Suplemento Op. Opinión Domingo, 12 de noviembre de 2017 | Edición impresa

Xi Jinping promete que no habrá pobreza en China en 2020: difícil

Por Javier C. Hernández - Servicio de noticias The New York Times © 2017

 Desde su hogar en las montañas del noreste de China, Li Zhi ha observado a la distancia cómo la prosperidad ha transformado a China en una tierra de trenes de alta velocidad, multimillonarios y rascacielos. 

Sin embargo, el auge económico que convirtió a China en un país rico nunca llegó a Chashan, una población desolada de 40 personas que se encuentra a unas seis horas en coche de Pekín. Li, de 72 años, se pasa los días cojeando por los caminos polvosos para recolectar basura a cambio de propinas. Rígido y demacrado, subsiste con una dieta a base de arroz, pan al vapor y licor destilado. 

"No le intereso al país", afirmó Li mientras se hacía un cigarro en su casa. "A nadie le importo". 

Casi siete décadas después de la llegada al poder del Partido Comunista de China con la promesa de prosperidad para todos, el presidente Xi Jinping ha ofrecido consumar la iniciativa original de los comunistas, poniendo en riesgo su legado con un plan ambicioso que busca completar la erradicación de la pobreza rural para 2020. 

El blanco del plan son los más de 43 millones de personas que siguen viviendo con el equivalente a menos de 95 centavos de dólar al día, la línea de pobreza que estableció el gobierno chino. Hace cinco años, casi 100 millones de personas vivían debajo de esa línea, según las estadísticas oficiales. 

Xi, quien la semana pasada cimentó su estatus junto a Mao como uno de los líderes modernos más poderosos de China, considera que mejorar los estándares de vida es esencial para calmar la frustración que genera la desigualdad, y para asegurar a su partido el control del poder durante la que el presidente ha llamado una nueva era de fortaleza nacional. 

Sin embargo, la visión idealista de Xi choca con una dura realidad en una buena parte de la China rural. En muchos poblados, los jóvenes se han ido y han dejado que los residentes más viejos se las arreglen solos. La disparidad en la educación, la atención médica y los servicios sociales sigue siendo severa. 

Aun cuando las ciudades chinas se han convertido en patios de juego para los nuevos ricos y las filas engrosadas de la clase media, cerca de 500 millones de personas, alrededor de 40 por ciento de la población de China, viven con menos de 5,50 dólares al día, según el Banco Mundial. 

"La idea del socialismo era que todos los chinos tendrían un estándar de vida razonable", señaló Kerry Brown, un académico especializado en China del King's College de Londres. "Lo más inquietante es que el Partido Comunista ha creado multimillonarios y una sólida clase media, pero aún hay mucha gente pobre. Esto parece una enorme contradicción". 

A pesar de que China trabaja para modernizar su economía, enfrenta la realidad de ser la nueva superpotencia del mundo y al mismo tiempo una nación en vías de desarrollo con un inmenso problema de pobreza. Los expertos aseguran que la desaceleración de la economía y la pérdida de trabajos de manufactura podrían empeorar el deterioro de las familias con bajos ingresos, lo cual socavaría la visión de Xi. 

Durante el gobierno de Xi, quien ha querido mostrar la imagen de ser un hombre común, la lucha contra la pobreza se ha convertido en un mantra nacional. Los medios noticiosos administrados por el Estado habitualmente muestran a Xi mientras visita poblados pobres, prueba la comida y el agua, y verifica la salud de los residentes. Los noticiarios nocturnos están llenos de historias sobre las comunidades renovadas y los habitantes de estos sitios que se han convertido en empresarios y llenan de halagos a Xi y al gobierno por haber otorgado préstamos y nuevos departamentos. 

El miércoles, durante un discurso que marcó el inicio de su segundo periodo de cinco años como líder del partido, Xi mencionó que una de sus principales prioridades era la erradicación de la pobreza para 2020, y prometió "no dejar a nadie atrás en la marcha hacia la prosperidad común". 

Xi también usó la lucha contra la pobreza para fortalecer las alianzas de China a nivel mundial, por medio del financiamiento de programas en África y el sureste asiático, y exhortando al mundo a aprender de la experiencia de China. 

