Sup. Cultura Sábado, 29 de abril de 2017 | Edición impresa

Angélica Gorodischer: “Hay que leerle a los bebés”

La escritora acaba de ser distinguida con el Honoris Causa de la UNCuyo. En esta charla a fondo ofrece consejos: “Hay que leer todas las ramas: botánica, medicina, astronomía. Novelas románticas, no. Isabel Allende, no”.

Por Mariana Guzzante - mguzzante@losandes.com.ar

"Ay, Angélica, ¿qué hago que la nena no me lee?”, le pregunta una madre joven. Ella, con paciencia, repregunta: “¿Y vos leés?”. “Pasa que no tengo tiempo”, se excusa la que busca consejo. “No le podés decir a un niño vaya y lea media hora. Lo vive como un castigo. Hay que hacer, en cambio, que lo sienta como un placer. Y empezar a leerles desde bebés”, dice la señora de 88 años que todavía se acuerda de esos cuentos inventados por su madre para calmar, desde niña, su sed literaria. 

“Yo soy una mina de escritura. Es parte de mi vida, como mi marido, como mis hijos y mis nietos. No puedo estar sin escribir”, confirma después de 33 libros publicados y otro por terminar. 

Lo hizo mientras crió a los suyos, cuando trabajaba como encargada y traductora en una biblioteca médica. Lo hizo más aún después de ganar su primer premio y gastarse el dinero en camisones de seda. Y lo sigue haciendo ahora, luego de recibir el Honoris Causa de la UNCuyo. 

Mientras termina su nuevo libro de relatos, Angélica ya está creaneando una novela. “Es que oí una frase que se me quedó dando vueltas en la cabeza”. Hace ese gesto de dar vueltas con el dedo contra su pelo rojo en señal de cómo se puede expandir una narración desde, por ejemplo, la línea “Es como caca de oveja”. 

- ¿Es así? ¿No partís de una imagen sino de una voz?

- Siempre parto de las voces. Venimos del lenguaje. Yo tengo al personaje cuando lo escucho. No sé si es gordo, alto o moreno. Pero sé qué dice y a partir de allí, se jala la historia. La primera versión es un mal necesario. Suele ser una porquería, pero después de esa primera lanzada de la historia es cuando viene el oficio de escritor, con una buena cantidad de horas-silla. También me preocupa mucho la estructura.

Angélica recuerda una anécdota borgeana. Hace muchos años, le otorgan a Borges un premio en Gualeguay y le piden a Alfredo Veiravé (por entonces el poeta de la comarca) que vaya a recibirlo y acompañarlo. Veiravé está abrumado por presencia del maestro. En uno de los paseos se anima a abordarlo.

Con candor de principiante le pregunta: “¿Le costó mucho escribir ‘Funes el memorioso’? Borges, que disfrutaba de destruir con una frase al interlocutor, percibe el interés genuino de un lector fervoroso. Y es sincero: “Sí, me costó mucho. Pero cuando lo escuché, tuve el cuento”.  

- Tus textos de ciencia ficción tienen estructuras complejas. ¿En qué te apoyás?

- Leo mucha ciencia. Ahora, por ejemplo, estoy leyendo “Historia de las ideas científicas”, de Leonardo Moledo. La ciencia te ayuda a organizar tus pensamientos. Abre mucho la cabeza y se re ocurren cosas loquísimas. Hay que leer todas las ramas: botánica, medicina, astronomía. Novelas románticas, no. Isabel Allende, no. 

- ¿Nunca escribiste una de amor? 

- ¡Dios me libre y me guarde!

- Desde hace años, escribís y apoyás la lucha por los Derechos de la Mujer. ¿Cómo reaccionás cuando te dicen ‘ya salió otra feminista’? 

- Está lleno de criptomachistas idiotas, ¿no? De esos que dicen que por ser feminista odías a los hombres. Como dice una amiga mía, yo no los odio: creo que hay algunos que están muy bien hechos. 

Ríe y le arroja un guiño a quien es su compañero desde hace 64 años. Se conocieron en un levantamiento estudiantil. Ella estudiaba Letras. Él, arquitectura. Y era el presidente del centro de estudiantes. 

