Opinión Sábado, 13 de enero de 2018 | Edición impresa

Somos contradictorios - Por Jorge Sosa

“Lo amamos a Messi, pero Lio erra un penal y los mismos que lo adoraban lo denuestan.”

Por Jorge Sosa - especial para Los Andes

 El tipo es en esencia un disconforme. Hay una famosa gata cuya dueña es doña Flora que, bueno... usted conoce bien la historia. Yo sé que hay áreas en las que el disconformismo está plenamente justificado. Si usted encuentra a alguien conforme con la dirigencia política, por ejemplo, una de dos, o es masoquista o no es argentino.

 Pero hay cuestiones cotidianas en que hacemos notable nuestra insatisfacción por lo que antes era insatisfacción. Ya sé que lo he dejado más desconcertado que caballo arriba del techo.

Pongo ejemplos: sabido es que en los pasados días  el verano mostró toda su potencialidad y tuvimos días con temperatura de setenta grados, treinta a la mañana y cuarenta a la tarde. Entonces la tipa o el tipo  le agregaba calor al asunto protestando: “¡Que calor insoportable! ¡Esto no se banca más! ¡No veo la hora que llegue el invierno!”.

Es la misma gente que cuando ocurre el invierno con temperaturas que congelan hasta el monumento al fósforo de Luján,  con temperaturas bajas por abajo del señor cero,  dice: “¡Que frío insoportable! Esto no es normal para la época ¡No me lo banco más! ¡No veo la hora que llegue el verano!”. 

Usted me dirá: "Bueno, somos así. Añoramos lo que no tenemos y despreciamos lo que tenemos". Lo mismo nos pasa con la pareja. Andamos babosos por una mujer, arrastrándonos con los codos por ella durante mucho tiempo, con la apariencia de un camote inmaduro y no hay otra mujer en el mundo que nos haga distraer de esa mujer que soñamos aun con los ojos abiertos. Y cuando la enganchamos, lo primero que hacemos es mirar desesperadamente a las otras mujeres que pasan al lado de la que alguna vez acaparó absolutamente todas nuestras miradas.

"Bicho raro el ser humano / no le va cuando le viene / se enoja cuando le falta / protesta por lo que tiene". Nos pasa con la comida, vamos a un restaurante, pedimos asado y cuando traen los platos nos gustan más los ravioles que pidió el de al lado. Otro ejemplo: a fines de diciembre uno puede encontrar al que te dije desparramado sobre su escritorio de trabajo, cual un bodoque de gelatina con corbata, con los ojitos chiquititos como ojal de bebé, bufando en la menor y le pregunta: -¿Qué te pasa, Cacho?- Y el Cacho que contesta a duras penas: -Estoy agotado por el trabajo. No doy más. Necesito con urgencia unas vacaciones-. Y después, en pleno abril, cuando la ciudad ha recuperado su situación laboral, uno va a su oficina y lo encuentra en la misma posición con el mismo desparrame y los mismos bufidos, y le pregunta: “¿Qué te pasa, Cacho?” Y el Cacho que contesta a duras penas: “Estoy agotado. Es que quedé muy cansado de las vacaciones, no me pude recuperar. No doy más. Necesito unos días de descanso”. Lo amamos a Messi, nos sentimos orgullosos de que sea un argentino reconocido en todo el mundo, pero Lio erra un penal y los mismos que lo adoraban lo denuestan: “Es bueno pero no sabe jugar finales; juega bien pero es un tanto pecho frío”. Somos bipolares, de aquellos a los que la alegría les produce una profunda tristeza.

Que es cuando uno se acuerda de la gata de doña Flora y piensa que el ser humano es una contradicción con patas. Y aquí termino esta nota, pero no se crea que estoy conforme con ella. Todo lo contrario.