Mundo Jueves, 7 de diciembre de 2017 | Edición impresa

Trump polémico: árabes en alerta por Jerusalén

El presidente de EEUU reconoció a Jerusalén como capital de Israel, modificando una postura de décadas.

Por AFP

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reconoció ayer a Jerusalén como capital de Israel, una decisión histórica que revoca décadas de diplomacia estadounidense y amenaza con desencadenar una escalada de violencia en Oriente Medio.

“Es hora de reconocer oficialmente a Jerusalén como la capital de Israel”, declaró el líder estadounidense desde la Casa Blanca, considerando este paso como “condición necesaria para lograr la paz” y llamando a que la “calma y la “tolerancia” prevalezcan sobre el odio.

 

 

La declaración, que recibió una fuerte condena regional, pone fin a siete décadas de ambigüedad diplomática sobre el estatuto de una ciudad que alberga los lugares sagrados de las tres grandes religiones monoteístas, y es reclamada por igual por israelíes y palestinos.

Aunque el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, dijo que era “una decisión valiente y justa”, la medida tomada por Trump deja profundas dudas sobre el futuro del proceso de paz, ya tambaleante.

Para el presidente palestino, Mahmud Abbas, Estados Unidos perdió su papel histórico de mediador de paz entre palestinos e israelíes, mientras que Hamas, el movimiento islamista palestino que controla la Franja de Gaza, dijo que la decisión de Trump “abrió las puertas del infierno”.

Trump también anunció el inicio del proceso de trasladar la embajada de Estados Unidos en Israel desde Tel Aviv a Jerusalén.

El mandatario estadounidense cumple así una promesa de campaña apoyada por los cristianos evangélicos y los votantes judíos de derecha, así como por los donantes, pero sobre todo, dijo, marca el inicio de un “nuevo enfoque” para resolver el espinoso conflicto israelo-palestino. 

Sus predecesores, desde Bill Clinton hasta George Bush, hicieron promesas electorales similares, pero las desecharon al asumir el cargo. “Muchos presidentes dijeron que harían algo y no hicieron nada”, dijo Trump poco antes de su discurso.

“Días de furia”

La declaración de Trump deja a muchos aliados estadounidenses y dirigentes de Oriente Medio molestos tratando de encontrar una respuesta mesurada y esperando que la región, convertida hace mucho en un polvorín, no sea epicentro de un nuevo derramamiento de sangre. 

En una frenética ronda de diplomacia telefónica, líderes de Arabia Saudita, Egipto, Jordania, la Unión Europea, Francia, Alemania y Turquía habían advertido a Trump contra la medida.

Los palestinos convocaron a tres días de protestas, o “días de furia”, desde ayer, quemaron banderas estadounidenses e israelíes y fotos de Trump en la Franja de Gaza, mientras estallaron enfrentamientos relativamente pequeños cerca de la ciudad de Hebrón en Cisjordania. 

 

Ola de críticas

OLP: “Con el anuncio, Trump destruyó  la llamada solución de los dos Estados.”

Hamas: “Con esta decisión abrió las puertas del infierno”

ONU: “El estatus de Jerusalén debe ser decidido sólo por una ‘negociación directa’ entre israelíes y palestinos”.

Jordania: “Constituye una violación de las decisiones del derecho internacional y de la Carta de Naciones Unidas”.

Turquía: “"Condenamos la irresponsable declaración de la administración estadounidense... la decisión va contra la ley internacional”

Francia: Macron calificó el miércoles de “lamentable” la decisión de Trump y pidió “evitar a cualquier precio la violencia”.

Egipto: Criticó la decisión por “unilateral” y manifestó sus temores de que “cause inestabilidad a la región”.

UE: Expresó su “seria preocupación” por decisión de Trump sobre Jerusalén.

Gran Bretaña: Está en desacuerdo con la decisión y cree que es de poca ayuda para lograr la paz.

 

Por qué EEUU rompe la paz en Jerusalén

El futuro estatus de Jerusalén es uno de los puntos de disputa centrales en el conflicto entre Israel y los palestinos.

Con el fin del mandato británico, Naciones Unidas se declaró en 1947 a favor de una administración internacional de la ciudad, considerada sagrada por creyentes de tres religiones: cristianos, judíos y musulmanes. 

En la primera guerra de Oriente Medio de 1948, el recién fundado Estado de Israel ocupó la parte occidental de Jerusalén y Jordania la parte oriental.

De esta forma, la ciudad quedó dividida de facto. 

Durante la Guerra de los Seis Días en 1967 Israel conquistó también la zona oriental de mayoría árabe y desde entonces reclama toda la ciudad como su “capital eterna e indivisible”, algo que no reconoce la comunidad internacional. Por otra parte, Israel rechaza la demanda de los palestinos de que Jerusalén oriental sea la capital de un futuro Estado palestino independiente. 

Distintas propuestas de Estados Unidos en el pasado preveían una división de la ciudad entre israelíes y palestinos. “Lo que es judío seguirá siendo judío y lo que es árabe será palestino”, dijo alguna vez el entonces presidente estadounidense Bill Clinton.

El principal centro de disputa entre religiones en Jerusalén es el Monte del Templo de la Ciudad Vieja o Explanada de las Mezquitas, que los musulmanes conocen como Al Haram al Sharif (el Noble Santuario). 

Los musulmanes administran oficialmente el lugar y allí rezan en la mezquita de Al Aqsa y la Cúpula de la Roca. Pero los judíos defienden que el lugar acoge también los restos del segundo templo: a ellos está reservado el rezo en el Muro de las Lamentaciones.