Mariano Mores
sábado, 17 de mayo de 2008
El siglo de Mariano Mores, el hombre que le puso la firma a tantos clásicos del tango.

Noventa años de tango en tango

Una vez más, Mendoza recibe a uno de los próceres de la canción ciudadana. Acompañado por su clan, esta noche Mariano Mores revivirá su historia. A las 22, en el Bustelo.

Mariana Guzzante - mguzzante@losandes.com.ar

Es una leyenda viva, un nombre imprescindible en los anales del género: Mariano Mores. Y más allá de los posibles debates, de tangueros morenistas y no, hay que decir que sigue siendo el autor de tangos fundamentales, el que puede darse el lujo de cumplir 90 años y tocar sin parar, como a los 30.

“Será una especie de historial del maestro, pasando por clásicos como ‘Adiós, pampa mía’, ‘La Cumparsita’, ‘Tierra querida’...”, precisa Gabriel Mores, el hijo del inolvidable Nito, el nieto pianista de Mariano. Y completa: “esto es el oxígeno del apellido Mores”.

Eso nos viene a demostrar que esta noche, acompañada por las voces de sus herederos y del cantante Alberto Bianco, más un elenco de seis bailarines del Teatro Colón, la orquesta desplegará sobre el escenario del Ángel Bustelo un espectáculo llamado, conscientemente, “90 años no es nada”.

Habrá momentos emocionantes: una evocación sentimental de Carlos Gardel y un homenaje audiovisual al hijo de Mariano y Myrna, Nito Mores. De modo que, en medio del show, Gabriel dejará los teclados para entonar el inmortal “Uno”.

Ese tango, en sí, ya es una porción de vida. “La historia la he sabido desde chico”, recuerda, “mi abuelo compuso la música y Discépolo, que nunca escribía para otros, se encargó de la lírica. El hecho es que tardó tres años, mientras que ‘Cafetín de Buenos Aires’, por ejemplo, le llevó una semana”.

Para esta noche, el clan familiar volverá a adaptar, como lo ha hecho siempre, su vida al escenario. Con Mariano al piano y al frente de la orquesta, su hija Silvia Mores y su nieto Gabriel en teclados y voz, al elenco se suma el cantante Alberto Bianco.

Pero esa suma de talentos se completará con Ariel Mores, un sobrino que está asomándose con calidad a la escena de sus parientes. Es éste quien pondrá la voz a los acordes de “Por qué la quise tanto”.

Con una versión itinerante de la “gran orquesta” pensada por Mariano, la velada promete una combinación de historia musical y álbum anímico. La pantalla, claro, combinará las voces del presente y del pasado.

Manos maestras

Antes que nada, lo evidente: como pianista, arreglador y director, Mores alcanzó a crear algo tan importante como un estilo: un “toque” personal que salta enseguida, al primer compás. Ese estilo puede rozar la pomposidad, una retórica tanguera que se despliega en la abundancia de notas, en el golpe eufórico de teclas, y que tiene su correlato escénico en un despliegue a lo music-hall porteño, con innovaciones orquestales.

Con 9 décadas cumplidas y aún incansable, Mores sigue mostrando cómo suena hoy ese sello propio, a través del cual intuyó tangos de antología conocidos e interpretados en todo el mundo (“Cuartito azul”, “Taquito militar”, tantos más). Algo que supo explotar junto a monstruos como Discepolín, Contursi y Canaro. Claro, está sentado frente al piano de una orquesta importante desde los 14 años.

La memoria musical

El hombre que le puso la firma a tantos clásicos de clásicos (recordemos sólo “Uno”, “Cafetín de Buenos Aires”, “Sin palabras” y “Grisel”), tiene aún más que celebrar. Por empezar, el sello EMI ha decidido recopilar su historia: rescatando temas inéditos en el formato de un CD doble al que titularon, obviamente, “90 años y más...”. Allí suenan grabaciones suyas que van desde el ‘50 hasta finales del ‘60, la gran mayoría nunca editadas. Es un recorrido guiado por varias etapas y facetas del músico, en 44 temas que atraviesan la cronología musical tanguera del XX.

¿Qué se viene? Los Mores preparan para junio un mega show en el Luna Park, donde Gabriel Mores piensa estrenar una versión de aquel valsecito que, de niño, tocaba su padre. “Muy pocos conocen la faceta de Nito como pianista, quizás a él le daba un poco de vergüenza. Aún no sé cómo pude recordar ese valsecito que compuso y que pude rescatar de mi memoria”.

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