Estilo Jueves, 13 de abril de 2017 | Edición impresa

Vínculos en hogares ensamblados: tu hija y mi hijo, ¿se atraen?

Es un tema escabroso que puede generar angustias en el seno familiar. Qué sucede cuando en una familia ensamblada, el hijo o hija de cada uno de los integrantes de la pareja se siente atraído por el otro. ¿Qué hacer?

Por Victoria Navicelli - Especial para Estilo

Las"familias ensambladas" crecen en todo el mundo. Hubo un tiempo en el que las personas se casaban y permanecían juntas "hasta que la muerte los separe".

Durante muchos años se vivió bajo este precepto. Pero, en la actualidad ya no es así: "Hay parejas que deciden poner fin a la relación y esto nos muestra todo el tiempo cómo la sociedad ha cambiado y sigue cambiando", comienza a analizar la psicóloga Guadalupe Narváez. 

Hablamos de algo que resulta ser muy cotidiano: "las familias ensambladas". Aquellas en las que ambos miembros de la pareja tienen hijos de matrimonios o uniones anteriores "ya sea por ser viudos, separados o simplemente por ser madre soltera. Lo cierto es que el concepto de familia ha cambiado a lo largo del tiempo y esta tendencia de familias mixtas es un hecho", agrega Narváez.

Puede ser que ambos miembros de la pareja, o uno de ellos, tenga hijos pequeños o no. Pero también puede darse que ambos tengan hijos de la misma edad, lo que hace las cosas mucho más "interesantes".

"Si al formar una nueva pareja nos encontramos con que los chicos -hijos de los adultos que forman la relación- tienen la misma edad, están transitando la primera infancia, notaremos que persistirá en estos pequeños la competitividad o rivalidad entre ellos. Estarán viviendo una crisis, la ruptura de su seno familiar y la formación de uno nuevo", dice la profesional. Esto los presiona a generar cambios que desembocan en enojo -con el novio de mamá o la novia de papá-, frustración -por la pérdida de su antigua familia-, e incluso pueden sentirse amenazados por esos nuevos integrantes que aparecen, considerados como desconocidos. 

Lo cierto es que, atravesando esta crisis obvia y con ayuda terapéutica, la familia sale a flote exitosamente. Pues, "lo que al principio es amenaza y competitividad, luego se transforma en un lazo de compañerismo y confianza. Estos niños, junto a la compañía responsable de sus padres, crecen vinculándose como hermanos, aunque no lo sean", añade.

Ahora, ¿qué pasa cuando las personas que deciden formar una nueva relación, tienen hijos adolescentes, en pleno desarrollo sexual? No hay entre ellos lazo sanguíneo que les prohíba mantener contacto o deseo físico.

"Hay muchos casos de hermanastros que se conocieron en una etapa previa a la adolescencia y que, al llegar a ella, sintieron atracción sexual", analiza Narváez. La atracción entre ellos "es una problemática bastante común -si se conocen de adolescentes- y es importante trabajarla terapéuticamente", dice la psicóloga María Silvia Dameno.

Al referirnos a "chicos que se crían juntos, hablamos de pequeños que, si bien de sangre no son hermanos, desde el punto de vista fáctico sí porque son criados de esa manera y ellos se toman como tal, como hermanos", observa Dameno. Ahora, si los adolescentes que se enganchan fueron criados como hermanos "es algo más complejo porque se parece más al incesto. Aunque legalmente no lo sea, emocionalmente sí; esto lo hace una situación mucho más delicada", asevera la profesional.

Si bien son relaciones sin vínculo de sangre, muchas veces la opinión de sus padres y el peso social lo tilda como un tabú, cuando claramente se sabe que no lo es. "Hay parejas de hermanastros que surgieron de familias ensambladas que han logrado mantenerse a lo largo del tiempo. También hay aquéllas que sólo fueron del momento, de ese frenesí que es propio del desarrollo sexual", comenta Narváez. En realidad "estaríamos más cerca de una relación incestuosa si son chicos que fueron criados como hermanos y se conocen desde niños", aporta Dameno.

Muchas veces estas "relaciones" se dan a ocultas, en la "clandestinidad". "Los chicos saben que no hay lazo sanguíneo entre ellos y comienzan a mirarse como lo que son: un hombre y una mujer", comenta Narváez. Pero, al saberse miembros de una familia, lo viven con culpa: "Los padres acostumbran a verlos como hermanos ya sea porque -casi- crecieron juntos, o por el simple hecho de que viven bajo el mismo techo", agrega.

Y, como todo adolescente, lo que es prohibido acaba por gustarles más. "Si bien no estamos ante casos de incesto, la idea de conocerse, saberse próximos y -en algunos casos- convivir, los hace fantasear mucho más con el contacto sexual entre ellos", contacto que frecuentemente se da: ya sea un beso o el acto sexual propiamente dicho.

Lo cierto es que "la situación existe. Si ponemos a dos adolescentes a vivir juntos se pueden dar dos alternativas: se pelean o se enamoran", reflexiona la psicóloga Dameno. Y continúa: "Esto genera un problema complicado para las familias en las que están. Es preferible que discutan entre ellos". Aunque a veces el amor es más fuerte, superan los prejuicios, hacen frente a su realidad y se animan a vivir su amor sanamente.

Cualquiera sea el caso, es muy importante que los padres comprendan la situación y la aborden con madurez, sin generar más fricciones o culpas en los chicos. El acompañamiento terapeútico es un gran aliado.