Opinión Lunes, 12 de febrero de 2018 | Edición impresa

“Todo Chile se halla en nuestras manos” - Por Juan Marcelo Calabria

Por Lic. Juan Marcelo Calabria - Docente y Ensayista. Miembro de la Academia Nacional Sanmartiniana

La victoria lograda en Chacabuco por el Ejército de los Andes fue, sin duda, el corolario de los esfuerzos que los pueblos de Cuyo realizaron para cumplir con los designios de su Gobernador Intendente, líder y conductor José Francisco de San Martín.

Pues al tiempo que esta trascendental batalla de las guerras de la independencia significó el triunfal desenlace de la campaña de los Andes, también fue el primer triunfo contundente del plan de liberación continental, dando el primer paso para la libertad de Chile, que aunque no pudo asegurarse en dicha acción, como había planeado San Martín, dio la voz de alerta en los realistas al tiempo que retempló los ánimos de los patriotas en todo el continente, dando paso a la larga y tortuosa campaña del sur de Chile, posteriormente a la inesperada sorpresa de Cancha Rayada y finalmente a la definitiva victoria de Maipú.

El mismo libertador, pasadas las horas de tan ardua jornada, enviaba cartas y oficios a Gobiernos, amigos y oficiales, anunciando el triunfo y replicando sus efectos por cuanto medio de comunicación le era posible. No era para menos. San Martín sabía que había asestado un golpe al dominio realista en América y, si bien descubriría luego que la obra no estaba concluida, esta victoria comenzaba a torcer el rumbo de la independencia de América.

Tan sólo dos días después de la batalla, en un escueto oficio de una página a su hermano de causa el general Manuel Belgrano sintéticamente le describía la campaña de la siguiente manera: "Después de una marcha de dieciocho días por la asperísima sierra de los Andes, asomó a Chile la cabeza de mi ejército el 4 del corriente dispersando la guardia enemiga de Achupallas, camino de Los Patos. Descendimos al valle de Putaendo y una avanzada nuestra de 85 hombres batió e hizo fugar a cerca de 400 que le acometieron. Dominamos entonces los pueblos de Aconcagua y Los Andes. El 12 tuvimos, en las llanuras de Chacabuco, el enemigo con más de 2.000 hombres. Sostuvimos un vivo fuego de fusil y cañón; pero él fue absolutamente derrotado. (… ) El presidente Marcó fugó a Valparaíso a las doce de la noche del mismo día. No encontrando buques sigue él solo para el sud adonde he mandado perseguirle. El resto de sus fuerzas se dispersó completamente. Hoy ha entrado nuestro ejército en esta capital en medio de las aclamaciones de un pueblo numeroso. (… ) En fin, la campaña ha concluido casi antes de empezar. Todo Chile se halla en nuestras manos; lo vemos y aún no cesa la admiración. Anúnciolo a V.E. para su satisfacción, la de este ejército y pueblos de mi mando. Dios guarde a V.E. muchos años. Cuartel General en Santiago de Chile, 14 de febrero de 1817. José de San Martín".

Tal como hemos asegurado en uno de los capítulos de nuestro reciente libro "San Martín más allá del Bronce", escrito en colaboración con el historiador Roberto Colimodio, Chacabuco fue producto fundamentalmente del aporte de los pueblos de Cuyo para concretar la "gran empresa cuyana", reconocimiento expresado por el mismo San Martín en este oficio: "A los Cabildos de Mendoza, San Juan y la Punta. Santiago, 24 de febrero de 1817. Tengo la satisfacción de anunciar a V.S. que las armas victoriosas del ejército de la patria ocupan ya el reino de Chile, rompiendo la fatal barrera que antes los separaba de sus hermanos y vecinos los habitantes de Cuyo. Yo me apresuro a felicitar a V.S. y a ese benemérito pueblo, manifestándoles la expresión más tierna de mi gratitud a su patriotismo y constantes esfuerzos que, sin duda, son el móvil más poderoso que contribuyó a la formación del Ejército de los Andes y preparó las glorias con que este suceso importante ha cubierto las armas de la patria".

Chacabuco reportó a la causa, no sólo los parabienes de una gran victoria sino también armas, municiones y un importante caudal de pertrechos de guerra, dejando expedito el camino a Santiago, permitiendo a los patriotas chilenos formar gobierno y concluir la revolución que habían iniciado en 1810 durante la "Patria Vieja" mientras se desarrollaba en Buenos Aires la Revolución de Mayo. En el oficio que hemos reseñado dirigido al Excelentísimo señor capitán general de provincia y en jefe del ejército auxiliar del Perú, Manuel Belgrano, San Martín hacía además una relación de los resultados de la victoria diciendo: "(el enemigo) dejó en el campo de batalla más de 600 muertos, quinientos y tantos prisioneros, entre ellos 30 y más oficiales, mil y más fusiles, dos piezas de artillería, cantidad inmensa de municiones...”

En cuanto a los prisioneros que menciona, fiel a su estilo de no dejar nada librado al azar, disponía: "Señor Gobernador intendente de la provincia de Cuyo. Dispondrá V.S. sean tratados con decoro y auxiliados con transportes y demás que necesiten los presos que de orden de este gobierno pasen a Buenos Aires, de cuyos gastos formará relación, para que sean satisfechos por la tesorería de este Estado. Dios guarde a V.S. muchos años. Cuartel General en Santiago de Chile. 26 de febrero de 1817. José de San Martín".

Así la Batalla de Chacabuco, al tiempo que nos muestra al gran estratega militar, estadista visionario, político comprometido y eficaz, también nos revela a un San Martín líder humanitario que, fuera del campo de batalla, tratará a los enemigos como "hermanos" y siempre intentará en tan difícil situación de conducir los destinos de las naciones en guerra de "economizar" hasta la última gota de sangre que le sea posible en tal contienda.