Miércoles 22 de mayo de 2013 | 12:07 hs
Comenzó el realities "Perdidos en la tribu". Tres familias argentinas deberán convivir con tres comunidades de África y Asia. Esta semana llega a la pantalla local.
martes, 24 de abril de 2012
El desafío parece extremo. En esta vuelta de tuerca a los realities, los participantes se enfrentarán a cada instante con sus propios límites, no solamente físicos sino, por sobre todas las cosas, mentales. Tres familias argentinas tendrán que aprender a convivir con tres tribus de África y Asia durante un mes, al cabo del cual cada consejo tribal decidirá si cumplieron con el objetivo de integrarse. El premio son 300 mil pesos, a repartirse entre las familias que lo logren. De esto se trata “Perdidos en la tribu”, el ciclo que ayer estrenó Telefé (y se espera que llegue esta semana a la pantalla de Canal 9 Televida).
Primera versión argentina, luego de las exitosas ediciones que ha tenido este docu-reality en Bélgica (país de origen), Holanda, Alemania, Noruega, Nueva Zelanda, Australia, España y Brasil, cuenta con la coproducción de Eyeworks Cuatro Cabezas, Telefé y estará conducido por Mariano Peluffo.
Las tres familias participantes fueron seleccionadas entre cerca de mil grupos familiares, con la premisa de que fueran gente del común, ni deportistas consumados, ni aventureros, sino personas de clase media urbana con vínculos familiares que convocan inmediatamente a la identificación del espectador.
Así, el primer episodio mostrará a los Moreno, los Villoslada y los Funes en el aeropuerto de Ezeiza, cuando -recién allí- Peluffo les entrega los pasajes y se enteran de cuáles serán sus destinos. Después de viajes largos, con distintas etapas, transbordos y complicaciones, un grupo familiar llegará a Indonesia para ser acogido por la etnia Mentawai; otra familia será recibida por los Hamer de Etiopía, y una tercera, por la etnia Himba, de Namibia.
A partir de entonces, el reto mayor será comprender y aceptar las prácticas culturales de los anfitriones, adaptarse a prácticamente todo: desde la forma de dormir, sus comidas y sus viviendas, hasta el desarrollo de las relaciones familiares. Porque, ¿quién dijo que el concepto de autoridad entre padre e hijo sea el mismo, por ejemplo, o que los esposos deben dormir en el mismo lugar? Todo esto, por supuesto, tendrá que ser hecho tras vencer una dificultad inicial y nada sencilla: comunicarse en un idioma que desconocen.
La única intervención de un traductor será cuando los Consejos tribales les den la bienvenida y les expliquen cuáles son las principales reglas de convivencia. Así se verán las distintas reacciones. Algunos estarán exultantes, pero otros empezarán a tomar conciencia sobre las inclemencias del terreno y el clima.
El equipo de producción no comparte el lugar con ellos, sino que vive en un campamento base, a unos kilómetros de la aldea. Y durante la noche le dejan a la familia una cámara de mano para que ellos mismos graben lo que consideren importante. ¿Podrán llegar al final de la experiencia? ¿Lograrán ser aceptados como miembros de la comunidad? El reto está planteado. CC