martes, 10 de junio de 2008
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Weich dice que hace tiempo que quería subir el Aconcagua, así que no dudó en aceptar la propuesta.

Julián Weich escaló el Aconcagua y lo cuenta por tevé

El conductor vuelve a la televisión con un programa en tres episodios que mostrará su experiencia escalando junto a cinco personas comunes. Una aventura riesgosa guiada por el mendocino Indio Pizarro y contada para las cámaras de Telefé.

Julián Weich volverá mañana a la pantalla de Telefé con 6962 Desafío Aconcagua, un docu-reality de tres episodios, que mostrará al conductor y a cinco personas comunes escalando la montaña más alta de América en una aventura que, aclaró, no pasa por quedar como un héroe o como el primer mártir de la TV argentina.

Weich, que conduce el programa más riesgoso de su vida, escaló el Aconcagua en febrero de este año y eso quedó documentado para el ciclo que se verá por Telefé, los miércoles 11, 18 y 25, a las 23.30, después de la tira Vidas robadas. En enero, antes de la experiencia, el conductor estuvo en Mendoza y le presentó el proyecto al gobernador Celso Jaque.

La aventura puede ser loca pero el aventurero no. Como hace tiempo que quería subir al Aconcagua, se terminó juntando la propuesta laboral con mi deseo, aseguró Weich.

En esta riesgosa travesía de 19 días, el animador estuvo acompañado por Leticia Suárez, una ama de casa de 60 años que superó un cáncer de mama; Santiago Godoy, un estudiante de 23 años; Otto Passenheim, un artista plástico y docente de 46 años, y Enrique Huergo, un maratonista especializado en carreras de aventura, de 50 años.

También participó Daniela Donadío, de 34 años, quien fue miembro de la selección nacional de ciclismo y salió siete veces campeona nacional en esta disciplina, todos guiados por Daniel Indio Pizarro, un montañista experto descendiente de los Huarpes, quien llegó a la cumbre 30 veces.

Todos los participantes debieron superar sus propios límites, físicos y emocionales y el peligro como la constante amenaza de temperaturas de -30º C, tormentas de nieve, riesgo de hipotermia y la falta de oxígeno.

-¿Tu familia qué te dijo cuando se enteró?
-Mi familia no se opuso, fui convencido y les aseguré que iba a volver. Cuando tomé la decisión de hacer el programa y subir al Aconcagua, traté de ocuparme de que el riesgo sea mínimo para mí, para los participantes y para todo el equipo.
Es verdad que este fue el programa con los riesgos más grandes porque los lugares eran de imposible acceso y nunca se sabe cómo puede reaccionar el cuerpo en la altura.
Fuimos como 50 personas las que subimos y como no quería que nadie sufriera ningún problema, se minimizaron los riesgos porque no era la intención del programa. La expedición tuvo médicos nuestros y además los médicos locales, que atienden a todos los andinistas en el Aconcagua.
-¿Pero al ser el conductor realizaste toda la escalada?
-Yo era un participante más, subí y caminé como ellos, no tuve beneficios extras, la única diferencia era que yo miraba a cámara y decía determinadas cuestiones puntuales porque estaba conduciendo el programa. Ni siquiera tuve el rol de conductor durante la escalada, porque yo no sé nada de andinismo, allí condujo nuestro guía, el Indio Pizarro.
-¿Cómo fue el ascenso?
-Muy angustiante y estresante. Se sufre mucho porque se la pasa mal. Igual, sarna con gusto no pica, y tener la sensación que vas estar en la techo de América a 6 mil y pico de metros, es algo increíble y si se tiene la oportunidad hay que asumirla.
Igual hubo momentos en que te preguntás para qué estas ahí, por qué estás ahí porque todo es incómodo, te falta el oxígeno y te duele la cabeza.
A medida que vas subiendo vas abandonando comodidades porque todo cambia. Además el clima fue empeorando a medida que subíamos y hasta apareció una tormenta.
-¿Tuviste algún día peor que otro?
-El primer día de ataque al Aconcagua, me descompuse, vomité, tenía un dolor de cabeza terrible, y pensé que no seguía porque no había nada que lo arreglara, ni siquiera mascar coca. Pero decidimos que me iría dormir esa noche y a la mañana siguiente veríamos, y me fui a dormir pensando que me iba a despertar mejor y así fue.
Si me levantaba mal lo más seguro era que me tuviera que volver, porque estábamos en un lugar donde ya se hacía casi imposible el acceso a los helicópteros.
-¿Cómo se realizó el casting de participantes?
-Entre abierto y cerrado porque no había competencia ni premios, el objetivo era llevar gente para ver como reacciona cada uno frente a una escalada al Aconcagua.
Mostrar a gente común subiendo el Aconcagua, nada de andinistas o escaladores. Obviamente que era gente que tenía muy buena preparación física, porque si no se hace muy difícil.
-¿Cómo fue la química de grupo?
-Con esto del andinismo descubrí que en la montaña existen el egoísmo y la solidaridad, y que conviven continuamente y nunca se sabe cuándo vas a aparecer una faceta o la otra.
Porque en la montaña, cuando el otro tiene frío y vos le prestás tu campera, sos vos el que se muere de frío porque no hay camperas ni bolsas de dormir de sobra, no es un shopping.
A medida que vas subiendo vas llevando lo mínimo indispensable y vas descartando cosas por cuestiones de peso, por eso si bien podés ser solidario, si mi compañero perdía los guantes y yo se los prestaba, en 10 minutos era yo el que podía sufrir de hipotermia y perder los dedos.
La solidaridad es medida y todos los montañistas lo saben, por eso cuando se perdieron algunas cosas en la escalada sufrimos un montón.

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