Economía Lunes, 16 de abril de 2018 | Edición impresa

Una bodega “multiuso”: producirá también leche de origen vegetal

Después de 10 años, se diversificó hacia la derivada de almendra y quinoa, y barras de cereal como subproducto.

Por Miguel Angel Flores Isuani - mflores@losandes.com.ar

Su historia empezó a gestarse en el mundo del vino en 2006, pero 12 años después empieza a tomar otro rumbo. La crisis de precios y la pérdida de rentabilidad hizo que Nimbus, una firma de Maipú, se embarcara en un proyecto paralelo en busca de consolidarse en otro mercado: el de leches vegetales, a base de almendra y quinoa para lactantes y adultos mayores, entre otros productos naturales.

 Alimentos naturales proteicos o hiperproteicos, o “súper foods”, pensados para un nicho compuesto por lactantes y adultos mayores, en principio. Hacia ahí apunta la prueba piloto encarada por Nimbus desde su planta y bodega instalada en Rodeo del Medio, cuyos responsables quieren terminar para empezar a producir a escala desde la próxima primavera, a un ritmo de 100 mil litros/hora.

 “No es novedad la situación crítica de la industria vitivinícola, especialmente para bodegas pymes. Veníamos trabajando a pérdida desde hace años; llegar a un límite te obliga a buscar otro horizonte, aunque no queremos dejar de hacer lo que veníamos haciendo. Por eso preferimos no hablar de reconversión, sino de la elaboración de  alimentos saludables que están en plena expansión y apogeo”, relata el responsable agronómico de la firma, Omar Guerra.

 Desde fines de 2016, la sociedad que lidera Damián Torres y se completa con Pedro Suárez Garcés como responsable financiero, empezó a gestionar la autorización para ampliar el rubro de actividad.

 Así, además de seguir registrada ante el INV (Instituto Nacional de Vitivinicultura), también está dentro de la órbita del INAL (Instituto Nacional de Alimentos), dentro de la categoría “Otros Productos”: de hecho, ya es la primera bodega habilitada como emprendimiento múltiple (usa parte de la misma infraestructura de fraccionamiento), capaz de convertirse en la primera planta de Latinoamérica en hacer leche vegetal, fuera de España.

 En secuencia, los socios accionistas de Nimbus también prevén elaborar también jugos orgánicos y aguas naturales con aloe, entre otros, para el mercado “cooler”.
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Para expandirse con un pie en cada negocio, la firma ya habilitó una planta anexa al establecimiento original, una centenaria bodega de Luzuriaga, con el propósito de llegar a producir a escala. Concluido el piloto, la meta es alcanzar los 3 millones de litros mensuales entre leche de almendra y quinoa, fraccionados en multilaminado como Larga Vida (hasta 12 meses de duración).

Los números y la proyección avalan la apuesta. Una vez puesto en el mercado, la leche puede llegar a comercializarse entre los $55 y $60 el litro en el canal supermercadista.

Por otra parte, la vista también se fija en el exterior. Nimbus arrancó con un acuerdo de provisionamiento con una cooperativa de Bolivia, por el cual se abastece de quinoa para colocar el producto final en escuelas de ese país, donde además prevé desembarcar con una planta propia en 2019. Al mismo tiempo, abre puertas en Perú y Chile.

Lo dicho: todo sin apartarse del todo del mercado vitivinícola. Paralelamente, lanzó “Santa Sangría”, una sangría con jugos naturales, la primera fraccionada en tetra y también con la idea de exportarla en una primera etapa a países de Latinoamérica.

Hay otra conexión entre ambos mundo. La sociedad logró desarrollar, en conjunto con investigadores de la Universidad de La Plata y la UBA, una fórmula para usar el azúcar de mosto de uva como endulzante natural de la leche, y evitar otro tipo de edulcorantes como el de caña o fructuosa, con el beneficio adicional, más allá del efecto saludable (recomendable para diabetes tipo 2), para los costos.

 Según Torres, responsable general del proyecto, “el core del negocio es innovación. Somos una empresa pequeña que arranca casi como una start-up para ingresar en el negocio de alimentación a gran escala, siempre con una formulación tipo clean-label, compuestos orgánicos y no transgénicos”.

 La firma ya logró asistencia financiera de varios organismos para avanzar. A nivel nacional, a través de un concurso a la innovación lanzado por el Mincyt, acaba de acreditarse un subsidio de $16 millones para I+D luego de dejar atrás a un par de multinacionales de alimentos en competencia. Y en el plano internacional, con ayuda del BID y el reconocimiento de la FAO, el apéndice que promueve la producción de alimentos en todo el mundo por parte de Naciones Unidas.

 Además de descartar, por esa razón, hacer lo propio con la soja o la avena, Torres confía en que si todo va según los planes, la capacidad de producción puede llegar a duplicarse en poco tiempo. Y hacer crecer también a los subproductos a obtener, como barras de cereal a partir de las fibras resultantes del proceso fabril.

Una apuesta al hambre cero

El proyecto tampoco se agota en almendra y quinoa. Guerra agrega a la lista al arroz, y otros granos de la familia andina, que garantizan un 12% o más capacidad proteica.

 Precisamente hacia eso va el piloto en avance. Los resultados serán presentados ante el BID para potencialmente financiar su colocación en distintos países con necesidades nutricionales, a partir de una propuesta como consorcio público-privado con el Conicet premiada por el organismo: desarrollar el primer alimento proteico deslactosado para la tercera edad e incluso prepúberes.

 Los fondos se aplicaron a I+D, y el resultado, con la venia del BID, lo acerca a un contrato para colocar un buen número de raciones en distintos países. “Sería un proyecto internacional y abarcativo, clave si hablamos de hambre cero en el mundo”, destacan los mentores, que prometen colocarlo en el mercado a 1/3 del precio de una reconocida primera marca para bebés.

La firma busca potenciar la producción de alimentos hiperproteicos en sintonía con los desarrollos del Conicet y bajo el auspicio del BID.

 Pero la caridad bien entendida empieza por casa. Los socios y accionistas de Nimbus quieren surtir, sin cargo, con las primeras salidas de leche al Banco de Leche Materna de Mendoza, como una forma de introducir el producto.

 No obstante, mientras buscan terminar de equiparse como parte de un presupuesto que ya trepó a u$s 2,7 millones entre la nave industrial, investigación y mucho equipamiento importado, los hacedores reclaman menos “palos en la rueda” para sostener la fabricación a escala.

 “Empezamos hace 1 año y medio y ya tener una variación de más de 1.370% en el costo de un insumo determinante como el gas resulta complicado”, remarcan acerca de una condición que en buena medida es un lastre para el emprendimiento.