porque le gusta su cuerpo, su ropa, porque elige en libertad cada uno de estos aspectos que la completan. Cuando el mundo femenino se ubica en ese lugar de adornarse, quererse y cuidarse de alguna forma, siempre entra el miedo interno de ser acusadas por una sociedad machista. Entonces acá entra la pregunta: ¿Es un problema de esas mujeres o de la sociedad que las discrimina?

Es la mirada social que termina con un doble juego, ya que la mujer que se pone ropa vistosa, en algún punto se la juega a decir “quizá algo me digan, pero me visto o pienso así por mí”. Lamentablemente vivimos en una sociedad que trata de discriminar cuerpos; que tienen que tener tal encuadre, tal forma y tal manera de vestirse.

Siempre el cuerpo de la mujer está cuestionado. Es decir que el bullying sexual, o hacia las mujeres, tiene que ver en gran parte (y por una cuestión de géneros ) con el cuestionamiento sistemático y permanente hacia los cuerpos femeninos; los que salen supuestamente de lo que la normativa manda. Vivimos en una sociedad machista, no es casual que cada 30 horas en Argentina muera una mujer por causa de violencia de  género y que nuestro Código Penal haya, de alguna manera, ubicado el concepto de femicidio como un agravado del homicidio. En una sociedad machista patriarcal hay una tendencia aún más fuerte del disciplinamiento hacia las mujeres.

- ¿Los cambios son posibles?

- Se puede, pero esto es un problema tan importante que debe haber un plan integral decidido a ver los patrones y conductas que multiplican las violencias, ya sea desde el trabajo, lo cultural y el compromiso; como la revisión en el ámbito de la política y en el seno familiar.

El artículo que dispara la reflexión

“Bullying sexual”: ¿por qué las mujeres son putas y los hombres, héroes?

¿Por qué ante una misma situación -como el hecho de tener sexo ocasional- las mujeres son tildadas de “rápidas” y los hombres son aplaudidos? El proyecto “Unslut” lucha contra la afición social que avergüenza y negativiza la sexualidad femenina y culpa a las mujeres víctimas de agresiones sexuales.

Te pueden llamar ‘puta’ por la forma en la que te vestís, por disfrutar del sexo, por rechazarlo o por ofender a alguien por un tema que no tiene nada que ver con el sexo. Podría decir que hasta el hecho de existir y ser mujer ya parece suficiente para que te lo digan”, lamenta Emily Lindin, fundadora de The Unslut Project, una iniciativa que lucha contra el estigma social que negativiza la sexualidad femenina y culpa a las mujeres víctimas de insultos, bullying o acoso sexual.

Tal como menciona el artículo del blog S-Moda del diario El País, The Unslut Project busca combatir el “bullying sexual”, tal como el que sufrió la canadiense Rehtaeh Parsons: tras una violación en grupo, sus compañeros de escuela la torturaban con las fotos de la agresión sexual que circularon en redes. La chica se suicidó al poco tiempo.

Emily nunca fue violada pero sí fue tildada como la “chica rápida” de su colegio. Tras conocer varias historias de jóvenes que pasaron por algo similar, decidió crear este proyecto, que empezó con compartir al mundo el diario íntimo que escribió cuando tenía entre 11 y 14 años. “Publiqué estas entradas en la web una a la vez, sin cambiar una sola palabra con excepción de los nombres de las personas involucradas, incluido el mío. Cada breve comentario que está entre paréntesis en cada post, tiene la intención de dar alivio desde mi perspectiva actual, más de una década más tarde”, explica en su sitio web.

Su historia generó que otras mujeres se animen a contar sus propias experiencias. Son duras, impactantes. Algunas dicen: “Mientras que la violación era una experiencia horrible y dolorosa, el hostigamiento y la incredulidad de mi historia era aún peor”; “dos chicos que creía que eran amigos se rieron cuando se enteraron de que me violaron y me decían que era una ‘puta’ que ‘abría las piernas a todo el mundo’”; o “durante mucho tiempo me sentí avergonzada de eso y me trataron como si fuera mi culpa”.

Mientras tanto, Emily trabaja en el documental “Slut: A Documentary Film”, que busca generar conciencia acerca de la realidad del “slut shaming” (o “avergonzar a la puta”). “Nos centraremos en las historias de estas jóvenes que se suicidaron tras sufrir bullying sexual y preguntaremos a expertos, sexólogos y psicólogos para explorar cómo podemos cambiar este aspecto en nuestra cultura”, dice la mujer a dicho blog.

Con el mismo objetivo llegó a Buenos Aires La Marcha de las Putas, una réplica de las Slutwalks que se hacen alrededor del mundo. “Esta forma de pensar, de justificar la violencia, también se vive en nuestro país. Además de concientizar acerca del derecho de la mujer a vestirse como se sienta mejor, también decimos que no hay por qué aguantar silenciosamente aquellos piropos callejeros groseros o aquella mirada que te desnuda, que te deja vulnerable ante los demás.

La mujer se arregla para verse bien, para sentirse atractiva, para hacer uso de su derecho a mostrar su sensualidad, pero eso no es sinónimo de violencia ni es una invitación a nada. Queremos vivir en una sociedad con respeto”, dijo Pamela Querejeta Leiva, una de las organizadoras de la iniciativa en Argentina, al sitio Entremujeres.

¿Por qué ante una misma situación -como el hecho de tener sexo o, es más, disfrutar de él- las mujeres son tildadas de “rápidas” y los hombres son vanagloriados?