El domingo 11 de mayo fuimos con mi esposa y mis dos nenes de 1 y 3 años al arenero del Parque Central. A ellos les encanta jugar allí, como a cientos de chicos que van todos los fin de semana. Pero nos tuvimos que ir porque a un señor se le ocurrió instalarse a tomar mate con su dogo argentino. Lo dejó así, sin bozal y si nada, suelto en un arenero lleno de chicos de entre 1 y 5 años que juegan en el arenero.
El arenero es un sitio ideal para los más pequeños, pero este fin de semana gracias a ese señor nos tuvimos que volver a casa. Da impotencia ver que no se cumple ninguna ley ni ordenanza. Por lo que sé hay una ley que obliga a los dueños de esos perros considerados peligrosos –pitbull, rotweiller y dogo- a ir con bozal. Nadie la cumple. Da mucha impotencia.
Es obvio que no íbamos a exponer a nuestros niños a ese riesgo. Lo grave es que en el Parque central hay guardias de azul. Nadie hizo nada. El dogo se quedó allí, acostado entre bebés que jugaban. Habrá que esperar una desgracia para reaccionar.