• Domingo, 16 de julio de 2017
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Volver a las raíces, un gesto de resistencia

La tonada respira saludable en la voz de los doce juglares mendocinos reconocidos este año, en el Día Provincial de la Tonada. Estilo se acercó a la historia de cada uno de ellos, que no dudan en afirmar que éste es el folclore del futuro.

Daniel Arias Fuenzalida - darias@losandes.com.ar

¿La tonada es la primera música que escuchamos? Ellos se miran, ninguno lo confirma en voz alta pero parecen coincidir. Entonces salta don Hugo Murúa, quien fuera la voz solista de Alberto Rodríguez por muchos años, y se adelanta: “Yo sí, por mi papá”. ¿Del patio? “De la calle Juan B. Justo, en el conventillo 1414”. 

 Entonces le contesta Roberto Torres: “¿Catorce-catorce? Re-borrachos entonces”. Los tonaderos se ríen, y así se rompe el hielo de la charla que Estilo mantuvo con ellos. Son doce en total los reconocidos este 18 de julio, en un nuevo aniversario del nacimiento de Juan Gualberto Godoy (1793-1864); es decir, en un nuevo Día Provincial de la Tonada. 

 Y así recordamos, también, los 20 años de la partida de don Alberto Rodríguez (1900-1997), quien fuera el recopilador de este cancionero profundo. Solo necesitaba “un burro”, decía Alberto, cada vez que salía a buscar, de puesto en puesto, la poesía y la melodía en la memoria de paisanos de 70 años o más. Casi dos décadas le llevó esta investigación, donde recopiló tonadas que vienen incluso de finales del siglo XVIII: “El gran Salomón”, la primera de ellas. 

 En definitiva, estos dos nombres llegarán una y otra vez a la charla, porque estos doce juglares hablan un mismo idioma: esa música que tiene más piel que partitura. A ella, desde diferentes miradas y generaciones, llegaron Graciela Arancibia, Beatriz Bustos, Eduardo Campos, Arturo Tascheret, Victorino y Víctor Urano (padre e hijo), Sergio Olmedo, Juan José Miguez, Germán Alberto Lucero, Antonio ‘Cacho’ Morales, Francisco Morales, Sergio Olmedo y Murúa. 

 La Secretaría de Cultura, como cada año, reconoce esa música que pervive generación tras generación bajo la parra y fluye entre cogollitos y un vaso de vino. Y Torres, al frente del centro cultural y de divulgación del folclore cuyano Huayra Cuyum, sabe mucho de esto también. 

 

 “Tiene que estar vivo el folclore, no lo podemos dejar estancado”. 

 

Las cuerdas hablan

“Yo no soy de conversar mucho, la forma mía de hablar es tocando la guitarra”, aclara Miguez, tupungatino, después de contar su historia. De niño su padre le enseñó las pocas notitas que sabía en la guitarra, y él hizo el resto: aprendió de forma autodidacta grabando peñas y serenatas y escuchándose, descifrando las cuerdas. Nunca pasó por la universidad este virtuoso: lo suyo es oído y esmero.  

Más cerca está sentado don Cacho Morales, uno de los pianistas populares más reconocidos de Mendoza. Su caso es especial: “Yo toco todos los géneros, desde música cubana hasta brasilera. Entonces, dentro de eso, la tonada siempre me gustó mucho”, aclara, y Torres agrega que escucharlo tocar una tonada es -por la complejidad armónica- como escuchar buena música clásica. 

 Pero Beatriz no quiere dejar de contar su parte. El abuelo le enseñó de niña “Cañaveral”, y fue grande la emoción el día en que la redescubrió, de la mano de don Alberto Rodríguez. Estuvo, de hecho, en la última creación suya, los Jóvenes Andinos, junto a Graciela Arancibia y Eduardo Campos, quien de niño escuchaba siempre una tonada al mediodía. Después, alrededor de la radio se despertaban los corazones con “Transitando mi Cuyum” o “Por los senderos de la Patria”.

