Sociedad Martes, 13 de febrero de 2018 | Edición impresa

Salvador, el hombre “adoptado” en Tupungato que volvió a tener otra noticia feliz

Hace cuatro años una vecina le ofreció su hogar para que tuviera una casa. Gracias a una nota de Los Andes reencontró a su familia.

Por Gisela Manoni - gmanoni@losandes.com.ar

Hace justo cuatro años, Los Andes destacaba la historia de Salvador Agosta, un hombre de, por entonces, 66 años con el desarrollo mental de un niño que había llegado al Valle de Uco hacía décadas con una cuadrilla de obreros tucumanos y sobrevivió como pudo de finca en finca. 

El foco de la nota era que una vecina de Tupungato, Mafalda Giaquinta, quien siempre le había brindado su ayuda, decidía adoptarlo "para devolverle el hogar que perdió". Poco se sabía de sus orígenes y casi nada de su antigua familia. 

Pero a esta historia le esperaba un segundo tiempo feliz. "Siempre sentí internamente la esperanza de que el tío Turilo estuviera vivo", confiesa, desde Tucumán, Daniela Agosta (42). La familia en el norte supuso que a Salvador "lo habían levantado los militares". Es lo que les dijeron los vecinos de Leales que lo vieron por última vez. Él y sus hermanos, con igual discapacidad, vivían con una tía que los maltrataba.

 Daniela es hija del único hermano de Salvador que queda con vida, don Sebastián. Hace cinco años, ella empezó a rastrear cualquier tipo de información que la llevara a reconstruir la historia de su "tío desaparecido". Tras pedir ayuda en archivos, juzgados, comisarías, diarios y canales tucumanos, hace unos días halló la nota periodística de Los Andes por internet y logró cerrar la historia. 

Tras la alegría y la sorpresa, tanto la familia de sangre como la adoptiva del anciano están organizando el viaje del reencuentro. El hermano tucumano cumple 80 años a fines de marzo y la idea es que Salvador y Mafalda viajen desde Tupungato para la ocasión, con la anuencia del Juzgado y del equipo de Salud Mental que acompaña al hombre desde el hospital Las Heras de Tupungato.

A la distancia, los dos Agosta se emocionaron y se reconocieron entre lágrimas en la foto que les devolvía  -ahora con rostro arrugado y sufrido- al antiguo cómplice de sus travesuras. 

"Por su discapacidad, ambos soportaron abusos y maltratos de familiares y patrones, pero no conocen el rencor. Dios pone las cosas en su lugar y los está recompensando con esta alegría en su vejez", dice Daniela, quien sueña con que Salvador conozca a sus nueve hijos. 

Ella es la artífice del milagro, pero también las personas en todo el país que se sumaron a su campaña de búsqueda en redes sociales.

Mientras tanto, a Mafalda -la "mami" mendocina, como llama el anciano- siempre le extrañó que ningún familiar lo buscara. Hace años conoció a unos artesanos que iban camino a Tucumán y les encargó buscar datos. "Teníamos dudas sobre lo que relataba de su niñez pero era todo verdad", dice la tutora. 

 

La búsqueda

"Desapareció en 1974 y la abuela murió pensando que se lo llevaron los militares", cuenta Daniela. 

Siempre movida por la duda, empezó en 2014 a buscar datos sobre su tío. Lo investigó como delito de lesa humanidad y hasta llegó a obtener su acta de nacimiento. "Un día, un policía buscó en el sistema y me dijo que estaba en Mendoza", agregó.

La muerte de su pareja, cuando estaba por nacer su bebé -hace dos años- la obligó a abandonar la búsqueda. El 5 de febrero, buscando algo por la web, se topó con la foto y la historia de Salvador, que para entonces ya había tenido repercusión nacional.

Una de tantas historias de obreros golondrinas

Ahora se sabe que Salvador llegó a Mendoza hace unos 42 años. A su manera, él había contado que llevaba años deambulando de finca en finca, que había llegado al Valle de Uco con una cuadrilla de obreros tucumanos y que fue maltratado y abusado más de una vez. 

Su historia es la del "autoexilio" -como dice un profesional amigo de Salvador- de tantas familias que emigran y sufren necesidades buscando trabajo, pero tienen la suerte de poder contarla. 

Abandonado y sin hogar, lo encontró hace años Mafalda, quien tiene una finca en La Arboleda, Tupungato. Le consiguió hogar, trabajo, le tramitó el DNI pero Salvador aparecía cada tanto en la calle. Hasta que un día lo habló con su pareja y decidió adoptarlo. 

El hombre hoy vive en una piecita que le adaptó. Tiene su propia pensión y asiste religiosamente al taller Yantén, donde aprende a leer, a realizar productos y artesanías. Es uno de los alumnos ejemplares. 

También tiene el seguimiento de médicos y profesionales del área de Salud Mental del hospital.