Sup. Cultura Sábado, 30 de septiembre de 2017 | Edición impresa

Anglicismos y equivalentes en español

Por María del Rosario Ramallo - neneramallo@ gmail.com

Para quien no conozca el valor del vocablo ‘anglicismo’, incluiré las tres acepciones de este término que trae el diccionario académico: la primera es “giro o modo de hablar propio de la lengua inglesa”, como en la expresión “on line” (también, “online” y “on-line”), en lugar de “conectado, digital, electrónico, en internet o en línea”; la segunda, semejante a la primera, dice “vocablo o giro de la lengua inglesa empleado en otra”; la tercera, “empleo de vocablos o giros ingleses en distintos idiomas”. Como la difusión de la cultura anglosajona es global, no nos escandalizamos por la inclusión de términos provenientes del inglés en todas las disciplinas. Así, El español más vivo, obra de la Fundéu de 2015, incluye un glosario de términos extranjeros, entre los que predominan los de origen inglés, para varios ámbitos de la vida diaria: espectáculo, moda, internet y tecnología, deportes, economía y empresa.

En este sentido, nos ha parecido muy interesante el “Glosario del sector de la producción de espectáculos musicales en directo”, que la misma fundación ha incluido, desde mayo de 2015, en su página web. En muchos casos, el vocablo considerado pertenece a la “cultura del mundo” y no necesita traducción, como sucede, por ejemplo, con la voz “delay”, de la cual nos dice el documento mencionado: “Literalmente, ‘retraso’. Normalmente, se refiere al efecto que se aplica a la voz o a algún instrumento y que consiste en multiplicar una señal de audio y retrasarla, consiguiendo un efecto similar al eco”. Así, escuchamos al comentarista deportivo quejarse por el “delay” en la transmisión, que parece restar agilidad y calidad al hecho; del mismo modo, escuchamos que los medios no han podido hablar directamente con un artista ya que éste solamente establece contacto a través de su “manager”: la voz se traduce como ‘representante’, pero la lucha entre el anglicismo y su traducción se resolvió a favor del primero, que ha logrado su adaptación al español y su incorporación a los diccionarios académicos como ‘mánager’, con dos acepciones: “Gerente o directivo de una empresa o sociedad” y “Representante de un artista o deportista, o de una entidad artística o deportiva”. El término se usa como masculino y femenino. Las recomendaciones que nos trae el Panhispánico son de índole ortográfica y fonética; al adaptarse al español, es palabra esdrújula, con tilde obligatoria en la antepenúltima sílaba; en su prosodia, la voz adaptada pronunciará la “g” como “j”. Sin embargo, a pesar de estar incluido el término adaptado, la palabra de las Academias de Lengua Española se plasma en el consejo: “Por su extensión, se admite el uso del anglicismo adaptado, aunque es siempre preferible emplear equivalentes españoles como “director, gerente o administrador” (de una empresa o sociedad), “director técnico” (de un equipo deportivo), “representante o agente” (de un artista o un deportista) y “apoderado” (de un torero).

Otro término con una explicación interesante es “backstage”, del cual leemos: “Es el espacio, generalmente en la parte trasera del escenario y oculto al público, en el que los músicos se preparan para salir y donde se ponen a punto los equipos, instrumentos, etc. No necesariamente representa el espacio físico, ya que también es usado para referirse al espacio imaginario de todo lo relacionado con el espectáculo y que el público no ve”. En español podemos decir “entre bastidores, entre cajas, tras el telón”. Aunque la RAE no lo menciona, también se puede aludir al término con las composiciones “tras vestidores” o “tras bastidores”. En los últimos años, también se ha popularizado el término “green room” que, aunque se considera más una sala de espera, puede traducirse de la misma manera que “backstage”.

En los diferentes programas musicales y de espectáculos, oímos a los conductores utilizar la palabra “performance”: ¿Es lícito usarla? Puede tomar distintos sentidos, pero en todos ellos es un anglicismo evitable. En primer lugar, puede referirse al “resultado obtenido en relación con los medios o el esfuerzo invertidos”. En este caso, puede sustituirse por “resultados, rendimiento, funcionamiento, comportamiento”: “Veremos cuál es su rendimiento (en lugar de ‘su performance’) en las próximas elecciones”. Cuando se usa en el mundo del espectáculo, para aludir a la acción de interpretar un papel o una pieza musical, se puede cambiar por los términos españoles “actuación, interpretación”: “Dejó asombrado al jurado por su magnífica actuación” (en lugar de “por su magnífica performance”).

En una muy reciente noticia de la Fundéu, leemos: “La palabra ‘performance’, según recoge el diccionario académico, es la “actividad artística que tiene como principio básico la improvisación y el contacto directo con el espectador” y es un extranjerismo no adaptado procedente del inglés, de género femenino”. Y añade: “Resultan preferibles las alternativas en español ‘espectáculo, representación o actuación’”. 

Vamos al cine, invitados por determinada entidad, a ver los avances de una película; al llegar al lugar, vemos un camión con un gran remolque: tanto para designar los adelantos de la película como para nombrar el acoplado, usamos una voz proveniente del inglés, pero adaptada al español: ‘tráiler’. A esos dos usos señalados se refiere el Panhispánico cuando nos advierte que el término nombra tanto un remolque de grandes dimensiones acoplado a un camión, cuya parte delantera se apoya y articula sobre él, como también el extracto de una película que, con fines publicitarios, se proyecta antes de su estreno. Para el primer caso, recomienda usar ‘remolque’, mientras que para la segunda acepción aconseja ‘avance’. Advertimos que el término se adaptó al español porque ha tomado tilde por ser voz grave terminada en R; su plural es, en todos los casos, ‘tráileres’.

Otro vocablo muy usado es “sponsor”, totalmente sustituible por “patrocinador, auspiciante o auspiciador”. Existe, además, la adaptación al español como “espónsor”, desaconsejada por el Panhispánico, por el hecho de existir la palabra española que designa lo mismo. También se desaconsejan los derivados ‘esponsorizar’ y ‘esponsorización’, sustituibles por las palabras “patrocinar” y “patrocinio”, respectivamente.