Victorino y Víctor Urano lo miran y asienten. Ellos son padre e hijo, y llevan cerca de 35 años tocando juntos. Pero además de la sangre, comparten una gallardía que recuerda a otra época, porque están de traje reluciente, perfecto. Eso también dice algo: la ascendencia de los dos no viene solo de la tonada, sino también desde el tango.

¿Ven que sea fácilmente aceptada la tonada en Mendoza? Quien responde es Armando Navarro, que comparte escenarios con Francisco ‘Chicote’ Morales y que tuvo este mismo reconocimiento anteriormente: “Todo cantante cuyano hace chamamé, zambas, chacareras, pero siempre hay una tonada. Lo que pasa es que el intérprete cuyano no es mediático, le cuesta mucho llegar a la radio, a los diarios, pero acá la tonada está permanentemente en cada rincón. Hay mucho producto y poco consumo, además”. 

“Yo diría que si don Hilario Cuadros viviese ahora...”. Navarro casi no puede terminar la idea: la lírica recitada bajo un parral y los requerimientos de la masividad parecen ser irreconciliables. 
Y quien hace una defensa de la tonada en su forma más tradicional es Arturo Tascheret: junto a la música popular como las danzas, de carácter más festivo, “también hay músicas que tienen un carácter íntimo. Yo creo que ese es el camino de la tonada: ese patio, eso que Dardo Palorma llamó la ‘acústica nave’, el parral, que no hay mejor auditorio que la acústica de un parral para cantarla, que no persigue ni masividad ni el reconocimiento de los medios y del público sino del compadre a quien se dedica. Esa personalización que tiene la tonada está rodeada de un rito, que muchas músicas populares del mundo tienen. En el mismo carácter de intimidad está la vidala, el triste, el yaraví”, explica. 

La discusión está abierta y Beatriz desliza: “Tiene que estar vivo el folclore, no lo podemos dejar estancado”. 

 

 

¿Ninguno de los presentes probó la fusión? “Yo sí”, se presenta Graciela, “yo hago lírico-folk”. Reconoce que en el exterior, pese a que gusta mucho la tonada y el folclore latinoamericano en general, tuvo que mixturarlo con su voz lírica de soprano. Hace 16 años se fue a Miami, donde le acercó muchas noches la tonada a los turistas del hotel Biltmore. Hace poco volvió. 

 Y es una traba cultural que, entre mendocinos, la tonada aún sea acusada de lacrimógena y apagada. Sí, los prejuicios nos pegan primero, y es por eso que varios de los entrevistados coinciden en que afuera es más apreciada que aquí. Que a veces, incluso allá, es más fácil sacar un buen aplauso, lamentan. Pero para Beatriz conviven los dos mundos: quienes la ven como algo triste y quienes la ven como algo feliz, que puede encender incluso una buena dedicatoria de bienvenida. 

Volviendo a las nuevas generaciones, Navarro opina: “La tonada es el folclore futuro que tenemos. Veo que lo van a llevar las bandas nuevas, por eso los respeto mucho. Ellos, de alguna manera, están trayendo a los jóvenes, que tararean tonadas y es un público que se está formando aún”. 

“La tonada nunca morirá”, concluye, y en este punto sí están todos de acuerdo. No es exceso de esperanza, ni frase hecha: ellos saben que debe haber una magia muy grande en esto. ¿Cómo es que, pese a la tiranía del mercado y el avasallamiento de la tecnología, sigue respirándose en los patios o, también por estos días, en los livings? En el mundo de lo igual, volver a las raíces puede ser un gesto de resistencia. Y Navarro fue muy claro: quizás sea el folclore del futuro.  

Un adelanto

El domingo 20 de agosto el Teatro Independencia recibirá el espectáculo “Desde Cuyo hacia el país: El canto y la danza”, donde actuarán todos los juglares reconocidos este año y también los bailarines que serán distinguidos próximamente en el Día Nacional del Bailarín Folclórico, en homenaje a Santiago Ayala “El Chúcaro”. Entre las novedades del repertorio, se presentará la Misa Folklórica Cuyana, de Alberto Rodríguez y Elena Moreno de Macías.