- ¿No te atrapó la línea política?

- No es lo mío. 

Un trago de café y Angélica se queda pensando en lo que  literatura comprometida percibe como realidad. “¿Qué es la realidad? ¡Yo qué sé! No puedo contestar esa pregunta. Detrás de esta realidad que vemos hay otra y otra y otra. Me interesa tirar de esos velos, buscar lo que hay detrás. Para mí, como dicen, la fantasía viene a pintar algunas de esas porosas nociones de lo real.

La distinción

La reconocida autora recició el martes el primer título honorífico universitario de su carrera. 

Para otorgar la máxima distinción que ofrece la Universidad Nacional de Cuyo el Consejo Superior merituó la obra literaria de Angélica Gorodischer, su trayectoria, reconocimientos públicos y consideró sus méritos excepcionales para engrosar la lista de personalidades que la Universidad ya reconoció con la distinción. 

El Consejo consideró los antecedentes de la escritora para obtener el reconocimiento. Para ello también se tuvieron en cuenta, además de su carrera literaria internacional, su profusa participación como jurado de diferentes concursos en Mendoza y su defensa de los derechos de la mujer.

La UNCuyo consideró además que la obra de Gorodischer constituye un hito de la literatura argentina como eximia representante de la ciencia ficción, el policial y la perspectiva de género a lo largo de cincuenta años de producción continuada. 

No se dejó de resaltar la admiración que despierta en sus lectores de una vasta franja etárea.

Angélica Gorodischer nació en Buenos Aires el 28 de julio de 1928. En 1936 su familia, originaria de Rosario regresó a vivir en esa localidad. Cursó sus estudios en la Escuela Normal de Profesoras en Rosario. En la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional del Litoral empezó a cursar una carrera que abandonó para dedicarse a su familia y a escribir narrativa, que fue su propósito en la vida. Trabajó de bibliotecaria en un centro médico. 

Actualmente vive en Rosario. Está casada desde 1952 con el arquitecto Sujer Gorodischer. Tiene 3 hijos y 6 nietos.

En 1963 obtuvo el Primer Premio del Club del Orden, que le significó la publicación de su primer libro, Cuentos con Soldados (1965).

Organizó 3 congresos sobre creación femenina en Rosario y desde 1967 ha sido miembro de jurados de diversos premios literarios en Argentina y en otros países.

Ha publicado libros muy diversos y es reconocida especialmente por su contribución a la narrativa fantástica. Tanto sus relatos como sus novelas le significaron la admiración de los lectores.

Su obra está traducida en varios idiomas y le significó obtener numerosos premios; entre ellos tres Konex, varios por su obra literaria; el de la Dignidad de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos; y es ciudadana ilustre y personalidad destacada de Rosario y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Otros Honoris Causa de la UNCuyo

Entre los escritores, científicos, gobernantes, artistas y destacadas personalidades honradas por la UNCuyo con esa distinción puede mencionarse a Mijail Gorbachov, Ricardo Lagos, Jorge Luis Borges, Luis Federico Leloir, Juan Draghi Lucero, Liliana Bodoc, Adolfo Pérez Esquivel, René Favaloro, Antonio Di Benedetto, Adolfo Bioy Casares, Mercedes Sosa, Gustavo Santaolalla, Helio Jaguaribe, Julio María Sanguinetti, Estela de Carlotto, Noé Jitrik, Eduardo Galeano, Evo Morales, Leonardo Favio, Baltasar Garzón, Luis Scaffati, Teun Van Dijk, Estela Carlotto, el expresidente de Brasil Inacio "Lula" de Silva, el politólogo Atilio Borón, el vicepresidente de Bolivia Álvaro García Linera, el dramaturgo Arístides Vargas, el historiador español Flocel Sabaté Currull, y los autores del Modelo Mundial Latinoamericano, Hugo Scolnik y Gilberto Gallopín, el jurista Luigi Ferrajoli, Oscar Oszlak, el psicomotricista francés Bernard Aucouturier, la psicóloga española Cristina Jenaro Ríos y la especialista en Filosofía Medieval Carol Harrison, entre algunos de los más recientes.