Con información a cuentagotas, y en algunos casos nociones erróneas sobre las implicancias de su opción, por segunda vez en dos años (la anterior fue en 2009, para limitar la reelección indefinida de los intendentes) los mendocinos entraron con dos sobres al cuarto oscuro. Junto a los cargos electivos, los comicios 2011 tuvieron como un anexo importante, pero poco promocionado, al referéndum para reformar el artículo 221 de la Constitución Provincial que data de 1916 y que, con distintos condicionantes, finalmente arrojó un 50/50 entre el Sí y el No.
Con alrededor de 600 mil votos escrutados sobre un padrón de 1.232.914 y 60% de las 3.729 mesas habilitadas, hacia la madrugada la tendencia era irreversible: un virtual empate técnico entre ambas opciones (42,1% por el Sí y 41,5% por el No) decretó que toda eventual reforma seguirá atada a la voluntad de la mitad más uno del padrón. Hacían falta unos 615 mil sufragios positivos y así, el propósito del Gobierno de someter cualquier enmienda a la mayoría simple de votantes fue el único fracaso en un día pletórico de éxitos.
Había sido un escrutinio con vaivenes en el que el Sí picó en punta, para luego ceder terreno ante la negativa que alcanzó una distancia máxima de casi dos puntos cuando aún no se relevaba un 10% de las mesas. Pero al final ni una ni otra opción sacaron la ventaja suficiente para imponerse.
Ese capítulo de la elección había transcurrido, incluso, con algunas suspicacias. En una mesa de un colegio de Villa Nueva hubo quejas de que las boletas por el No estaban ausentes. “Salí, le dije al presidente de mesa, y rápidamente hizo poner una pila, pero me llamó la atención”, decía Adolfo (41).
Sin dudas, el acto comicial en Mendoza dejó claro dos cosas: la obligatoriedad de introducir dos tipos de boletas en sendos sobres demoró más de lo usual el pasaje por el cuarto oscuro, la jornada electoral y, por ende, el recuento final. Pero, sobre todo, hubo mendocinos que llegaron a esa instancia con escasa, o casi nula, información que los ayudara a decidir, en buena medida porque la difusión de la consulta popular fue limitada y prácticamente pasó desapercibida para muchos.
Otros, no obstante, salían convencidos hacia la urna. “Opté por el No. Aunque se sabe que a veces los padrones necesitan ser depurados, me parece que dejar atada la reforma de la Constitución al flujo de votantes es un mecanismo políticamente maleable a favor del gobierno de turno”, comentaba convencida Liliana (34). Para su pareja, Roberto (35) “tampoco se trata de modificarla cada vez que se les ocurra”.
En una escuela de Godoy Cruz, vía SMS, un hombre amenizaba la larga espera. Y comentaba risueño: “Un amigo que acaba de entrar al cuarto oscuro, se sorprendió al encontrarse con las boletas por Sí y por el No, y necesita que lo oriente rápido sobre qué significa”.
Con el correr de las horas se acumulaban situaciones y anécdotas más insólitas aún. Como la que protagonizó una mujer de edad y nada menos el juez Federal con competencia electoral, Walter Bento. El magistrado, ante las quejas de algunos vecinos después de 6 minutos de espera, no podía creer lo que veía al asomarse al aula: la señora, sentada, con el sobre abierto en una mano y los lentes puestos, repasaba cada boleta. Para colmo, sin saber de quién se trataba, “retó” a Bento con un “¡Por favor, no ve que estoy votando!”.
Tiene 44 años, dos hijos y una esposa siempre presente en sus declaraciones. Su madre murió cuando él tenía 5 años y su padre cuando tenía 20. Es abogado. Y como fanático de Independiente, le ganó el clásico a Iglesias, hincha de Racing.
Asignada para fiscalizar una mesa de Junín, no tuvo empacho en sacar boletas rivales del cuarto oscuro. A esto se sumó el curioso caso del vicepresidente de mesa que quiso filmar a escondidas.