Opinión Sup. Economía Domingo, 14 de enero de 2018 | Edición impresa

Tranquilidad en los mercados y la economía real asfixiada - Por Rodolfo Cavagnaro

La decisión sobre tasas que tomó el Banco Central sirvió para tranquilizar al mercado financiero, pero no soluciona los temas pendientes.

Por Redacción LA

Finalmente el Banco Central decidió una leve baja de tasas de referencia y lo que parecía podía ser un disparador de inversores alterados terminó siendo un pequeño movimiento que dejó tranquilos a los mercados, pero con gusto a poco a la política del gobierno y a los empresarios.

Por una parte, la autoridad monetaria reafirmó su autoridad y su independencia. En el comunicado aclaró que el proceso de desinflación seguía firme y que, a pesar que los índices de diciembre dieran altos, tenían un alto componente de precios regulados (tarifas). Que al haberse modificado las metas de inflación, haciéndolas más graduales, correspondía seguir con el mismo nivel de gradualidad la política monetaria.

No obstante, el comunicado aclara que, si bien pueden bajar más la tasa, lo harán observando el comportamiento de los precios, porque no se resignan a la estrategia de desinflación, aunque ésta deba ser más gradual.

Esta decisión volvió los mercados a la normalidad. El dólar bajó y ahora busca un nuevo piso, que podría estar cercano a los $ 19 y se espera para ver el resultado de la próxima licitación de Letras del Banco Central (Lebac), que se hará el próximo martes 16 de enero. Se supone que todos seguirán porque es un buen rendimiento y porque es insostenible una suba fuerte del dólar ya que es la mercadería más abundante en el mercado financiero.

La realidad es que el BCRA no tenía mucho margen para bajar sin generar una estampida especulativa hacia el dólar y la consiguiente disparada inflacionaria. En este caso, además de criticarlo por obedecer órdenes del Ejecutivo, lo hubieran culpado de la inflación. Con la decisión tomada, el titular de la autoridad monetaria termina haciéndole un favor al Presidente, dejándole un mercado tranquilo para que aborde los temas pendientes.

La economía asfixiada

El problema de Macri es que la economía se sigue moviendo como si se arrastrara, con dos o tres actividades que tiran y el resto enganchados dejándose llevar como si estuvieran reptando. Estas actividades están afectadas por varios factores. En principio, los impuestos, que siguen siendo muy altos a pesar de las rebajas graduales que comenzaron a regir después de la reforma impositiva.

Uno de los temas tiene que ver con los costos laborales que, además de ser muy elevados, están afectados también por la carga impositiva, ya que ésta está diseñada para cargar sobre el valor agregado, donde el costo de mano de obra cobra un rol muy importante. Otro elemento distorsivo es el costo de la logística. Nadie puede explicar las razones por la cuales el precio de transporte y almacenaje ha crecido de la forma desmedida que lo ha hecho, pero debería ser objeto de análisis.

El tercer factor es el costo del dinero, del financiamiento, que está muy ligado a la tasa de interés de referencia del Banco Central y la historia y calificación crediticia de las empresas. Además, desde el comienzo de año desaparecieron las líneas de fomento que existían a tasa subsidiada.

El cuarto problema puede ser, quizás, el más grave y es el cultural. Empresas y sindicatos siguen relacionándose bajo hipótesis de conflicto y en esas condiciones es muy difícil convivir. Salvo los acuerdos que se hicieron para Vaca Muerta y algunos otros yacimientos petroleros, no hubo ninguna negociación seria entre empresarios y sindicalistas basados en la búsqueda de mayor productividad.

La productividad es una ecuación que surge de una mejora en las tecnologías duras (máquinas en general y software) junto a una revisión de las tecnologías blandas, es decir, sistemas modernos de gestión, capacitación y motivación de los recursos humanos y nuevos modelos de liderazgo.

Por más que el gobierno les concediera a las empresas la totalidad de las cosas que piden, las mismas no serían viables si no cambian en forma urgente sus formas de gestión. Y como esto implica cambios culturales, cuanto más demoren su puesta en marcha, más riesgo tiene de sucumbir.

Las deudas del Estado

No cabe duda que el problema grave de la Argentina es el elevado volumen del gasto público y el consiguiente déficit fiscal. Es más, si se consiguiera el equilibrio fiscal, el elevado gasto seguiría siendo un condicionante para el crecimiento, porque solo se podría financiar manteniendo elevados impuestos.

Los funcionarios del gobierno nacional no quedaron conformes con la rebaja de la tasa, pero no han terminado de entender que lo que debe bajar en la Argentina es el gasto. Si baja el gasto público podrán bajar las tasas. La reducción de las erogaciones es la condición necesaria para esperar una verdadera recuperación de la economía. El gasto la paraliza, genera inflación y empobrece a la población.

No obstante, hay que reconocer que al gobierno se le complicó la relación con los gremios y, según anticipan especialistas en el tema, esto se pondrá cada vez más tenso en medio de causas judiciales que involucran a dirigentes ligados a kirchnerismo. A pesar de las divisiones internas, los gremialistas responderán de forma corporativa ya que no les gusta que los obliguen a presentar declaraciones de bienes y rendiciones de cuenta.

Aparentemente, el gobierno de Mauricio Macri sacaría a través de un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) una serie de normativas para acelerar la reforma burocrática del Estado Nacional y podría establecer un blanqueo laboral, demorado por la reforma trabada en el Congreso.

Dentro de ese tono, el gobernador Cornejo dictó un decreto por el cual prohíbe por un año nuevas incorporaciones de personal, incluidas nuevas locaciones de servicio. De la misma forma pone un límite a las misiones especiales, a los cambios de funciones y hasta a la cantidad de teléfonos celulares del estado. La motivación es la austeridad fiscal para asegurar el equilibrio presupuestario.

Sería deseable que normas similares sean dictadas en los municipios, como una forma racional de operar en la misma sintonía y no sobrecargar las plantas de personal con contratos que solo están dirigidos a contener militantes.