Qué es "Soñario" y qué significa este nuevo libro en tu trayectoria?
-Yo diría que es un libro raro, de hecho es un texto completamente heterodoxo, y creo que no sólo en mi producción. He venido escribiendo este libro sin saberlo, por eso digo que es un libro involuntario. De hecho lo que hice fue capturar sueños durante treinta años, pensando que acaso algún día podían llegar a tener estatuto literario. Pero eso no sucedió hasta que empecé a ordenar papelitos, apuntes, ideas y vagos recuerdos. Y así pude ir dándoles formas literarias a algunos, mientras condenaba a otros, la mayoría, al olvido. Yo confiaba en el hecho de que la literatura es imposible sin los sueños.
-Con tu actividad como promotor de la lectura y con la Fundación que presidís, ¿te queda tiempo para la escritura?
-Es una lucha, porque obviamente el tiempo no es elástico por más que uno se empeñe, por tenacidad o tozudez. Carezco de controles cuando me apasiona algo, de manera que también confío en la fuerza de la desesperación escritural, que es el estado en el que suelo escribir literatura. Si es el caso, dejo todo. Y mientras tanto, trato de cumplir con las necesarias disciplinas laborales: la docencia, el periodismo y la promoción de la lectura.
-Tiempo atrás estabas en los medios con más frecuencia ejerciendo tu rol de periodista y manteniendo una voz crítica sobre la realidad argentina, pero en los últimos años parecés haber tomado una cierta distancia. ¿A qué se debió este cambio?
-Bueno, tiempo atrás me invitaban de muchos medios y ahora ya no me invitan. Y suelo pensar, argentinamente, que por algo será... Porque yo no he tomado distancia alguna de la realidad. De hecho escribo todo el tiempo en los medios que me invitan, respondo a las radios que me llaman y concurro a los pocos programas de tele que me solicitan. Y a los que no lo hacen, pues allá ellos. Yo no miro televisión, así que estamos en paz.
-En los 80 y 90, cuando hacías "Puro cuento", en las editoriales de la revista solías rabiar con frecuencia contra el desinterés oficial y público por la lectura. ¿Cuál es tu percepción hoy sobre ese mismo tema?
-Ya no hace falta protestar en materia de lectura, porque las cosas han mejorado en esta materia, porque ya soy un hombre grande y sobre todo porque la queja es una cualidad argentina que yo no practico. Pero lo importante no es lo que yo haga o deje de hacer; lo importante es que en la Argentina se ha recuperado el prestigio de la lectura aunque es cierto que no hemos vuelto a ser, todavía, un pueblo lector.
-¿Qué pensás de este momento que vive nuestro país?
-Para decirlo con Borges: que la estupidez es popular y crece y crece. En todos los campos.