Nueve horas después de que los familiares enterraran a Daniel Brusadin (48), alevosamente herido a tiros tras el asalto a su negocio a principios de mes, unos 400 vecinos se juntaron en el corazón de Villa del Parque para reclamar un conjunto de medidas de mayor control de la zona.
Al lugar de la protesta, en la esquina de calles Revolución de Mayo y Chiclana, muy cerca de la ferretería donde se registró el hecho, llegó el ministro de Seguridad, Carlos Ciurca, que escuchó con rostro serio los reclamos de la gente.
El momento más emotivo de la reunión de unas 400 personas, se produjo cuando subió al pequeño estrado emplazado en el lugar, uno de los hermanos de la víctima fatal, Darío Brusadin, un año menor que el fallecido.
Sus palabras pegaron muy fuerte en la concurrencia, algunos de cuyos componentes tenían carteles con los rostros de otras víctimas de la crueldad de los maleantes.
Hablando con los ojos casi cerrados, Darío dejó un mensaje entristecido y realista:"Hablan del famoso 911, pero cuando denunciamos nos piden hasta el grupo sanguíneo... Y luego el apriete es moneda corriente por estos lugares. Los chorros saben dónde vivimos, quiénes son nuestros familiares y nuestros horarios".
Luego de relatar los penosos 13 o 14 días que él, sus otros hermanos, la esposa del asesinado y sus hijos pasaron en los pasillos de terapia intensiva, elevó la voz para decir que "ya no tengo más miedo" y les pidió a sus amigos que tampoco lo tuvieran y que denunciaran a quienes acorralan a los que viven de la mano de la ley. Pero más insistió en que no dejaran de seguir reuniéndose y demandando lo que ya no alcanzará a su hermano. Antes de dejar el micrófono, tuvo una última rogatoria:"No hagan política con las víctimas", frase que arrancó aplausos de los presentes.
Para entonces ya era comentario generalizado que la pesquisa por el asalto y muerte del ferretero no tiene detenidos aún, lo que aumentó la desazón de los habitantes congregados en asamblea.
Antes de Brusadin, habló el ministro Ciurca, quien reconoció que el sistema tiene falencias y que los delincuentes "nos ganaron las calles". Defendió a los policías honestos y volvió a decir que será inflexible con quienes no lo son. Luego se mezcló entre la gente y recibió un sinnúmero de reclamos. Cerca estaban funcionarios del municipio y concejales de Godoy Cruz, la senadora Alejandra Naman, los dirigentes de la unión vecinal y habitantes de otros barrios de las cercanías, como SUPE, Gráfico, Comercio Iy VI, entre otros.
Un vecino leyó el petitorio por mayor presencia de efectivos en la barriada (ver aparte), y luego le tocó el turno a Alejandro Gil, presidente de la Asociación de Víctimas del Delito. El esposo de Laura Abonassar fue sereno y muy crítico. "La Policía está superada por los delincuentes, exigimos que la repartición se profesionalice, porque ahora deja mucho que desear; luego habrá que ir por la Justicia, con la que tenemos muchos problemas".
Antes de hacer un rezo católico para dar por concluido el encuentro, se dio a conocer una carta de otra damnificada de la crueldad de los malvivientes, Cristina Gaitán, madre de Esteban Toledo, asesinado en octubre de 2007 en Maipú. Este joven tenía que ver con el distrito, ya que había nacido en la calle Bulnes.
En la retirada, un vecino ensayó dos comentarios a quienes tenía al lado. Lamentó que los comerciantes de la esquina hubieran continuado atendiendo mientras se desarrollaba el acto. Y luego preguntó, no sin cierta dosis de fatalidad, hacia dónde seguirá esta espiral de violencia, "porque así como están las cosas, no pueden frenar los delitos".