Cacho Buenaventura es como el Charly García del Mediterráneo: cuando cruza la calle todos los autos lo dejan pasar, cuando hace cola en la farmacia, le dejan el lugar. Sin embargo, está lejos de maltratar a la gente y llevar una vida rockera. Cuando lo para un fan y tiene tiempo, termina aceptando la invitación para un café y en las giras prefiere levantarse temprano y hacer turismo que trasnochar.
Esta inmunidad diplomática, que incluso Cacho disfruta en nuestra provincia, es el resultado del peso de 30 años de trayectoria y de generar la energía escénica de un predicador religioso y de meterse al bolsillo hasta el público más escéptico a fuerza de carisma, sensibilidad social y antropología regional en formato de discurso cómico.
El regreso a Mendoza lo trae con un nuevo espectáculo, “1/2 Crazy” que sintetiza la idea de intercambio ritual entre lo que recibe del público y lo que él brinda con su presencia, esta vez en dos funciones, hoy y mañana, en el teatro Plaza de Godoy Cruz.
En esta entrevista, Buenaventura habla de la cultura You Tube, su metodología para llegar siempre fresco al escenario y de su filosofía esencialmente feng shui.
-Me ha sorprendido encontrarte en You Tube.
-A mí también (risas).
-¿Sos de verte en estos sitios?
-Cuando estuve en Estados Unidos hace cinco años atrás, me bajaron en un portal de entretenimiento, el de univision.com y encabecé dos meses la lista del video más visitado. Esas cosas te sorprenden gratamente y por ahí te dan un poco de bronca también, porque hay invasión a la privacidad y un manoseo a los derechos intelectuales. Pero como todos sabemos: al no estar legislado, está permitido.
-Igual, ¿te gusta verte en Internet?
-No, no soy de esos que se ven en fotos y videos. De todas maneras, si te avisan que te graban en vivo te condicionan, pero tampoco me interesa verme. Hace poco lo único que me pasó es que vi un fragmento de “1/2 crazy” en video como para repasar el show y me sorprendió gratamente, me gustó.
-¿Cómo te llevás con la tecnología?
-No es lo mío, soy de los tipos de papel y lápiz. Pero he escrito un monólogo sobre las computadoras. Porque es común que uno vaya a la habitación del hijo a apagar el tele y termine desenchufando la PC. Cuando mi hijo me dice que se va a navegar siempre le digo que sería mejor que se lleve puesto el salvavidas. No me llevo bien con la tecnología. Igual, cuando estuve en la Antártida, en la Base Marambio, me di cuenta lo importante que era tener conexión. Supe que ellos se comunican con asistentes para hacerse operaciones, es un servicio necesario, vital, me doy cuenta de eso. Pero a mi me sigue gustando más tocar, me gusta lo personal, lo palpable, escribir, tachar. Soy de la época de las máquinas de escribir Remington.
-¿Pero no te gusta escribir tus monólogos?
-No. Lo que hago durante el día es procurarme una buena calidad de vida, vivir contento, vivir agradecido, respirar, comer, tomar café, estar bien conmigo y con Tatita Dios. Entonces, cuando voy al escenario no tengo la menor idea de lo que voy a decir pero tengo la certeza de que algo va a salir bien, porque me siento bien. Parece una locura lo que voy a decir pero por ahí siento que levitara. Hay cosas que digo que me sorprenden incluso a mí. Debo estar alineado con el universo. En las giras, igual soy lo opuesto a la estrella de rock. Me voy temprano a dormir y me gusta levantarme al amanecer para salir a caminar, a conocer ciudades.
-Pasó el único martes 13 del año, ¿vos tenés alguna superstición para actuar?
-Por las dudas no fui al banco. Pero como buen cristiano, no tengo cábalas e igual no me molesta que otros tengan supersticiones. Lo único que hago antes de salir al escenario es prenderle una vela a la Virgen del Valle de Catamarca. Dicen que trae mala suerte rezar en los teatros, pero a mí, por suerte, me ha ido muy bien.
-¿Qué es “1/2 Crazy”?
-Es un poco la idea de juntarnos con todo el público, mayores, chicos, suegras, porque las viejas son para mí como las “nenas” para Sandro. Una vez un chico me dijo que le gustaba porque era muy loco y eso me encantó. Eso es “1/2 Crazy”, a venir y festejar, a juntarnos a reírnos como locos un rato. Aunque todos terminen cantando y riéndonos a las carcajadas, igual la gente me dice “gracias”. Es lamentable cuando alguien paga por un espectáculo y al menos no sale un poco contento.
-¿Te paran mucho por la calle?
-Bastante, pero siempre se da una charla amena. El colmo es cuando me dejan el paso cuando salgo de la cochera. Te ceden el lugar en la ruta. Estoy convencido que cuando das buenos gestos te llegan buenos gestos.
-¡Sos como un Charly García cordobés! Charly cruza la calle cuando quiere y todos frenan...
-Mirá, me pasa en la cola de la farmacia donde la gente me deja pasar primero y eso me da mucha vergüenza y me dicen cosas como “el Cacho necesita estar contento” y eso es maravilloso que te pase.
-¿Hacés adaptaciones cuando te presentás en un festival, o en un teatro?
-Es distinto siempre, no importa el escenario. Ni siquiera cuando hago dos noches seguidas como voy a hacer hoy en Mendoza. Seguro que es totalmente distinto. Por ahí entrás y nadie aplaude y por ahí se vuelven locos. Pero hace rato que dejé de preocuparme, porque sé que si viene gente no vino obligada. Sé que algo va a salir y en esa búsqueda, en ese redondeo se ve la diferencia entre un espectáculo y otro. Incluso los músicos me dicen: ¡Loco, lo cambiaste todo! pero en realidad es la gente que cambia el espectáculo.
- Muchos piensan que tenés un magnetismo especial en los escenarios, el mismo que irradia un predicador...
-Eso lo tomo como un piropo. Igual estoy seguro de que en las funciones se maneja mucha energía. Hay veces que bajo del escenario como diez años más joven. Brioso, con furia. No creo que tenga que ser ceremonioso, o tedioso, o despersonalizarme para dar el mensaje que quiero dar. Hay un encantamiento sincero porque en verdad siento que logré conectarme con la gente.