Lima. España e Italia quedaron envueltas en una polémica por las duras políticas migratorias impulsadas por Silvio Berlusconi, a partir de declaraciones del gobierno español que causaron malestar en Roma y requirieron aclaraciones entre ambas partes.
En ese sentido, el canciller español Miguel Angel Moratinos se reunió con su homólogo Franco Frattini para discutir esta cuestión, a la que calificaron de "malentendido", según fuentes del gobierno español. La polémica surgió a partir de declaraciones de la vicepresidenta española, María Teresa Fernández de la Vega, quien aseguró que "no comparte la política de expulsiones sin respeto de la ley ni los derechos de los inmigrantes", y que tuvieron lugar tras una redada de la policía italiana contra ilegales, que concluyó con 268 extranjeros detenidos, 118 de los cuales serán expulsados. En sus declaraciones, citadas por medios españoles, De la Vega dijo que no compartía "las actuaciones que pueden exaltar la violencia, el racismo y la xenofobia". En medio del revuelo causado en Italia por estas palabras, el secretario de Estado español para Asuntos Europeos, Diego López Garrido, decidió comunicarse con el embajador italiano en Madrid para aclararle la posición del gobierno español.
Según explicó López Garrido, las declaraciones españolas no hacían referencia a la política migratoria que impulsa Berlusconi, sino que se referían a los actos de violencia del miércoles, en los cuales fueron incendiados dos campamentos de gitanos cerca de Nápoles (sur de Italia).
"La vicepresidenta se estaba refiriendo a los ataques racistas y xenófobos que no podemos aceptar", indicó.
"Nosotros no entramos a valorar las medidas italianas que no se sabe exactamente en qué van a terminar", agregó.