 

A pesar de que China trabaja para modernizar su economía, enfrenta la realidad de ser la nueva superpotencia del mundo y al mismo tiempo una nación en vías de desarrollo con un inmenso problema de pobreza. Aun cuando las ciudades chinas se han convertido en patios de juego para los nuevos ricos y las filas engrosadas de la clase media, cerca de 500 millones de personas, alrededor de 40 por ciento de la población de China, viven con menos de 5,50 dólares al día, según el Banco Mundial. 

 

Ahora Xi tiene la presión de entregar resultados. 

Algunas personas creen que el objetivo que se planteó el gobierno al enfocarse en 43 millones de personas es demasiado limitado, pues hay millones más que viven apenas sobre la línea oficial de pobreza en condiciones que no son mucho mejores. Por otro lado, hay quienes opinan que, al concentrarse en zonas rurales, Xi está descuidando la mala situación de los pobres urbanos, muchos de los cuales son migrantes del campo. 

"Las iniciativas del gobierno suenan bien", señaló Qin Gao, un profesor de la Universidad de Columbia que estudia la política social china. "Pero la pregunta es cómo mantener la reducción de la pobreza. Algunas personas podrían estar buscando soluciones rápidas en vez de abordar las raíces del problema de la pobreza". 

Xi ha ordenado a los funcionarios que se concentren en paliar la pobreza en lugares rurales como Chashan, donde las condiciones de labranza son malas, el acceso a los servicios sociales básicos es limitado y los residentes sufren de problemas cardiacos y otros males sin tener una clínica cerca. 

El gobierno ha utilizado una variedad de formas de ayuda para sacar a la gente de la pobreza: ha invertido miles de millones de dólares en la iniciativa y ha otorgado más de 370.000 millones de dólares en préstamos. Los funcionarios locales, quienes serán juzgados en parte por el éxito que puedan tener mejorando los estándares de vida, están trabajando a marchas forzadas para cumplir con la fecha límite que planteó Xi. 

Algunas poblaciones han experimentado con cooperativas rurales, lo cual ha permitido que las familias aumenten la producción compartiendo la mano de obra y los recursos. Los bancos administrados por el Estado han otorgado micropréstamos para que los pobladores puedan acceder al auge del comercio electrónico en China, vendiendo vestidos bordados y otros productos en línea. 

No obstante, lo más difícil está por venir. Casi la mitad de las 43 millones de personas que han sido clasificadas de manera oficial como pobres podrían tener alguna discapacidad, según el gobierno. La campaña también debe llegar a zonas que han sido pobres de forma crónica durante generaciones, entre ellas muchas que albergan minorías étnicas. 

Los funcionarios de estas zonas están reubicando a los pobladores cerca de las ciudades en departamentos otorgados por el gobierno, a veces en contra de su voluntad. Están entregando subsidios de dinero en efectivo a los residentes discapacitados. Además, están siguiendo las órdenes de Xi sobre una estrategia "focalizada", al monitorear el progreso de residentes individuales en tableros gigantes de anuncios que se encuentran en centros municipales. 

La corrupción se ha convertido en un problema: el año pasado, más de 1.800 personas fueron investigadas por defraudar fondos antipobreza y crímenes relacionados, de acuerdo con las estadísticas oficiales. Los académicos también han externado sus dudas respecto de la confiabilidad de algunos datos, pues argumentan que hay funcionarios locales que parecen restar importancia a los índices de pobreza a causa de la intensa presión que implica cumplir los objetivos de Xi. 

Por otro lado, tienen el problema de que la campaña de Xi no está enfocada en las zonas urbanas. Hay más de 200 millones de migrantes rurales en las ciudades chinas, donde muchos sufren para recibir educación, atención médica y otros beneficios porque los gobiernos locales no los consideran residentes. Algunos están desempleados o tienen mala salud y viven en condiciones miserables. 

"Este es un gran problema en el panorama general, que el gobierno no suele enfrentar", señaló Philip G. Alston, académico y asesor para las Naciones Unidas, quien publicó un informe este año sobre pobreza extrema y derechos humanos en China. "La realidad es que muchos de ellos están viviendo en pobreza extrema".